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El arte de ser ícono: una entrevista con Raquel Welch

Revista BOCAS entrevistó a uno de los símbolos del Hollywood de la década del 60.

Raquel Welch - BOCAS

La actriz norteamericana Raquel Welch.

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AFP

25 de mayo 2017 , 10:06 a.m.


En 1979 Hugh Hefner dijo que Raquel Welch era una mujer aburrida.

Durante muchos años, el mítico editor de Playboy había estado tras el mayor símbolo sexual de la historia de Hollywood. Welch era un ícono del cine. Sus fotos, sin duda, serían una portada inolvidable para la revista. Pero la actriz permanecía firme: nunca se iba a desnudar para él.

“Cuando finalmente acepté que me tomaran fotos para Playboy, le dije a Hefner que iba a posar muy sugestivamente, pero sin desvestirme completamente. Era eso o nada”, recuerda Welch.

Finalmente, Hefner aceptó los términos. En la portada de la revista de diciembre de 1979 Welch luce un vestido de baño rojo de una sola pieza que deja al descubierto sus caderas y que revela un largo torso perfecto; en las páginas interiores, en un artículo titulado “Raquel”, posa para la cámara en un diminuto bikini violeta. Pero nunca revela más de la cuenta.

“Yo simplemente creía que dejar algo a la imaginación tiene un efecto mucho más poderoso en la psicología humana. Además, está la forma en que fui criada por mis padres. Uno no puede cambiar sus actitudes de la noche a la mañana. Son valores de la casa y simplemente yo fui criada así”, explica hoy la legendaria figura de Hollywood. “Él me tildó de mujer aburrida, yo pienso que el aburrido es otro”, remata.

Jo Raquel Tejada nació en 1940 en Chicago, Estados Unidos, pero creció en La Jolla, un suburbio de San Diego, en California, justo al sur de Los Ángeles. Su madre, Josephine Esterly, era un ama de casa típica norteamericana y su padre, Armando Carlos Tejada, un ingeniero inmigrante de origen boliviano.

Raquel siempre tuvo un temperamento independiente. Cuando era niña, una profesora la llamó por su primer nombre y ella no respondió: “Nunca me gustó mi nombre, sentía que pertenecía a otra niña y no a mí, siempre me sentí identificada con mi segundo nombre, Raquel”, dice. En 1959, a sus 18 años, se casó con James Welch, su novio de escuela, y cinco años después se separó y se fue con sus dos hijos –Damon y Latanne– a Los Ángeles para convertirse en una de las actrices legendarias de Hollywood.

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Raquel Welch en "Hace un millón de años".

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AFP

En el mundo hay muchos símbolos sexuales, pero Raquel Welch resalta entre todos ellos. Pocos nombres evocan una imagen de sensualidad tan fuerte como el de ella. Su majestuosa figura se convirtió en una imagen popular sin precedentes y con el tiempo llegó a ser reconocida –junto con Marilyn Monroe– como la mujer más sexi de Hollywood y, tal vez, de todo el planeta.

Su carrera empezó en 1964 con un papel de reparto como trabajadora sexual en Una casa no es un hogar y en 1966 se convirtió en un ícono instantáneo tras aparecer en el clásico de ciencia ficción Viaje alucinante y en Hace un millón de años, donde interpretó a una mujer cavernícola. El afiche de ese filme, que muestra a una sexi Raquel Welch crucificada, fue el más popular y el más polémico de la década de 1960.

Fue una heroína en Los 100 rifles (1969), en Los tres mosqueteros (1973) –por la que ganó un Globo de Oro– y en Hannie Caulder (1971). Protagonizó comedias como El fin de Sheila (1973), Fathom (1967)y Mother, Juggs & Speed (1976). También dejó boquiabierta a la audiencia con su sex appeal en películas como Kansas City Bomber (1972), en la que personifica a una patinadora de roller derby, y en Myra Breckinridge (1970), en la que interpreta a un hombre que se hace una operación de cambio de sexo para expandir sus fantasías sexuales. También ha aparecido en series de televisión como Hechizada (1964), Seinfield (1997) y CSI: Miami (2012). “La mayoría de las películas en las que he actuado han sido puramente de entretenimiento, ya sean de acción, eróticas o de comedia. Eso nunca me ha molestado porque es parte de la cultura pop de Hollywood. Me he entretenido como una niña en Disneylandia al estar en esa maquinaria”, dice.

