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La leyenda del rock nacional que se 'codeó' con The Who y Eurythmics

Durante 40 años, Chucho Merchán ha trabajado de la mano de los mayores ídolos del rock británico.

Chucho Merchán - Portada

En Cambridge fue un estudiante aplicado que aprendió rápidamente a escribir y a leer música.

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Juan Pablo Gutiérrez

06 de marzo 2017 , 06:44 p.m.

La gran mayoría de las personas pasan toda la vida soñando con ver, así sea de lejos, a sus ídolos musicales. Incluso entre músicos reconocidos, es una rareza compartir una tarima o un estudio de grabación con miembros de bandas tan legendarias como The Who, Pink Floyd o The Beatles, es una rareza. Y mucho más exótico resulta tratar de convencer a músicos de ese nivel para tocar en un estadio de Colombia, durante la época más oscura del país. Sin embargo, una sola persona pudo lograr todo lo anterior: se trata de Chucho Merchán, un músico bogotano que hoy, con 63 años, tiene las manos, los antebrazos y la cabeza llenos de tatuajes de figuras surrealistas y diseños de animales que, tras bambalinas, participó activamente en la historia del rock británico en la década de los ochenta.

A finales de 1992 este hombre hizo posible que el estadio Pascual Guerrero, en Cali, se convirtiera en el primer escenario latinoamericano en recibir a un miembro de Pink Floyd –se trató de David Gilmour– y, además, le puso la cara a él y a Roger Daltrey –el vocalista de The Who– cuando los promotores del evento dejaron varadas a las dos leyendas en un hotel de la capital del Valle.

Pero para encontrar las raíces de esa anécdota hay que remitirse al otoño de 1974, cuando Chucho –entonces un joven de 21 años con el pelo en los hombros y la cara enmarcada en una chivera– llegó a Londres vestido con un traje blanco similar al que le había visto alguna vez a su ídolo, John Lennon. Lo único que llevaba encima era un morral, su guitarra, su amplificador, el sueño de estudiar música y todos los ahorros que había obtenido de los toques con Malanga, un grupo de rock colombiano que había conformado dos años antes con otros tres músicos talentosos: Augusto Martelo, Álvaro Galvis y Alexei Restrepo.

Malanga lanzó su primer sencillo en 1973. El sencillo contenía las canciones "Sonata # 7 a la revolución" y "Nievecita". Foto: Cortesía de Chucho Merchán.

Malanga lanzó su primer sencillo en 1973. El sencillo contenía las canciones "Sonata # 7 a la revolución" y "Nievecita". Foto: Cortesía de Chucho Merchán.

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Malanga fue uno de los hitos en la historia del rock colombiano. Las dos canciones que prensaron en un disco de 45 revoluciones –“Sonata # 7 a la revolución” y “Nievecita”–, hoy suenan a una fusión entre rock progresivo británico y Carlos Santana. Martelo, el bajista de esa banda, prefiere decir que fueron los primeros colombianos en involucrarle elementos latinos al rock. Sin embargo, en los setenta, la escena bogotana no era favorable para este tipo de aventuras: la industria tenía sus ojos puestos en la música tropical y la balada pop, la radio vivía pegada al hit parade anglosajón y los pocos esfuerzos por hacer rock colombiano estaban a punto de morir. Para Chucho Merchán, la única manera de vivir del rock era viajando a Europa.

Apenas llegó a Londres, Chucho caminó durante varias horas buscando la casa de un amigo que le daría posada. Sus ojos no podían comprender la majestuosidad de la ciudad que vio nacer a The Who y a los Stones. En cada paso que daba sentía el alma de los grandes nombres del rock con los que había soñado siempre en Bogotá. Y no era un sueño, la realidad era que estaba en el lugar indicado para luchar por la música. Ese mismo día estuvo muy cerca de la estación del metro de la calle Gloucester, la misma que conduce al mítico teatro Royal Albert Hall, donde habían ocurrido conciertos legendarios de The Beatles y The Rolling Stones.

Sin embargo, muy pronto Chucho vio que cumplir el sueño de estudiar música no iba a ser fácil: llegar a Londres no era más que una pequeña parte de un camino que incluía sobrevivir en Europa y, sobre todo, aprender inglés. Un “ángel” –así dice él–, le dijo que se trasladara a Cambridge, que allá sí había oportunidades, y antes de ser admitido en el Conservatorio de la ciudad vivió en un pequeño cuarto de dos metros cuadrados donde apenas cabía, pintó todos los salones de un colegio para que lo dejaran asistir a las clases de inglés y hasta vio clases de solfeo con personas de la tercera edad en un instituto que tenía admisiones gratuitas. Entonces, ahí sí, presentó una audición ante el jurado de una de las mejores facultades de música de Inglaterra y los cautivó con su habilidad para tocar en guitarra los grandes clásicos del rock: lo único que le dijeron antes de ser admitido fue que debía comprometerse a seguir mejorando su inglés.

