Bocas

Gloria Álvarez: cazadora de populistas

La politóloga, escritora y presentadora guatemalteca Gloria Álvarez habló con Revista BOCAS.

Gloria Álvarez Portada

Gloria Álvarez es co-autora del libro 'El engaño populista'.

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Sebastián Jaramillo

06 de marzo 2017 , 06:42 p.m.

Entra sin rodeos. Sus frases son directas. Sus mensajes precisos. Dice lo que piensa y sin adornos. “Algunos empresarios hacen con su país lo que nunca harían con su empresa… arriesgan el largo plazo. Frente a la política muchas veces se preguntan quién va ganando para apoyar al caballo ganador sin considerar si eso puede dañar su país. Parece que a veces no entendieran que si el país se va a la lona también sus empresas se van a la lona”.

Gloria Álvarez ha sido consecuente y perseverante en la lucha frontal contra el populismo. Lo cree. Lo siente. Lo vive. Se le nota que no hay cálculo ni maquillaje en su postura. Aunque ya eran conocidas sus dotes oratorias y su palabra vigorosa en Guatemala, lo que la catapultó internacionalmente fue un discurso, que hoy tiene cerca de 20.000.000 de reproducciones, pronunciado ante el Primer Parlamento Iberoamericano de la Juventud en Zaragoza, España, en 2014. Aún no había cumplido treinta años. Hoy tiene 31.

Cuando llegó su turno en representación de Guatemala, la joven del equipo directivo del Movimiento Cívico se levantó de la silla que ocupaba y caminó con decisión hasta el estrado. Algunos, desconcentrados, no levantaron su cabeza mientras la oradora se acercaba al micrófono. Cuando pronunció las primeras palabras, firmes, claras, convocantes, ya nadie volvió a distraerse en el recinto. Su estilo la retrata. Su discurso la retrata.

El color plano de la madera de los estrados contrastaba con el rojo intenso de su vestido y con su mirada franca y expresiva mientras retumbaban, a manera de síntesis aguda, las urgencias que Gloria transmitía para enfrentar de una manera contundente, eficaz y moderna, a los regímenes y dirigentes que encarnaban el populismo en Iberoamérica. “Que desmantelemos el populismo a través de la tecnología” –proclamó– a nombre de “las personas que estamos tratando de rescatar las instituciones”. No tiene dudas: los populistas están destruyendo países.

El video de ese discurso es el más visto de la historia en su género pronunciado por una mujer tan joven ante un auditorio político. Y su capacidad multiplicadora corrió por cuenta de la fascinación que suscitó entre dirigentes jóvenes y viejos, de este siglo y del pasado, de esta tierra y de las otras. Desde Mario Vargas Llosa hasta Carlos Alberto Montaner, pasando por gobernantes, legisladores, académicos y activistas, han terminado por repasar las palabras de Gloria y por plantear fuertes debates a partir de sus ideas y reflexiones.

No pretende parecer moderada a la hora de defender sus convicciones. Controvierte sin rodeos a los populistas del socialismo del siglo XXI. No la amilana la intensidad de las críticas de sus detractores. No quiere recibir sonrisas ni aplausos que no correspondan a la identidad sincera con su pensamiento. Habla sin titubeos. “El populismo se encarga de desmontar las instituciones y de reescribir constituciones para poderlas acomodar a los antojos de los diferentes líderes corruptos que tenemos en América Latina”, dijo.

Después del suceso de Zaragoza y del fenómeno que produjo su discurso, de regreso a Guatemala, sin ínfulas ni arrogancia, además de emprender una campaña abierta para sembrar miles de árboles en su país, en compañía de Rodrigo Arenas y del equipo del Movimiento Cívico se convierten colectivamente en actores de primera línea frente a las multitudinarias movilizaciones sociales que tumbaron el gobierno del tristemente célebre Otto Pérez Molina, quien se vio obligado a renunciar a su cargo el 3 de septiembre de 2015.