En los años noventa, Welch se dedicó al teatro en Broadway, a hacer música y a escribir libros de yoga y fitness, y desde la primera década del siglo XXI volvió al cine: apareció en Legalmente rubia (2002), Tortilla Soup (2001) y Forget about it (2004). Este año hará de nuevo un papel en la pantalla grande, junto a los mexicanos Eugenio Derbez y Salma Hayek, en How to be a Latin Lover, de Ken Marino.

Ha tenido cuatro matrimonios y hoy está soltera. Después de divorciarse de James Welch, estuvo casada con el productor Patrick Curtis, desde 1967 hasta 1972; con el actor André Weinfield, desde 1980 hasta 1990, y con el empresario de restaurantes Richard Palmer, desde 1999 hasta 2003. “Uno no puede nunca quedarse en el pasado, ni siquiera a mi edad”, dice riendo.

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Raquel Welch en el poster de "Hace un millón de años".

Foto:

Terry O'Neill / Getty Images

A sus 76 años y con su nombre en los créditos de casi 70 producciones de cine y televisión, Raquel Welch, una de las grandes beldades de todos los tiempos, habló con la revista BOCAS.

Haciendo cuentas, usted ha estado en el negocio del entretenimiento durante 54 años.
Así es.

¡Eso es asombroso! ¿En todo este tiempo, qué tanto ha cambiado para usted el proceso de hacer cine?
Creo que es bastante diferente. Yo soy el tipo de persona que quiere entretener. Me gustan las películas con mensajes, pero siempre sentí que mi vocación era participar en comedias optimistas o en musicales… Ese tipo de temáticas. Cuando estaba muy joven, esa era mi idea de lo que significaba estar en el cine; era mi fantasía. Cuando iba a ver a Marilyn Monroe, a Jane Russell y a todas esas grandes estrellas, esa era mi idea de entretenimiento.

Después de ver su última película, Cómo ser un amante latino, recordamos que usted tiene el título de “el último símbolo sexual de Hollywood”.
¿El último? Oh, cariño… ¡Espero que no!

¿Qué piensa de ese título?
No sé qué pienso de ese título ahora. Por mucho tiempo ha estado ligado a mí y puede ser un arma de doble filo. Tiene sus pros y sus contras... Además, no creo que yo siga haciendo parte de esa categoría, pero gracias a ese título me hice famosa, así es como aún me llaman y así es como la gente dice que voy a pasar a la historia.

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Raquel Welch en 2017

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Mario Amaya

¿Quién cree que va a ser su sucesora?
¿Una sucesora? Bueno, tú puedes nombrar a alguien, hay muchas chicas hermosas hoy. No lo sé, realmente no puedo imaginar a alguien en especial, a veces te llaman así y otras veces no. ¿Hoy llaman a Charlize Theron un símbolo sexual? Creo que podrían hacerlo, sí: ella es una chica de aspecto espectacular, tiene una figura hermosa… ¡Y se mueve tan bien! Es elegante y también es una actriz increíble. Para mí, en su momento, Brad Pitt fue un hombre muy sexi [risas], todavía es lindo, hermoso y atractivo, pero después de esa historia del divorcio, uno piensa… “Oh, ya no sé”. Angelina Jolie es también una mujer preciosa y muy sexi, pero no dijeron que era un símbolo sexual de la misma forma en la que me decían a mí, o si lo hacen me lo he perdido. Realmente no tengo muchas respuestas sobre el tema del símbolo sexual porque es subjetivo.

Se puede apreciar su gusto por el buen vestir. ¿Es la moda algo esencial en su vida?
Lo disfruto más ahora. Pienso que es parte de ser mujer, si uno aguanta todas las molestias con las que viene.

¿Por qué lo dice?