Poco a poco, la idea de ser como Jimi Hendrix se fue diluyendo. En Cambridge fue un estudiante aplicado que aprendió rápidamente a escribir y a leer música, y cuando la orquesta de la universidad le propuso tocar el contrabajo, Chucho decidió meterse de lleno en el jazz. Fue alumno de John Marshall –baterista de Soft Machine, una de las primeras agrupaciones que fusionó jazz y rock en Inglaterra– y gracias a él conoció al trompetista Ian Carr, el fundador de Nucleus, quien le propuso tocar en su banda.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

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Después de graduarse consiguió trabajo como bajista in house en el bar Ronnie Scott’s Jazz Club –el epicentro de la escena del jazz en el Reino Unido– y, con semejante vitrina, su habilidad con el bajo no pasó desapercibida. Entonces empezó una brillante carrera que lo llevó a trabajar con Thomas Dolby –uno de los pioneros de la corriente New Wave, con quien hizo una gira por Estados Unidos y participó en el álbum Flat Earth–, Pete Townshend –el líder de la banda The Who, que lo vinculó a su equipo para grabar los álbumes Scoop (1983), White City A Novel (1985), Deep End Live! (1986) y Iron Man (1989)–, David Gilmour –de Pink Floyd, que lo describió como uno de los bajistas de sesión “más completos del momento”–, las bandas Pretenders y Eurythmics, y un largo etcétera que incluye a Dave Stewart, Bob Geldof, George Harrison, Lou Reed, Mike Oldfield, Sinnead O´Connor, Fito Páez, Jaguares, Cabas y Ex-3.

Hace diez años, Chucho Merchán dejó su apartamento de Londres y regresó a Colombia. Vive entre Bogotá y La Calera, donde tiene una casa que convirtió en un estudio de grabación. Desde 2006 ha producido en ese espacio cinco álbumes que han tenido poca o nula promoción por parte de los medios tradicionales. Su música es una amalgama de influencias y estilos enmarcados en letras con alto contenido social. Es un activista del rock que con sus canciones lucha por la naturaleza y por los derechos de los animales. Además, lidera una fundación que da pelea por el respeto y el cuidado de los animales y que recibe apoyo de figuras como Paul McCartney. Es vegetariano y tiene una amplia colección de franelas que destacan el cuidado animal y que exhibe en público siempre que puede. Su más reciente disco, El pueblo unido, es un trabajo que grabó prácticamente en solitario y que contó para las letras con el apoyo del escritor Andrés Ospina: un disco sincero que le canta a un mundo convulsionado, un mundo que se “va de culo”.

Hoy tiene 63 años. Su tatuaje más reciente, el de la cabeza, se lo hizo para disimular la caída total del pelo, y su chivera, aunque con canas, sigue siendo la misma que exhibía en las fotos que le tomaban en los setenta, cuando cargaba una guitarra por Bogotá y hacía toques con Malanga. Junto a Augusto Martelo y Alexei Restrepo, sus primeros compañeros de profesión, es uno de los pocos músicos en Colombia que sigue activo, luchando y creyendo que en Colombia sí se puede vivir del rock.

¿Qué tan complicado es darse a conocer como músico profesional en Inglaterra?

Más de lo que cualquier persona se puede imaginar. Hay demasiada competencia y mucha demanda de excelentes músicos locales. El secreto está en el trabajo constante y en las relaciones públicas. Es decir, las conexiones que se van creando y el “voz a voz” de la gente con la que se trabaja. También hay que tener fe y creer en el talento que se tiene.

Pocos músicos latinoamericanos se dan el lujo de tener una hoja de vida como la suya. ¿Cómo logró captar la atención de los músicos británicos?

Bueno, eso fue un proceso que se fue dando desde la escuela de música en Cambridge, gracias a profesores y gente con la que toqué. También por tomar decisiones acertadas cuando aparecieron las oportunidades. Hay trenes que no pasan dos veces.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

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Thomas Dolby, el niño genio del New Wave, fue uno de los primeros músicos ingleses del pop con los que trabajó. ¿Cómo llegó a él?