“Creo que la clave fue que todos los sectores de la sociedad guatemalteca se sintieron lo suficientemente indignados y que había un objetivo en común que era la renuncia de la vicepresidente. Las redes sociales fueron claves para movilizar a toda esa ciudadanía para que cada sábado salieran a manifestarse”, dice Gloria.

Así, convertida tempranamente en una celebridad transcontinental que simultáneamente hace sin aspavientos trabajo cotidiano de base en Guatemala, ahora recorre nuestros países presentando su primer libro El engaño populista, coescrito con el abogado, escritor y columnista chileno Axel Kaiser. En la carátula, que es un buen compendio del libro a partir de los rostros de Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchner, entre otros, se preguntan “por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos”.

Gloria Álvarez. Foto por Sebastián Jaramillo.

Gloria Álvarez. Foto por Sebastián Jaramillo.

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A Gloria la encuentro en Colombia, después de dictar una charla para una prestigiosa asociación internacional de jóvenes presidentes de empresas que se reunían en Bogotá. Cortés y discretamente había declinado asistir a la reunión en la Casa de Nariño con el presidente Santos que recibía a los ilustres visitantes del exterior. Se había quedado sin conocer bien el centro histórico y el Museo del Oro. Decidimos entonces avanzar en esta conversación mientras visitábamos las salas del museo.

Ahí, delante de esas espléndidas piezas precolombinas, me dice alegremente que su nahual es B´atz. Confieso mi ignorancia al respecto. No entiendo de qué me habla. ¿Qué es eso? El nahual es una especie de ser sobrenatural que se encarga de proteger y guiar a cada persona y se determina al momento del nacimiento. El maestro Google me da una mano y mientras Gloria mira el poporo quimbaya consulto por B´atz. Es el primero de los nahuales y leo que trae una personalidad tenaz que permite con esfuerzo alcanzar cualquier meta.

Ya sé su nahual. Y se le nota. Pero no sé de dónde viene Gloria. Aunque entiendo que tiene sangre guatemalteca, no es difícil intuir la procedencia diversa de sus ancestros.

¿De dónde viene la familia?
Uno de mis abuelos era húngaro. Después del fracaso de la revolución de Budapest de 1956, que se inició con una movilización estudiantil contra la imposición del modelo comunista desde la Unión Soviética, mi abuelo emprende una marcha por los bosques y llega hasta Austria para escapar. En busca de nuevos horizontes decide viajar a los Estados Unidos y llega a Boston, pero como no le gustó su clima decide radicarse en California donde se enamora de mi abuela guatemalteca.

¿Y los otros abuelos?
Cubanos. De Cienfuegos. Y habían decidido no regresar a la isla mientras prevaleciera el régimen de Fidel, aunque parte de su familia hubiera permanecido allá. Mi abuelo era radioaficionado. TG9MP era su código. Recuerdo de niña los sonidos y las palabras para ayudar a los cubanos que querían escapar de la dictadura y a los cubanos del exilio. Habían constituido un grupo que se denominaba “hermanos al rescate”. Cuando detectaban la presencia de alguna embarcación que hubiera escapado de Cuba, activaban sus redes de apoyo para ayudarlos a llegar a tierra firme y salvar sus vidas.

¿Y cómo era su relación con él?
Maravillosa. Aunque cuando yo era una niña pequeña no podía entender muchas cosas de las que hablaban, me encantaba escuchar las chicharras y esas conversaciones en su cuarto de radio. Éramos muy unidos mi abuelo y yo. Me encantaban las historias. Recuerdo una emocionante de una familia cubana que mantenía en su casa oculto un chancho para podérselo comer en Navidad.

¿Una historia de chancho parecida a la de Alf el extraterrestre, escondido en una casa para que ni los vecinos ni las autoridades se dieran cuenta?
Parecido. Si las autoridades se percataban a través de sus comités de barrio, les quitaban el chancho, se quedaban sin chancho para la Navidad y además los sancionaban.