Ah, eso es algo que solo un hombre preguntaría [risas]. Tener que coordinar vestuarios y todos los accesorios: los zapatos, el bolso, el sujetador, el maquillaje... Fue hace unos diez años cuando me di por vencida y le dejé a Ron Sedesky, mi estilista, ser el encargado de ayudarme con todo eso. Es una especie de carga tener que averiguar dónde están las cosas buenas del momento y qué tipo de cosas te quedarían bien, porque todo el mundo es diferente en gustos. Para mí, todo eso de la moda es como la cocina: me gusta comer, pero no cocinar [risas].

¿Cómo recuerda sus comienzos en el cine?
Me casé justo antes de cumplir los 18 años con mi novio de la escuela secundaria. Como todos saben, su apellido es Welch y tuve dos hijos con él. Ya casada descubrí de repente que mi marido estaba completamente en contra de que yo viniera a Hollywood para actuar o trabajar en el medio, era alérgico a la idea, entonces me puse a pensar: “Oh Dios mío, desde los siete años supe que eso era lo que quería hacer. ¿Cómo va a funcionar este matrimonio si él no quiere que yo siga mi sueño?”. Eso fue una pesadilla. Tras pensarlo muy seriamente vi que mi única opción era irme con los niños: empaqué maletas y me fui a Los Ángeles con ellos.

Su pasión tuvo que ser más fuerte que cualquier temor…
¿Temor? Claro que lo tuve porque sabía que era un riesgo grande. Efectivamente fue duro porque no conocía a nadie, no tenía una cuenta bancaria sólida y además tenía a los dos niños. Fue un poco difícil, pero de todos modos tuve suerte porque me encontré muy pronto con un maravilloso equipo de productores que estaba haciendo The Hollywood Palace. Era un espectáculo de variedades, como el de Ed Sullivan, pero se grababa en Vine Street, en un antiguo teatro. Ellos me preguntaron si me gustaría ser la chica de la cartelera, la que ayudaba con el público, y me pareció una buena idea porque no había hecho nada aquí y estaba yendo a muchas audiciones junto con otras 200 chicas… ¡No sé cómo podían distinguir a una de la otra! [Risas]. Dije que sí, que lo haría. Solía venir a todos los ensayos. Me dijeron que no tenía que estar allí hasta el domingo, pero yo solo quería ver lo que pasaba, lo que se necesitaba y lo que era un ensayo. Estaba tratando de aprender cómo funcionaba todo.

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Raquel Welch en "Fantasmes Bedazzled" (1967).

Foto:

AFP

¿Pasó mucho tiempo así?
No, en verdad fue muy breve. Después de un tiempo –ni siquiera dos meses desde que comencé– unos productores muy agradables llamados Bill Harbach y Nick Vanoff me dijeron que estaban haciendo un especial sobre las próximas estrellas en Hollywood y que les gustaría que yo estuviera en ese especial. ¡Dios mío, no podía creerlo! Por la misma época aparecí en la revista Life con una foto que llamaron “El fin de la sequía”: era una imagen extraordinaria, en la que aparecía con un bikini blanco y con mi pelo superabundante… Funcionó bien porque de repente mi teléfono no dejaba de sonar. Luego estuve en ese programa, había un productor que era uno de los jueces y le caí muy bien a él y a su esposa: me pusieron en contacto con un agente y lo siguiente que recuerdo es recibir una llamada en la que me decían que 20th Century Fox me quería contratar, que querían una chica hermosa y que si quería podía aparecer en la siguiente película con James Coburn o en Viaje alucinante. Era una gran forma de empezar en el cine. ¿Puedes imaginarlo? Era como un cuento de hadas, aún hoy parece que todo me lo inventé. ¡Es tan cursi! [Risas].

Como un sueño hecho realidad.
Así es como pasó. Terminé en el hangar ocho de los estudios de la Fox colgándome en alambres. Todo lo que hicimos en Viaje alucinante fue pasarla colgados de cables [risas].