Conocí a Thomas gracias a su bajista, con el que compartíamos una fuerte amistad. Me invitó a su banda como guitarrista. Al principio lo dudé porque estaba muy metido en el jazz, pero finalmente acepté y fue la decisión correcta.

Era una época difícil para usted…

Claro, ganaba menos de 10 libras tocando en el club de jazz. Vivía en una zona muy complicada de Londres, en una casa sin baño. Así que entrar a la banda de Dolby era mejorar también mis ingresos.

Después de trabajar junto a Dolby, otro grande que se fijó en usted fue Pete Townshend, quien además le pidió que se convirtiera en el director musical de The Who. ¿Cómo sucedió?

Pete me había visto tocar en Ronnie Scott's y me preguntó si podía transcribir en música una idea que él tenía para un álbum. Cuando le entregué la partitura quedó muy a gusto con el trabajo y me invitó a tocar en algunos trabajos de su carrera en solitario. Posteriormente me ofreció ser el director musical de The Who para la gira de los 25 años en 1989.

¿Qué hace un director musical?

Básicamente conocer de principio a fin el repertorio del concierto, en ese caso era el álbum Tommy, y hacer todos los arreglos musicales. También mi labor consistía en ensayar la banda y dejarla lista para el show. Ser Pete Townshend por dos meses.

Chucho Merchán y Pete Townshend, lider de la banda británica The Who. Foto: Archivo El Tiempo.

Chucho Merchán y Pete Townshend, lider de la banda británica The Who. Foto: Archivo El Tiempo.

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¿Es decir que Townshend no aparecía en los ensayos?

No, yo era su mano derecha y como tal tenía que probar que tanto Roger Daltrey, Simon Phillips y John Entwistle, como el resto de los músicos invitados, estuvieran perfectamente engranados para el show. Pete me dio 72 canciones y las 72 las tuve que ensayar. Una vez la banda sonara bien, debía llamarlo para un único ensayo antes del primer concierto.

Un trabajo de alto riesgo…

Sí, porque Pete me dijo literalmente que yo era el responsable de que la banda sonara bien. Él no quería ver ni a John ni a Roger. Suficiente con estar de gira como para tener que verlos durante más tiempo. Por fortuna no hubo problemas.

¿Tocó con The Who en esa gira?

No. Tuve muy poca participación. Hacía las pruebas de sonido y les dejaba las letras y las partituras en el telepronter. Me aburrí realmente.

Su trabajo junto a Townshend le abrió las puertas de otras bandas importantes a mediados de los ochenta como Pretenders. ¿Es verdad que dejó plantada a la cantante Chrissie Hynde?

Algo así, depende de como se vea [risas]. El tema es que yo estaba trabajando con Pretenders como músico sustituto. En medio del proceso y de apoyarlos en algunas giras, Chrissie me ofreció el puesto de bajista de tiempo completo para el álbum Get Close (1986). Emocionado acepté y viajamos a Nueva York a grabar. En medio de las sesiones me llamó Annie Lennox, de Eurythmics, a ofrecerme ser miembro del grupo y tocar en la gira mundial del disco Revenge.

Imposible rechazar semejante oferta…

Claro. Yo le expliqué a Annie mi situación. Ella me dijo que lo pensara y que una vez tomara la decisión, una limosina me recogería en el estudio. Fue una situación muy complicada, a pesar de que ellas son muy amigas. En ese momento, los Eurythmics eran una de las bandas más grandes y sólidas del planeta. Me sentí muy orgulloso de su llamada. Pasé varias noches sin dormir pensando al respecto.

Chucho Merchán (segundo de derecha a izquierda) con Eurythmics. Al centro la líder de la banda, Annie Lennox. Foto: Cortesía de Chucho Merchán.

Chucho Merchán (segundo de derecha a izquierda) con Eurythmics. Al centro la líder de la banda, Annie Lennox. Foto: Cortesía de Chucho Merchán.

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¿Recibió apoyo “espiritual”?

Se lo consulté a Thomas Dolby. Yo no estaba muy al tanto de lo que pasaba en el pop británico, así que no podía medir la magnitud de la noticia. Me acuerdo que Dolby me gritó por el teléfono y me dijo que si estaba loco. Que no dudara en irme con Annie Lennox.

¿Chrissie Hynde se enfureció?