Quizás a partir de estas historias del abuelo barbudo que ayudaba a los cubanos del exilio y del abuelo húngaro que huye de su país después de que los soviéticos aplastan la revolución se puede entender el contexto de la formación ideológica de Gloria, digo yo. ¿Qué profesión tiene?
[Asiente con la cabeza]. Estudié Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Mi pasión es la política. Pero también hago periodismo. Tengo un programa de televisión en el Canal Azteca Guatemala y un programa de radio. Se llama Viernes de Gloria, en Libertópolis. Dicen que yo no me callo ni por casualidad.

¿Y después de la Francisco Marroquín?
Estudié en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Me sentí ideológicamente castigada, sobre todo en el tema de mi tesis. Yo hice una crítica bastante profunda al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial y su papel en América Latina basada en muchísimos estudios, entre ellos The White Man’s Burden, de William Easterly; Dead Aid, de Dambisa Moyo; Development and Freedom, de Amartya Sen; Rumbo a la libertad para América Latina, de Álvaro Vargas Llosa... Era un estudio de más de 150 páginas bastante fundamentado y desgraciadamente las seis veces que lo presenté siempre era por un punto que no me lo dejaban aprobar. Entonces me di cuenta de que ya era una cuestión ideológica.

¿Y no pensó en cambiar de tema?
Sí. Incluso lo cambié. En lugar de seguir hablando de las fallas del Banco Mundial y del FMI puse como ejemplo tres casos, uno en Argentina, uno en El Salvador y otro en Guatemala de lo que se llama grass roots developments, que son los proyectos de desarrollo que vienen desde abajo, desde las mismas personas y cómo esos proyectos de desarrollo, por tener un conocimiento local del cual las agencias internacionales carecen, son mucho más eficientes. Y aun así, con ese nuevo tema me seguían reprobando la tesis, siempre por un punto. Hiciera lo que hiciera, así escribiera la biografía del Che Guevara, no me iban a dejar pasar. No estaban interesados en darme el título, sentían que yo había pasado el año entero para no aprender de su ideología.

¿Se arrepiente?
Hoy por hoy, cuando volteo a ver hacia atrás, obviamente no me arrepiento de haber mantenido mi postura, de no haberme dejado convencer por hacer una tesis un poco más complaciente, sino haberme mantenido firme en mi rumbo porque esa fue una piedra angular bastante importante para mi crecimiento intelectual que luego me ayudó a ser muy firme en las ideas que hoy defiendo.

Pero de todas maneras queda un sabor agridulce…
Es más dulce que agrio. Me he enterado de muchas cosas de la Universidad de Lovaina que me hacen todo el sentido del mundo de por qué jamás me iban a dar el título, empezando porque Rafael Correa se graduó de esa universidad, sabiendo que la teología de la liberación salió de esa universidad y cómo esa universidad ha seguido perpetuando y ha sido complaciente con un modelo de ayuda internacional que ha fracasado. Por eso me siento tranquila de no tener ese título y públicamente he compartido en Facebook esa tesis, la tesis reprobada, y me siento muy satisfecha y muy en paz por haber defendido mis ideas que, a la larga, tiene un valor mucho más grande que cualquier título de cualquier universidad por prestigiosa que sea.

Unas son de cal y otras son de arena, decimos aquí. ¿Usted se imaginó que el discurso de Zaragoza se convertiría en semejante fenómeno?
Yo no contaba con que el discurso se estaba grabando, ni que iba a ser subido en Youtube, ni mucho menos que se iba a convertir en un fenómeno viral. Eso para mí fue muy bonito, pues justamente la propuesta del discurso era utilizar la tecnología contra el populismo, entonces el hecho de que el video se hubiera viralizado comprobó el poder de las redes sociales.