Hoy, en todos los medios de comunicación del mundo, se abusa de la palabra sexi. ¿Qué significó para usted ser un símbolo de lo sexi?
No creo que haya una respuesta a esa pregunta, ¿verdad? Todo el mundo tiene muchas ideas diferentes de lo que es atractivo y lo que no, y realmente no sé qué es lo que captura la imaginación de cada persona. Estoy muy agradecida de que esa imagen de símbolo sexual me haya ayudado a forjar una carrera y por eso no la cuestioné demasiado. Yo solo decía: “¡Qué bien, tengo otra película!”. Dick Zanuck, el gran jefe de Fox, me quería en muchos proyectos y tenía un acuerdo de siete u ocho películas en esa época. Eso fue como un aleluya para mí, aprendí mucho mientras estuve bajo contrato y lo que menos me importaba era ser reconocida como un símbolo sexual.

En estos tiempos se habla mucho en Hollywood sobre la lucha de igualdad de salarios para hombres y mujeres. ¿Cómo era ese problema antes?
Antes no se hablaba nada al respecto, simplemente no se discutía. Puedo entender el punto de vista de hoy, pero en mi época sentí que había elegido una profesión efímera y no lo pensaba en términos salariales ni comparaba mi sueldo con el de un actor de la misma categoría, simplemente pensaba que si tenía un trabajo y un buen sueldo, era el nirvana para mí. Así que no lo sé, no me crie en esta época y creo que ya es un regalo poder hacer lo que te gusta hacer en este mundo. Yo tenía la oportunidad de hacerlo una y otra vez, eso era todo lo que estaba buscando.

Se sabe que su padre, Armando Tejada, no se sintió orgulloso de sus raíces bolivianas y no quiso que usted aprendiera español o se conectara con esa parte de su familia, pero en los últimos años usted ha abrazado la cultura latina y ha interpretado a varios personajes latinos.
A muchos.

Raquel Welch BOCAS

Raquel Welch en el afiche de "Hace un millón de años".

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AFP

¿Qué tan liberador fue acercarse a sus raíces?
Es fácil juzgar a alguien por no enseñarle a su hijo su lengua materna, pero creo que lo que hay que entender acerca de mi padre, Armando Carlos Tejada Urquizo, es que vino a este país para estudiar aeronáutica e ingeniería en la Universidad de Illinois, donde conoció a mi madre. En 1940, cuando yo nací, la gente no socializaba contigo si tenías acento, no porque trataran de ser racistas, sino porque era difícil la comunicación. Él se dio cuenta de que no iba a ser parte de la cultura estadounidense a menos de que aprendiera a hablar un inglés perfecto y se propuso lograrlo. Cuando yo estaba creciendo, junto a mi hermano y mi hermana, papá nos reunía en la sala y nos ponía a leer la revista Time: debíamos leerle perfectamente un artículo, sin ningún error. No creo que fuera que no quisiera ser latinoamericano, sino que quería desesperadamente ser estadounidense y eso no es algo tan extraño. Quiero decir: mi papá era de La Paz y allí no podía estudiar lo que quería. Él siguió su sueño y no lo culpo por eso. ¿Sabes? Le agradezco que me haya dado sangre latina y que me haya dado algo del espíritu que tengo; me gusta el hecho de que fue un padre fuerte y que siempre me protegió de todo tipo de cosas. ¡Era muy crítico con los chicos que venían a verme! [Risas] Los criticaba por llegar con bermudas, por ser surfistas… Tenían que ser de la vieja guardia. Con mis pretendientes mi padre fue todo un personaje, me imagino que sacaba su parte latina a flor de piel.

¿Cómo fue su experiencia cuando fue a visitar Bolivia?
Fue bastante interesante. Bolivia es un lugar realmente inusual. La Paz está en un altiplano, al pie de un volcán. Cuando empiezas a conducir te das cuenta de todas esas viviendas bastante pequeñas donde la gente vive y luego de la cultura indígena que hay en La Paz. La familia de mi padre, los Tejada, vivía en una parte diferente, supongo que es lo que llaman un barrio de clase alta. Vivieron una vida muy hermosa, fue una experiencia muy linda ir a visitar un país con una cultura tan bella e interesante. Habría querido comunicarme en español, es una lástima que no lo haya aprendido, pero, como dije antes, no culpo a mi padre de que no lo haya hecho. Tuvo sus razones, lo bueno es que hoy ya no es así.

