Bogotá

Colegio Integral, un lugar con cero tolerancia al ‘bullying’

La formación en esta institución es personalizada, reciben máximo 16 estudiantes por salón.

Colegio Integral

Este 2018, el colegio cumple 26 años de estar funcionando en la localidad de Chapinero. Fue pionero en su metodología.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

01 de febrero 2018 , 10:00 p.m.

Cuando un estudiante llega al Colegio Integral, ubicado en la calle 71 con carrera 13, en la localidad de Chapinero, con frecuencia trae consigo un sinfín de comentarios negativos: que no se adaptó a otras metodologías, que no fue bueno, que le falta disciplina, que no es ágil.

Pensando en estos jóvenes que van a cursar el bachillerato y requieren una atención especial para avanzar en sus estudios, las psicólogas Silvia Murillo y Amparo Valdivieso de Baquerizo dieron vida a una institución que ambas llaman pionera en formación integral.

“Nuestros salones no reciben más de 16 estudiantes porque los docentes deben enfocarse en la educación personalizada. Esta es diferente a la individualizada, porque no buscamos aislar a cada joven para enseñarle, sino enseñarle a convivir, pero reconociendo primero sus fortalezas antes que los defectos”, señaló Amparo, la directora del colegio y quien ha permanecido en este cargo por 25 años.

No buscamos aislar a cada joven para enseñarle, sino enseñarle a convivir

Según ella, el modelo educativo de muchas instituciones está dirigido a que sus estudiantes consigan buenas calificaciones. “En ese proceso descalifican a muchos jóvenes, y con el tiempo, ellos comienzan a creer que no son buenos, que son un problema, y eso es lo que evitamos aquí”, explicó la psicóloga, quien está al frente del colegio tras el retiro de Silvia, hace cinco años.

Esta institución, que solo ofrece los grados de bachillerato, comenzó a recibir jóvenes de la capital en 1992. Sin embargo, sus fundadoras siempre trabajaron con menores de edad. Ambas se conocieron finalizando los años 70, mientras atendían a población con discapacidad cognitiva.

“Nos enfocábamos en jóvenes que tenían dificultades de aprendizaje y luego decidimos emprender con un colegio que tuviera una educación que enlazara dos áreas: la intelectual y la afectiva. De allí surgió el nombre del Colegio Integral”, explicó Amparo.

La razón de esta apuesta se basó en que, durante su experiencia con adolescentes, a muchos se les dificultaba aprender por sus problemas familiares, porque tenían problemas de convivencia o porque su dinámica de entendimiento era más avanzada de lo común. Así que decidieron crear un espacio que pudiera atender estas necesidades.

Pero luego apareció un reto más. “En 1997, el Ministerio de Educación habilitó la educación formal por ciclos, que les permitía validar años a quienes lo quisieran o que hubieran perdido o que estuvieran retrasados. Así se crearon cuatro ciclos, y nosotros empezamos a implementarlos”, dijo Amparo, quien agregó que el énfasis académico e integral es el mismo para los que cursan esta modalidad o para quienes asisten a la educación formal anual.

Colegio Integral

Las instalaciones reciben hasta 16 estudiantes por salón, lo que facilita los procesos de aprendizaje.

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César Melgarejo / EL TIEMPO

Énfasis en valores

Uno de los pilares de este colegio es el respeto por la diferencia, en lo cual son estrictos. Tanto así que uno de sus lemas es ‘Los valores no se negocian’. Por eso han logrado que en sus aulas no se presenten casos de bullying.

“Este es un comportamiento agresivo y repetitivo. Nosotros aquí, apenas vemos un indicio, por más mínimo que sea, o que se presente un comentario negativo en redes sociales contra algún miembro de nuestra comunidad, intervenimos”, sentenció Amparo.

Esto se ha facilitado gracias a la educación personalizada, enfocada en cada estudiante y que, a la vez, les exige adaptarse a su entorno. Además, dedican gran parte de su labor al proyecto integral, que busca potenciar las habilidades de los estudiantes y ayudarlos a encontrar su vocación para que sigan adelante en sus estudios.

Otro distintivo es que no prohíben el uso del celular en las aulas. “Entendimos que los dispositivos son medios, no fines, y por ello no ganamos nada al retirarlos de las clases. Por el contrario, enfatizamos mucho en cómo darle un buen uso, para que sea una herramienta de aprendizaje de los estudiantes”, explicó la directora.

De lunes a viernes, entre las 7:30 a. m. y las 2 p. m., las aulas se llenan de los pequeños grupos que atienden a los jóvenes de los seis grupos de la educación formal y a los 4 de la educación por ciclos. En los muros en los que han escrito egresados de la institución se leen mensajes como “Gracias por enseñarme el valor de la confianza”, o “gracias por hacer el cambio en mi vida, soy la persona que soy gracias a este hermoso colegio”.

