Bogotá

El paso a paso del último crimen que conmovió a Chía

El detonante fue una pelea marital. 24 horas después la menor ya había sido desaparecida.

El paso a paso del último crimen que conmovió a Chía

Esta es la habitación en la que compartieron Alexánder, Yudis y su hija durante casi tres semanas. Allí se presentó la pelea entre los dos.

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Mauricio León / EL TIEMPO

23 de febrero 2018 , 09:41 p.m.

Una pelea generada por celos de pareja terminó con un desenlace fatal, la muerte de María José Ospino, de 4 meses de edad. La menor fue sepultada por su padre legal en un cerro del municipio de Chía. 

Desde el 2008, cuando se conoció el caso del rapto y asesinato del pequeño Luis Santiago por su padre biológico, no ocurría un hecho que conmocionara tanto a los 132.000 habitantes que habitan en esa población.

“El sábado mi hijo bajó a encontrarse con su exmujer y la niña de ocho años que tienen juntos. Así empezó todo. Cuando regresó a la casa se formó el problema, porque a Yudis Pereira –su actual pareja y madre de María José – le disgustó”, explica Nancy Castro, mamá de Alexánder Ospino, el hombre que el pasado 17 de febrero raptó a la menor de cuatro meses que días después fue encontrada muerta en la zona montañosa de Chía.

Ese 17 de febrero empezó como un día normal para los Ospino Castro. Según Nancy, a las 5 p. m., ella fue hasta el sector de La Ruana a encontrarse con la expareja de su hijo, a quien le entregaría un documento firmado por él en donde autorizaba que su hija de ocho años pudiera salir del país, para participar en un certamen deportivo.

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La familia Ospino Castro vive en el segundo piso de una casa ubicada en un resguardo indígena. Alexánder salió del lugar a eso de las 6 p. m.

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Mauricio León / EL TIEMPO

“Yo le llevé el documento, pero faltaba una fotocopia de la cédula de mi hijo. Entonces lo llamé para que la llevara y él fue en su bicicleta”, agrega.

En su vivienda se quedaron la menor de cuatro meses y su abuelo. Según la madre de Ospino, el hombre permaneció en La Ruana por una media hora. Jugó con su hija mayor y luego de un rato volvió a su casa. “Él se fue adelante en la bicicleta, yo había bajado a pie y me devolví caminando, por eso llegó primero que yo a la casa”, aclara.

El detonante de los hechos

Según el relato de la madre, cuando Alexánder llegó a la vivienda inició una discusión con Yudis, quien le reclamó por no quedarse con su bebé e ir a encontrarse con su exmujer y su otra hija.

Se gritaron, se empujaron y se pegaron. Yo no había llegado a la casa cuando esto pasó, me enteré después por mi esposo. Cuando entré lo vi a él consintiendo a la bebé sentado en la cama. Yudis estaba sentada en otro lugar, pero aparentemente todo era normal”, relata.

Luego de unos minutos, el hombre se puso de pie, permaneció con la niña en sus brazos, arrullándola, y se dirigió a la calle mientras su mamá y Yudis seguían en la cocina. Para las dos el comportamiento no fue extraño, pero se alarmaron cuando, después de un rato, no volvió.

A las 6 p. m. se percataron de que Alexánder no estaba. Pese a esto decidieron esperar, pues creyeron que se encontraba dando un paseo por la zona. Cuatro horas después, a las 10 p. m., Nancy y su nuera se dirigieron a la estación de Policía y dieron aviso de su desaparición.

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El sábado, pasadas las 7 p. m., según la confesión que dice la Policía hizo Alexánder, le quitó la vida a su hija y la enterró en la parte alta del cerro.

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Se trataba de un rapto

Para el domingo, 18 de febrero, el caso ya había llamado la atención de las autoridades. A las 8 a. m. se inició la búsqueda del hombre en las fincas aledañas al municipio. “Como no teníamos noticias, decidimos, en apoyo con el alcalde, hacer un Facebook Live para que los habitantes del pueblo nos ayudaran a buscarlos. Ofrecimos una recompensa de $ 5 millones para quien nos diera información”, cuenta el secretario de Gobierno de Chía, William Tamayo.

Ese día, horas más tarde, el funcionario recibió la llamada de una mujer que aseguraba haber visto a un hombre con los rasgos de Alexánder subiendo por los cerros sobre las 7 p. m. del sábado.

“Me dijo que llevaba una bebé en brazos, envuelta en una cobija rosada y que iba caminando por el bosque. Entonces, verificamos las cámaras cercanas y lo reconocimos”, agrega el secretario. De inmediato, la Policía Nacional y la Policía de Rescate iniciaron un operativo que se extendió hasta los municipios de Tabio y Tenjo.

A la información de la mujer se sumaron las declaraciones de quienes habían estado en un billar ubicado a cuatro cuadras del parque principal ese sábado en la noche. Según los testigos, el hombre llegó alterado al lugar, a las 9 de la noche. “Préstenme $ 50.000, la cagué. Necesito irme, regalé a mi hija”, decía.

Para entonces, 8 p. m. del domingo, la recompensa ofrecida por su paradero subió a 20 millones de pesos.

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Luego de enterrar a la menor, acudió a un billar del centro de Chía, pidió plata prestada y dijo que había regalado a la niña.

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El desenlace fatal

Según testimonios, el sábado Alexánder huyó de Chía a San Carlos de Guaroa, en Meta. La razón: iba a buscar el apoyo de otra expareja que vive allí.

Fueron sus padres quienes sospecharon que podía desplazarse hacia aquel sitio, por eso les informaron a los agentes del Gaula sus posibles intenciones. Para entonces, la noticia ya se había dado a conocer en los medios de comunicación del país.

El lunes 19 de febrero, la Policía recibió información de unos campesinos de San Carlos de Guaroa, que afirmaban haber visto a Ospino Castro caminando en el municipio. Ese mismo día fue capturado. Su plan era llegar caminando hasta San José del Guaviare.

Para el anochecer, Ospino les había dicho a las a autoridades que había regalado a su hija en Tabio. Pero esta versión se descartó cuando él mismo confesó que la menor estaba muerta y que la había sepultado en las montañas de Chía el sábado. El martes, 20 de febrero, las autoridades confirmaron la versión del hombre cuando encontraron el cadáver de la menor.

El pasado miércoles, 21 de febrero, se llevó a cabo la audiencia de imputación de cargos contra Alexánder Ospino Castro. Sin embargo, pese a su confesión en el momento de la captura, no aceptó los cargos. Medicina Legal, por su parte, informó que en el cuerpo de la menor había signos de violencia y que la causa de su muerte fue asfixia mecánica.

Ese mismo día, en Chía, se realizó una sentida despedida en su memoria. Se instaló un altar en el parque principal del pueblo y hasta allí fueron decenas de personas a dejar flores y velas. Al finalizar la tarde, Alexánder ingresó detenido a la cárcel La Picota.

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Despedida de la menor el miércoles 21 de febrero.

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Mauricio León / EL TIEMPO

El jueves 22 de febrero, Yudis Pereira y el cuerpo de la pequeña María José fueron trasladados hasta María La Baja, Bolívar, en donde se realizó su sepelio en compañía de su familia.

REDACCIÓN EL TIEMPO ZONA
zona@eltiempo.com

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