Bocas

El arte de la moda

El veredicto de Nina - Septiembre de 2017

Nina García BOCAS

Nina García.

Foto:

Álvaro Corzo / Revista BOCAS.

17 de septiembre 2017 , 09:00 a.m.


Mientras escribo estas líneas, Estados Unidos está celebrando el Labor Day Weekend, la fecha que le pone el punto final al verano. Poco a poco el Central Park irá cambiando el verde por todos los colores del amarillo, marrón y naranja. Muy pronto este parque dejará de ser el paraíso de pintores impresionistas y adoptará las tonalidades de una pintura abstracta de Mark Rothko.

Les confesaré una cosa: me gusta ver paisajes y relacionarlos con pinturas. El Nueva York del verano seguiría inspirando a Edward Hopper para sus pinturas, que mostraban el aislamiento de la sociedad contemporánea: imagino que ahora uno de las protagonistas de los lienzos de Hopper, como los que habitan Nighthawks –una de sus pinturas más conocidas– estaría mirando con los ojos perdidos la pantalla de un celular. El arte me inspira y me da vida. Desde muy temprana edad, en Barranquilla pude ver que a mis papás les fascinaba el arte precolombino que hoy se exhibe en el Museo del Oro de Bogotá. Con mis papás viajé a Europa y pude descubrir los clásicos que cuelgan en las paredes de unos museos inabarcables, como el Louvre, el Prado, la National Gallery o la Galería de los Uffizzi. Con su compañía pude, igualmente, conocer a los artistas colombianos que más adelante seducirían al mundo, como Fernando Botero.

Nueva York se prepara para el otoño y esto significa que empieza la Semana de la Moda de la ciudad. Por primera vez en la historia, el MoMA será escenario de un desfile de modas: Carolina Herrera –una de las musas de Andy Warhol, cuyas colecciones siempre han tenido un punto artístico– mostrará su colección de primavera-verano en esta institución. Horas más tarde, Óscar de la Renta lo hará en la casa de subastas de Sotheby’s. Arte y moda forman un diálogo que no cesa y, por casualidades de la vida, en estos últimos meses he estado más inmersa que nunca en el mundo del arte.

Como les comenté hace unos meses, mi gran amigo Santiago González Barberi nos dejó. El presidente y director creativo de la marca de bolsos Nancy González dejó un gran vacío en los corazones de todos los que lo queríamos y admirábamos; un vacío que, día a día, se hace más intenso e incomprensible. Santiago era un gran amante del arte y un gran coleccionista que tenía un gusto personal que se tradujo en una colección hermosa e inteligente. Parte de esta colección será subastada próximamente en Sotheby’s bajo la actividad “Contemporary Curated”, que he tenido el gran gusto y placer de seleccionar y explicar al mundo. Llegar a entender por qué una pieza le habló a Santiago, es un reto que me ha ayudado a comprender el alma de mi amigo. Santiago tenía una obsesión con el lenguaje y con el arte más conceptual, que se ve en las piezas de Jenny Holzer, Lawrence Weiner, Elmgreen y Dragset o Joseph Kosuth. Tengo la sensación de que analizando todas estas obras de arte, mi amigo Santiago me está susurrando al oído y me hace reír.

La relación entre la moda y el arte darían para escribir centenares de tesis doctorales. Desde las esculturas clásicas griegas y los diseños de Madame Grès, Dalí y Elsa Schiaparelli, o Marc Jacobs y Murakami, han sucedido centenares de diálogos entre un lienzo y un vestido. Pero, seguramente, es en el gran Yves Saint Laurent –que, por cierto, decidió hacer su último desfile retrospectivo en el centro Pompidou de París– donde vemos este diálogo de manera más clara: Yves no solamente fue un gran coleccionista de arte, sino que es imposible llegar a entender sus diseños sin hacer referencia a la pintura. De Picasso a Mondrian, pasando por los grandes clásicos como Goya y los impresionistas franceses, Saint Laurent fue un genio con una sensibilidad extrema y de una gran fragilidad.

En un lugar muy destacado de la casa de Saint Laurent estaba colgado un cuadro de Goya en el que se veía un niño que llevaba un gran lazo. Este cuadro –que el diseñador regaló al museo del Louvre– acompañó a Saint Laurent durante toda su vida y creo que fue ese lienzo el que le dio la idea de los grandes lazos que le daban vida a muchos de sus diseños. Saint Laurent quería tanto este cuadro que no se despegó de él. Algo similar le sucedió a mi amigo Santiago con la escultura Pomme Bouche: aunque Santiago parecía ser una persona precisa y seria, tenía un gran sentido del humor y sabía hacerme reír como pocos. El humor y la ironía es una de las marcas que he encontrado en su colección de arte: cuando él me explicaba esa escultura, decía bromeando que los labios se inspiraron en los suyos. Así era Santiago. Nada mejor que ver esta escultura para sentir que sigue acompañándome. Por si acaso, voy a poner mis orejas muy cerca de esta escultura para poder escuchar alguna palabra que venga del más allá. El arte, como la moda, nos hablan. ¡A escucharlos!

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 67 - SEPTIEMBRE 2017

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