Bogotá

Oportunidad para el centro / Voy y Vuelvo

Han sido los extremos los principales generadores de los conflictos interminables de este país.

Voto obligatorio

La abstención en las últimas elecciones presidenciales en el país fue del 59 por ciento.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

19 de mayo 2018 , 10:13 p.m.

Yo no me trago el cuento de que Iván Duque será copia de Uribe o que Gustavo Petro convertirá a Colombia en otra Venezuela. Pero esa es la caricatura que más efectos ha producido en esta campaña presidencial. Y quienes más se han encargado de promoverla y patrocinarla son los mismos adeptos a estas causas políticas y sus partidos. Fue el discurso que se impuso tras la consulta que catapultó a Duque y a Petro en las encuestas y les dio un portazo a las opciones de centro. Caló el discurso del miedo hacia uno u otro extremo.

Y así, divididos por el odio, el temor, la desconfianza es que los electores, llámense empresarios o ciudadanos del común, han caído en esa especie de incertidumbre que los lleva a pensar que hay que vender todo, comprar dólares e irse del país si gana una opción o de buscar refugio ante el supuesto retorno de los tiempos de la guerra, si gana la otra. 

Se pronostican desgracias como si no fueran suficientes las que ya padecemos o se sugieren escenarios apocalípticos que solo caben en la imaginación de los buscadores de venganza. Y hay que decirlo claro: muchas personas de la opción centro han caído en ese juego.

Todo ello ha devenido en un mar de pesimismo que es lo peor que nos puede pasar. Porque es darle paso a la desesperanza y a no creer en nada ni en nadie, cuando es justamente lo que más necesitamos en estos momentos: reaccionar y echar para adelante.

Han sido los extremos los principales generadores de los conflictos interminables de este país. Y lo siguen siendo aquí y en todo el mundo. Los discursos totalitarios, populistas, caudillistas, con amagues de un nacionalismo que a la larga solo nos convoca cuando juega la selección de fútbol, ha propiciado divisiones irreconciliables y nos ha puesto a dudar hasta de nuestra propia identidad. En tiempos de redes sociales el fenómeno se agudiza y se pierden las zonas grises, se embolata la frontera de la tolerancia y la verdad es la única damnificada.

¿A qué horas dejamos que como sociedad se perdiera el justo medio de las cosas? ¿A qué horas decidimos que las opciones de centro no existían? Ahí están. Se manifiestan. Tan valiosas son sus tesis en favor de una sociedad menos polarizada, más tolerante, más propositiva e innovadora y menos temeraria, como las de los candidatos que representan la extrema derecha o la extrema izquierda a la hora de defender sus postulados.

Por lo mismo, los aspirantes del centro merecen la oportunidad de que se conozcan sus apuestas sin sesgos. Y eso es lo que creo que no ha pasado, por lo menos con muchísimos indecisos que a esta hora siguen pensando que lo que hay que hacer el próximo domingo es “votar por fulano con tal de que no gane mengano”, sin haber leído un ápice de lo que proponen los ‘no fulanos’ o los ‘no menganos’.

Si se hiciera ese ejercicio simple, sencillo y aleccionador, tal vez encontraríamos el eslabón de todas nuestras angustias, tal vez entenderíamos que hay país más allá de las fronteras marcadas por quienes consideran que todo es blanco o negro, y tal vez los electores tendrían más argumentos que el miedo o la conveniencia a la hora de depositar el voto.

Las extremas que se disputan la punta de las encuestas ya han tenido, mal que bien, la opción de fijar sus posturas. Ahora démosles una oportunidad a los del centro para conocer las suyas. Es lo mínimo.


ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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