Bocas

Carta abierta: para los que queremos vivir en paz

Algunas recomendaciones de la redacción de BOCAS para estar más cerca de la paz cotidiana.

Carta Abierta

Revista BOCAS

Foto:
06 de marzo 2017 , 06:58 p.m.

Bogotá, septiembre de 2016.

Para el próximo 3 de octubre el país habrá amanecido con una decisión: le habremos dicho sí o no a los acuerdos de paz que se firmaron en La Habana, sí o no a todos estos años de negociaciones, sí o no a empezar un proceso aún más complicado que exige que todos los colombianos cambiemos el chip en un sinnúmero de situaciones y empezar a estrenar la tolerancia.

¿Estamos listos para la paz? En la redacción de la revista BOCAS nos lo preguntamos a diario y, cuando lo hacemos, no nos referimos a la paz que viene luego de una firma, a los acuerdos que tanto han polarizado al país, sino a la paz de todos los días, la que se hace en la casa, en el transporte público, en los lugares de trabajo, en los colegios, en los estadios, en la calle. Bien lo dijo la doble medallista de oro olímpica, Mariana Pajón: “Poner sí o no en un papel no cambia nada si no cambio yo”.

Es por esto que hoy queremos hacer unas recomendaciones que, si se ponen en práctica, tal vez nos puedan llevar un poquitito más cerca de la paz cotidiana o, al menos, un poco más cerca de vivir tranquilos.

- Tolerancia y respeto. Tan básico y tan fácil de olvidar. Si alguien no se ve como usted –si tiene otro color de piel o se viste diferente–, si no piensa como usted –ni en política, ni en religión, ni está de acuerdo con lo que va a pedir para almorzar– o si no actúa como usted cree que es correcto, no se la monte, no lo rechace, no lo insulte, no le tema.

- Deténgase y piense que ese otro es un ser humano que tiene ideas propias y, seguramente, tan valiosas como las suyas. Piense que para otros el diferente es usted.

- Siguiendo este orden de ideas, una buena manera de hacer paz es dejar hablar a los demás. Dele una oportunidad al diálogo. Piense en todas las veces que usted no ha podido expresar su opinión y póngase en los zapatos del otro. Todos tenemos derecho de ser oídos.

- Y todos tenemos el derecho de estar en silencio, entonces, por favor, solo por dar un ejemplo, no se monte al bus o a Transmilenio oyendo música a todo volumen y sin audífonos. La paz es no imponer nada sobre los demás, sobre todo música a todo volumen, ya sea reguetón, death metal o Bach. Tampoco martirice a sus vecinos con su equipo de sonido o con su home theater de última generación.

- Hablando de volumen, ¿cuántos trancones ha solucionado pegándose al pito del carro? Sume paciencia a las virtudes de los habitantes de la nueva Colombia en paz. ¡Bajémosle! ¡Bajémosle al volumen en general!

- Piense en la diferencia que hace en el día a día evitar la violencia verbal. ¿Qué ganamos insultando al mesero que se demoró con el pedido o la mujer del call-center que no tiene la respuesta que usted demanda? ¿De qué sirve hablarle mal a la gente o insultarla? ¿Qué obtiene gritándole a sus hijos desde que se levantan hasta que se acuestan? Rompa el círculo de la agresión verbal y verá como su entorno cambia.

- Otra característica de las comunidades que viven en paz es que confían en el otro, en el vecino. Entonces, ganémonos esa confianza y dejemos de tratar de tumbar al vecino, ni a nadie: no se cuele en Transmilenio, no se robe los cien pesos de las vueltas, no cobre más de la cuenta, no pida rebaja cuando sabe que el trabajo de alguien vale lo que cobra. Volvamos a confiar en nosotros mismos, o mejor, empecemos a confiar en nosotros.

- Ahora lo hippie. Además de respetarnos los unos a los otros, respetemos el lugar en el que vivimos: evitemos botar basura a la calle, hacer pipí en sitios públicos y vandalizar la propiedad ajena. Llegó la hora de cuidar y respetar nuestras calles y nuestras ciudades como si fueran nuestras casas.

- Recuerde que colombianos somos todos sin importar el equipo del fútbol del que seamos hinchas, el partido político, la inclinación sexual, la región donde nacimos, que estemos empleados o no, que hayamos ido a la universidad o no, que vengamos de la ciudad o del campo… Todos vivimos en el mismo país y usamos las mismas calles para llegar de un lugar a otro, tratemos que ese día a día sea más amable. Todos cargamos con problemas, angustias y afanes, el tráfico es cada vez más complicado, por lo cual cada paso debemos darlo con más y más cordialidad.

- Y por último, suéltese una sonrisita de vez en cuando, dé las gracias cada vez que pueda y pida disculpas cuando se equivoque. Recuerde que lo cortés no quita lo valiente. De hecho, aquí en la redacción de BOCAS decimos: “Salude bien, despídase bien y, en la mitad, sea bien chévere”.

REVISTA BOCAS
EDICIÓN 56 - SEPTIEMBRE 2016

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