Otra forma de luchar por sus ideas ha sido la de impulsar las movilizaciones sociales. ¿Cuál será el futuro de esas movilizaciones en nuestro hemisferio?
De hecho, en los últimos tiempos, en especial el año pasado, hubo movilizaciones sociales en prácticamente todos los países de América Latina. En México por el tema de los estudiantes, en Nicaragua protestas en contra del canal que Daniel Ortega ha querido hacer de una manera bastante arbitraria, también hubo grandes manifestaciones en Venezuela, en Ecuador por el tema de la ley de herencias que Rafael Correa quería implementar, en Bolivia por la reforma constitucional donde le dijeron “no” a Evo Morales, en Argentina por el tema del fiscal asesinado, en Brasil por los escándalos de Dilma y Lula.

¿Y qué efecto pueden surtir?
Hay que tener en cuenta que las manifestaciones por sí solas no logran la defenestración de la corrupción. En Guatemala, por ejemplo, si solo hubiera sido por las manifestaciones no habría sido suficiente. Aquí hubo una investigación liderada por Estados Unidos, entregada a la Comisión Internacional contra la Impunidad, dirigida por el magistrado colombiano Iván Velásquez.

¿Con estos escenarios de movilización ciudadana y después de las derrotas del candidato de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, de la derrota en elecciones legislativas del chavismo en Venezuela, de la derrota de Evo Morales en Bolivia, será que el péndulo está devolviéndose?
Lejos estamos de poder decir que el socialismo del siglo XXI es cosa del pasado. Incluso en algunos países está tomando aire. En Nicaragua, por ejemplo, Daniel Ortega, de una manera arbitraria, absurda y déspota, acaba de deslegitimar a 18 diputados de la oposición y básicamente prohibió que en la Asamblea hubiera diputados de oposición. Además, ya declaró que su esposa Rosario va como vicepresidenta en su próximo periodo, a pesar de que en las tres últimas elecciones organismos internacionales han dicho que hubo fraude.

¿Qué está pasando en México?
En México, el descontento que hay contra el Pri y contra el Pan puede conducir a que López Obrador recupere posiciones para las próximas elecciones del 2018. En Guatemala, con comportamientos que se están dando como cacería de brujas en contra de empresarios y en contra de militares, también puede desembocar en unas elecciones que tiendan hacia el socialismo del siglo XXI, Venezuela está en un grave estancamiento que puede durar mucho tiempo más y habrá países que todavía tienen un comportamiento pendular como Brasil y Argentina.

Vamos al libro, Gloria. ¿Qué es, en qué consiste el engaño populista?
El engaño populista es un mecanismo de manipulación sicológica, de manipulación de masas. No es una ideología. Es tan antiguo como el Imperio romano. Pan y circo para distraer a la población de que se están resquebrajando las instituciones. El populismo que hoy vivimos en América Latina se origina en la caída del Muro de Berlín a partir de 1989, porque al desmantelarse el comunismo soviético que aportaba el dinero para emprender aquellas campañas violentas, la izquierda latinoamericana se queda huérfana de madre. Y las dictaduras fueron siendo remplazadas por gobiernos civiles lo que eliminaba la razón de ser de esos movimientos violentos. En el nuevo modelo se vuelve necesario usar la democracia para llegar al poder.

Gloria Álvarez. Foto por Sebastián Jaramillo.

Gloria Álvarez. Foto por Sebastián Jaramillo.

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Es que cuando alcanzan el poder lo hacen por la vía democrática, pero una vez se encaraman desconocen los principios democráticos que antes reclamaban. Ese parece ser un elemento constante, ¿cierto?