Usted ha sido el sueño de millones de hombres. ¿Se le acercan a decirle piropos o a demostrarle admiración?
Tal vez no tanto [risas]. Sí, la gente se acerca, me escriben cartas y dicen que han estado enamorados y todas esas cosas. No sé si me siento digna de esa clase de admiración, pero por otro lado todo está bien porque solo estamos hablando de entretenimiento. Eso es lo que supongo que proporcioné cuando empecé a salir en Hace un millón de años y en todas mis otras películas. Todo ha sido fantasía, yo era una figura de fantasía y no puedo dejar de serlo porque es parte de mi profesión.

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Raquel Welch

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¿En los últimos años Hollywood ha perdido parte del glamur?
Cuando llegué a Hollywood en los años sesenta, lo primero que pensé fue: “¿Ya se han ido los días dorados?”. Habría querido vivir un pedazo de eso, pero ya no existía: los fabulosos días de Hollywood se habían ido, en la ciudad había una mentalidad mucho más seria y calculadora y esa sensación podía ser desilusionante para alguien con alma de artista. Sin embargo, para responder a la pregunta, pienso que la maquinaria de Hollywood siempre ha estado ligada al glamur: no creo que hoy esa imagen guste tanto como en otras épocas, tal vez se cree que las películas pueden resolver los problemas del mundo y dar luz sobre cuestiones importantes que pasan en el mundo. No hay nada malo en eso, pero en mi caso me encanta el viejo Hollywood, me gusta el entretenimiento y me gusta la diversión que brinda: no juzgo cuando estoy viendo películas; si me entretienen han cumplido su misión, y si son serias e igualmente envían el mensaje, son igualmente buenas.

¿Cómo siente que ha sido el tiempo con usted?
No ha sido del todo malo. Envejecer es tan natural como nacer y morir, es parte de la vida. Lo interesante es cómo la mente se mantiene en una edad a pesar de que el cuerpo envejece, eso es tal vez el mayor desafío para un ser humano. El ejercicio resulta vital. Trato de mantener una buena salud y una buena figura siempre. Mi dieta es muy estricta y aunque a veces me salgo de la línea y como cosas que no debería, siempre llega el momento de volver a la disciplina. Cuando uno está a la vista del público, una de las cosas que suceden es que en la calle la gente que te reconoce se sigue preguntando si realmente eres tú. Cuando estaba empezando, la gente me veía y comenzaba a susurrar: “Es ella, es ella… No, no es ella… ¡Sí es, te digo que es!”. Y ya, al frente mío, me preguntaban: “¿Eres Raquel Welch?”. Cuando voy por Beverly Hills aún pasa todo el tiempo, no ha cambiado nada en cincuenta años.

A lo largo de su carrera ha protagonizado prácticamente todos los géneros: ciencia ficción, películas de vaqueros, musicales… ¿Qué películas siente más cerca de su corazón?
Todas han tenido una parte especial en mis recuerdos. Una película importante fue Hannie Caulder, que protagonicé con Robert Culp, Ernest Bornigne y Christopher Lee. Ray Aghayan diseñó mi traje para Hannie Caulder, era un poncho muy chico que colgaba de una manera especial en la que lograba cubrirlo todo. Algunos lugares estaban abiertos más de lo que debían, ¡muy provocativo! [Risas]. La filmamos en un desierto en España. De hecho, la mayoría de las películas de vaqueros las filmamos en España, excepto Bandolero, que hice con Jimmy Stewart y Dean Martin; esa la rodamos en Del Río, en Texas.

Y en cuanto a su vida romántica… ¿Cómo van las cosas?
Hay un montón de cosas divertidas en mi vida privada. Estoy bien. Tener o no un hombre a mi lado no es algo que me quite el pensamiento o que me distraiga de vivir mi vida plenamente. Vivo una vida feliz. Eso, para mí, lo es todo.

MARIO AMAYA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 63 - MAYO 2017​

Raquel Welch - BOCAS 63

"El arte de ser ícono"
Entrevista con Raquel Welch.
Por Mario Amaya.

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