Cuando le conté que me iba con Annie, me miró fijamente, suspiró y sentenció: “Chucho, yo toda la vida he hecho lo que se me da la gana. Si esa es tu decisión, te deseo todo lo mejor con Annie Lennox”. Tomé un avión, viajé a París y me uní a los Eurythmics durante tres años. Fue un periodo muy importante en mi carrera.

Más allá de trabajar con Annie Lennox en Eurythmics, ella se convirtió en un ser muy especial en su vida. ¿Por qué?

Cuando sucedió la tragedia de Armero, yo decidí organizar un concierto en el Royal Albert Hall, en Londres, para recaudar fondos y enviarlos al país. Invité a varias leyendas del rock y Annie se sumó en el último momento. Al principio el concierto había vendido muy pocas boletas, pero fue gracias a ella que tuvimos lleno total esa noche. Durante una entrevista en uno de los espacios más vistos en la televisión inglesa, Annie anunció el evento y la importancia de ayudar al pueblo de Colombia en un momento difícil. Fue muy emocionante.

Un gran gesto…

Sí, los ingleses son muy solidarios en ese sentido. Cuando algo los conmueve hacen todo lo necesario para ayudar. Annie, David Gilmour, Pete Townshend, Chrissie, Mike Oldfield, entre otros, se convirtieron en abanderados de la causa de Armero, algo que, intuyo, mucha gente en el país desconoce.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

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En 1992 usted volvió a Colombia para una causa filantrópica: el tristemente recordado concierto Ecomundo, en Cali…

Cuando me contaron la idea no dudé en apoyarlos. Los organizadores sabían que yo tenía contacto con grandes músicos ingleses y me pintaron un megaevento con intérpretes de primer nivel.

¿Cómo logró convencer a David Gilmour y a Roger Daltrey, cantante de The Who, para que fueran parte de ese evento?

Les prometí que encontrarían un país muy diferente al que conocían por los medios. En ese momento solo se hablaba de Colombia por cuenta de Pablo Escobar, así que tenían sus temores. Finalmente los convencí porque había de fondo un tema de activismo social y ecológico.

¿Qué salió mal?

¡Todo! La convocatoria fue malísima, llegaron menos de dos mil personas a ver a estas leyendas del rock en el Pascual Guerrero. El sonido no fue el mejor y a pesar de eso Gilmour y Daltrey se portaron como unos caballeros, tocaron increíble. Lo más triste es que los empresarios se desaparecieron con todo el dinero y no pagaron el hotel de los ingleses. Imagine la escena: Gilmour y Daltrey retenidos en un hotel en Cali. Me tocó cubrir ese asunto para que ellos pudieran regresar a Londres. Por la demora perdieron las conexiones y me tocó comprarles nuevos pasajes. Fue un caos.

¿Se dañó la relación con ellos?

Daltrey es muy tranquilo y lo tomó de la mejor manera. Gilmour estaba algo molesto por la situación en el hotel. Dejé de verlo por casi diez años hasta que un día nos encontramos en Londres y me invitó a tocar en su estudio.

Para el famoso DVD David Gilmour In Concert (2001)…

Lo del show fue idea mía. Le propuse a Dave que dejara de un lado a los marranos volando y toda la parafernalia de luces y despliegue técnico al cual venía acostumbrado con Pink Floyd y se concentrara más en su increíble forma de tocar la guitarra y su exquisita voz. Primero se burló de mi idea, pero después me dijo: “Ok, vamos a hacerlo”, y fue un éxito total como tú lo has visto en ese espectacular DVD.

Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, también se dio el lujo de trabajar con George Harrison. No todo el mundo puede decir que trabajó con un beatle…

Conocí a Harrison en una sesión de grabación para un disco de Dave Stewart. Queríamos grabar una versión de “Dark Horse” y George apareció en el estudio para darnos algunas sugerencias. Fue una sesión espectacular, a pesar de que la canción nunca vio la luz.

Chucho Merchán y Paul McCartney durante el concierto que el ex-beatle dio en el estadio El Campín, en Bogotá, en abril de 2012.

Chucho Merchán y Paul McCartney durante el concierto que el ex-beatle dio en el estadio El Campín, en Bogotá, en abril de 2012.

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¿Con el tiempo se volvieron amigos?

Sí, nos hicimos buenos amigos desde ese día. Fuimos muy cercanos durante varios años, pasaba mucho tiempo en su casa y compartía con su esposa e hijo. Cocinábamos y componíamos canciones.

¿Qué recuerdos tiene de Harrison?

Harrison era un bacán. La persona más humilde que he conocido en mi vida. Admiraba su talento y que era vegetariano. Era una persona con mucha conciencia social.