Amparo Valdivieso

Ella es Amparo Valdivieso, directora del Colegio Integral, que funciona en la localidad de Chapinero desde 1992.

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César Melgarejo / EL TIEMPO

Inmersión en las regiones

Francisco Roa es docente de Ciencias Naturales en el Colegio Integral. Además de su área, tiene a cargo el proyecto de folclor, que ha nutrido gracias a su experiencia recorriendo el país en su moto. Esto le ha ayudado a comprender mejor la realidad del país, y esa es una de las experiencias que les comparte a sus estudiantes.

“Por diferentes fenómenos, las identidades del país se han ido olvidando, por lo que entre otras metas, quisimos rescatarlas. No es solo hablarles a los estudiantes de cuáles son las regiones del país, los bailes y festivales que se realizan, sino que nos basamos en el aprendizaje activo para que los conocieran”, reseñó el profesor.

Para eso les pedían a los estudiantes que en sus vacaciones recorrieran las distintas zonas del país y realizaran bitácoras de lo que habían encontrado en el trayecto. “También realizábamos bailes, o tocábamos ritmos típicos, pero explicándoles el porqué de estas prácticas culturales, para que ellos las vivieran”, explicó Roa.

Al final de cada semestre se realiza una feria del folclor en el Colegio Integral.

Explorar con el celular

Leonardo Montoya está encargado del área de educación artística, desde la cual ha liderado el proyecto Videódromo, un espacio en el cual los jóvenes exploran el video, la fotografía y las disciplinas artísticas a través de los dispositivos tecnológicos.

“Entendemos el celular como un medio y no un fin para conocer, por lo que lo usamos en las clases para aprender, y esto ha generado una experiencia muy motivadora para los estudiantes. No les decimos que no los usen, sino que los guiamos para que los usen bien”, señaló el docente.

Así han logrado encarretar a varios jóvenes, como sucedió en años pasados, cuando dos estudiantes decidieron armar una pequeña productora. “Ellos organizaron un guion y crearon el tráiler de una pieza audiovisual que querían desarrollar. La montaron a redes y empezaron a meterla como proyecto de crowfunding (de financiación colectiva). Así lograron que unos músicos de Canadá les aportaran las piezas sonoras de manera gratuita”, explicó.

Uno de ellos trabaja hoy en un canal de televisión, mientras que el otro estudia realización audiovisual.

Educación a través del cine

Para aprender las cuatro habilidades básicas: escuchar, leer, escribir y hablar, la profesora de lengua castellana Gaby Escobar montó un cineforo en el Colegio Integral, con el fin de explotar lo que ella llama ‘espacio C’, o el lenguaje cinematográfico.

“No queríamos quedarnos en ver las películas para encontrar su mensaje moralizante, sino que buscábamos acercar a los jóvenes a otras lecturas que se pueden hacer del séptimo arte”, indicó la docente. Lo que hizo fue armar ciclos de cine, como uno de películas colombianas que presentó el año pasado, y luego de dar el contexto del filme y de verlo se generan debates.

“Ellos no solo argumentan, sino que aprenden todo lo que tiene que ver con el lenguaje visual, el sonoro, la posición de las cámaras, el vestuario y las locaciones, el uso de figuras literarias en la pantalla”, señaló.

A ello se le sumó que sus estudiantes comenzaron a escribir críticas cinematográficas de las películas que apreciaban en el aula, y así también fomentó la escritura. Todo el material terminaron subiéndolo a un blog, en el que los estudiantes se leían unos a otros.

Debates como en la ONU

Las asignaturas de Filosofía y geopolítica, que están a cargo del docente Víctor López, terminaron convirtiéndose en semilleros del debate y la argumentación.

Basado en el modelo de la Organización de las Naciones Unidas, el año pasado los estudiantes del Colegio Integral se le midieron a investigar sobre diversos temas de orden internacional.

“Mi trabajo era guiar y delegar funciones, pero realmente el mérito de la jornada se lo llevan los estudiantes que se apersonan de la temática y el país que les corresponde”, indicó el docente.

El año pasado, en las jornadas que duraron todo un día prepararon debates sobre el conflicto en Siria, la situación de Venezuela, así como realizaron un consejo de seguridad por la amenaza de un conflicto nuclear con Corea del Norte, o discutieron sobre el papel de la mujer en Medio Oriente.

“La actividad les permite conocer otros contextos e indagar sobre realidades que parecen ajenas a ellos. Además, cumplen la jornada a partir de los protocolos que se dan en la ONU. Es un ejercicio que los empodera”, concluyó el docente.

BOGOTÁ
En Twitter: @BogotaET
Miccru@eltiempo.com

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