El Foro de São Paulo delimita las bases para que el socialismo sobreviva después de la Unión Soviética. Es lo que hemos llamado el manual del populista que empieza por dividir a la sociedad con odio, llegar al poder ejecutivo y desde ahí empezar a cooptar los poderes del Estado. Usar la democracia para llegar al poder y desde el poder, posteriormente, destruir la democracia. Además, plantean una división entre pueblo y antipueblo donde pueblo, para ellos, es sinónimo de gobierno. Es decir, lo que esté en contra de lo que haga el gobierno deja de ser pueblo. Es proyanqui, oligarca, derechista, explotador, capitalista, mientras todo lo que apoye al gobierno se le atribuye al pueblo y dicen que es en nombre del pueblo.

Pero es que también encontraron terrenos abonados para esa manipulación…
Claro. Porque durante los años noventa algunos procesos de aperturas de mercado no tuvieron éxito frente a los estratos de menores recursos y más necesitados. En los noventa hubo crecimiento económico, se da el Consenso de Washington con medidas que terminan generando un efecto embudo y una concentración de privilegios en los círculos de amigos de los gobernantes. Entonces surge el socialismo del siglo XXI como una alternativa, pero después de 16 años en el poder nos damos cuenta de que las derechas de los noventa y el socialismo del siglo XXI gobiernan exactamente igual.

¿Cómo igual?
El botín repartido entre los amigos del poder. El botín para los círculos cercanos a los gobiernos. El poder para unos pocos.

¿De verdad son iguales? ¿Hicieron lo mismo?
Sí. Incluso peor, porque a diferencia de lo que ocurrió en los noventa con derechas elitistas, el socialismo del siglo XXI prometió que todas sus actuaciones se efectuarían en nombre del pueblo y para el pueblo y lo que terminaron haciendo fue afectar al pueblo y abusar del pueblo.

Y tampoco hubo redistribución de la riqueza…
Yo creo que lo importante es la creación de la riqueza. Los latinoamericanos llegamos a obsesionarnos con la redistribución de la riqueza cuando lo que nos hace falta es crear más riqueza y potenciar en niños y jóvenes la capacidad para lograrlo. Además, propagaron la falsa creencia de que los burócratas poseen la verdad económica y pueden desde sus escritorios decretar precios, expropiar, prohibir entrada de productos, afectar mercados y dictar las medidas económicas.

Si todo esto es así, ¿cómo se pueden rescatar nuestros países?
La sociedad civil tiene que movilizarse y exigir una mejor calidad de sus políticos. Si Latinoamérica se asimilara a un restaurante, lo que hemos hecho los votantes latinoamericanos es tragarnos comidas y sopas frías y muchas veces podridas y vencidas. Y no exigimos que las cambien. Las aceptamos. Y si nos conformamos con porquería, porquería nos seguirán dando. La sociedad civil no puede sentarse a esperar a que los cambios vengan del gobierno o de los políticos. Hay que entender que en nuestros países existe una clase politiquera que se lucra de que las cosas sigan como mal están y les conviene que todo siga igual para seguirse lucrando. Hay que tomar acción.

¿Y eso cómo se logra?
Lo primero es tener suficiente claridad acerca de lo que yo espero y quiero de mi gobierno. Y cómo lo quiero. Y qué le voy a exigir. Y para eso tiene que pensar, estudiar y analizar para poder reclamar. Pero hay que movilizarse. Y en todos los campos.

Cuando se trata de su vida personal, aflora otra faceta con más incertidumbres que certezas...
Estoy tranquila y contenta. Soy una mujer soltera y hace poco vivo sola.

¿Y el corazón?
A veces la gente cree cuando me oye hablar que solo pienso en asuntos públicos y en el populismo, pero no, no es así, ¿sabe? Es que yo también tengo mi corazoncito.

¿Ha sufrido?
Sí. Y me han engañado. Pero eso ya pasó. Ahora me siento muy bien. Y lo repito, estoy tranquila… Ahora estoy contenta. [Y su carcajada final, así lo confirma. No hay duda].

JUAN LOZANO
FOTOS: SEBASTIÁN JARAMILLO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 55 - AGOSTO 2016

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