¿A través de Harrison conoció a Paul McCartney?

No, lo conocí por Chrissie Hynde quien era muy amiga de Linda McCartney. Fue con motivo de un concierto que Paul dio en el Royal Albert Hall. Esa noche me invitó a su casa en Londres, muy cerca de los estudios Abbey Road. Cenamos, hablamos de música, de la vida, del activismo a través del rock. Incluso nos fumamos un joint de producto de primera calidad de la Sierra Nevada de Santa Marta [risas].

Además, McCartney lo ha respaldado en sus campañas sociales…

Sí, Paul me ayudó mucho con la campaña antitaurina en Bogotá.

¿Supongo que no fue fácil dejar Inglaterra e instalarse nuevamente en Colombia?

No, no fue fácil. Tal vez lo más duro fue alejarme de toda la gente con la que trabajaba. Allá tengo un apartamento, amigos, tenía estabilidad laboral, reconocimiento, pero eso no es todo en la vida. No podía olvidar mis orígenes y una linda manera de retribuirle todos los logros a mi país era regresando, aportando y grabando un disco en su honor.

Así surge Regreso a casa (2006) ¿Qué recuerda de ese álbum?

Fue un disco complicado de producir porque lo hice de manera independiente. Tuve que montar mi estudio de grabación y toda la tecnología para grabarlo. Era consciente de que ninguna disquera se iba a interesar por el tipo de música que quería grabar, así que decidí emprender solo ese trabajo y así lo he hecho siempre.

Una apuesta interesante de mezclar activismo con rock…

Siempre he pensado que la música tiene la capacidad de cambiar el mundo. La música debe tener un fin y los tiempos en los que vivimos son complicados. Desde la música se puede aportar para construir un mundo mejor. En mi música yo lucho por los derechos de los animales y el mensaje de la revolución vegana, la espina dorsal de mi trabajo.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

Chucho Merchán. Foto: Juan Pablo Gutiérrez.

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Su más reciente álbum es El pueblo unido, con el que ya son cinco trabajos en solitario en diez años. ¿Siente que los medios y la industria le han dado el reconocimiento que merece?

En lo absoluto. Como yo no canto canciones pendejas de amor con música comercial, pues no me dan juego. Todo me ha tocado solo con el apoyo de mi compañera. Uso las redes y algunos colegas activistas para dar a conocer la música. Tengo la satisfacción de nunca haberme vendido, así tenga que regalar mis discos.

En trabajos como "Revolución de conciencia" usted planteó firmes consignas sobre el cuidado animal. Incluso se lograron avances respecto a la prohibición de las corridas de toros en Bogotá. ¿Qué siente hoy en día con el reversazo en materia taurina en la ciudad?

Las corridas de toros no deben volver a Bogotá. Dimos un paso gigante con Petro y la ciudad se convirtió en ejemplo a nivel internacional con el cierre de la plaza de toros. No puede ser posible que nos jactemos de ser una sociedad civilizada que sigue torturando animales por diversión. Es una vergüenza. La tauromaquia tiene sus días contados en este mundo.

Colombia está atravesando un momento crucial con los acuerdos de paz. ¿Ve a los músicos más reconocidos del país comprometidos con la causa?

A esos que tú describes como reconocidos solo les interesa el dinero y la fama. Son políticamente correctos, no toman posiciones. Creo que junto con Aterciopelados y Dr. Krápula, el único que tiene un discurso sólido y coherente en ese sentido es César López, a quien admiro y respeto por tener compromiso con acciones.

¿Cree que actualmente tenemos una movida sólida del rock?

Es un momento interesante para el país, pues hay más posibilidades desde todo punto de vista. Más y mejores estudios, tecnología, otros medios de difusión, no tener que depender de un sello disquero y eso explica por qué hay más bandas con propuestas interesantes. Pero aún nos falta mucho por aprender y creo que el secreto para tener una movida cohesionada y sólida es valorar más lo que se hace en casa, en vez de estar pendientes de lo que pasa en Estados Unidos.

¿Qué lo motiva a seguir en el mundo de la música?

Es algo que no puedo dejar de hacer, algo que va dentro de mí y que es más fuerte que mi voluntad. Ser el mejor músico posible, escribir cada vez mejores canciones, dejar un legado musical que valga la pena, seguir aprendiendo y, por supuesto, tratar de lograr cambios sociales a través de la música.

JACOBO CELNIK
FOTOS: JUAN PABLO GUTIÉRREZ
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 55 - AGOSTO DE 2016

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