Bocas

Carta abierta a los "profes"

En su edición de junio, BOCAS dirige su carta abierta a los profesores que llevan un mes en paro.

BOCAS 64 - CARTA ABIERTA

Una reflexión sobre la educación

Foto:

123RF

18 de junio 2017 , 10:00 a.m.

Bogotá, junio de 2017.

Estimados profesores:

Al cierre de esta edición, el paro nacional, que empezó el 11 de mayo, cumple 31 días. Durante ese tiempo, ocho millones y medio de estudiantes de unos 45.500 colegios han vivido en una especie de limbo mientras 320.000 docentes están en las calles para apoyar un debate que se centra en repensar el sistema de educación de nuestro país. Sin embargo, como sucede casi todos los años, los ecos que llegan a las redes sociales están más enfocados en las frases incendiarias, los bloqueos del tráfico en las grandes ciudades y los videos que muestran los excesos –por demás inaceptables– del Esmad.

En esta coyuntura, y con el deseo de que el paro haya cesado cuando esta edición se publique, queremos invitarlos a reflexionar sobre algunos puntos que nos parecen importantes para reconocer su labor como maestros y mejorar, poco a poco, la educación pública de Colombia.

- Para empezar, les agradecemos. Lejos del lugar común, entendemos que enseñar a escribir o a leer, ser capaces de tratar con el mismo respeto al estudiante aplicado y al que nunca les pone atención, o descubrir el talento de un joven y guiarlo para que lo desarrolle, es un trabajo definitivo y esencial para construir sociedad.

- Sin embargo, hay que preguntarse si su trabajo es valorado en nuestro país. El irrespeto de los estudiantes o los padres de familia hacia los docentes es un tema invisible y tabú que está bastante presente. El Ministerio de Educación señaló que entre enero y agosto de 2016, 413 profesores denunciaron situaciones de violencia o matoneo por parte de sus alumnos. ¿Cómo evitar que esas situaciones se expandan?

- Valorar el oficio de los profesores es urgente. Por eso, vale la pena observar los dos puntos que encabezan su lista de peticiones: el derecho a la salud y a un salario justo. Por un lado, sus observaciones sobre el servicio de salud son entendibles. El sistema que los cobija está salpicado por escándalos de pésimo servicio –incluyendo un diagnóstico de estrés laboral que resultó ser un cáncer de huesos– y la licitación que definirá la empresa que les prestará este servicio lleva más de un año y aún no se ha resuelto. Son casos extremos en los que, sin duda, hay que alzar la voz.

- Por el otro lado, el salario de los docentes para 2017 varía entre $1’400.000 y 6’600.000, dependiendo de los estudios y la antigüedad. Hay casos que preocupan, como el de un profesional con doctorado que entra al magisterio con un salario básico de $2’300.000, o el de un profesor con especialización y diez años de antigüedad que gana apenas $3’000.000. Pero, ¿ese problema es exclusivo del cuerpo docente o es un síntoma que afecta, en general, a todo el ejercicio profesional en este país? En ese caso, tal vez valga la pena que ustedes, como maestros, ayuden a hacer propuestas que ayuden a valorar, en general, el trabajo de todos los profesionales.

- Llama la atención la propuesta de la mejora del presupuesto a la educación, que actualmente está en el 3,5 % del PIB y que ustedes piden aumentar al 4,2 % durante los próximos 10 años. La petición debería estar dirigida a todos los actores políticos para que se convierta en una política de Estado y no a un gobierno en particular. En pleno posconflicto es importante destinarle a la educación una buena tajada de la plata que se invertía en balas.

- Eso nos lleva a pensar en el estado de la infraestructura educativa. Hace poco EL TIEMPO publicó un reportaje sobre el municipio de Cumaribo, en Vichada, cuya área es mayor que la de Suiza y apenas cuenta con dos escuelas. Desarrollar la educación en Colombia no solo requiere de llevar tabletas a municipios donde aún no hay internet, también demanda una inmensa inversión básica. Otra de sus preocupaciones es que la adopción de la jornada única, si no se da en paralelo con la ampliación de los colegios y de la planta docente, afectaría la calidad de la educación. Tienen razón: meter cincuenta estudiantes en un salón diseñado para treinta podría llegar incluso a disparar la deserción estudiantil.

- En cuanto a las evaluaciones a los docentes, ¿acaso no son importantísimas en cualquier sistema educativo del mundo? ¿Acaso no son esenciales para subir la calidad? Durante el paro hemos escuchado mucho sobre la dignidad del oficio del maestro, pero esta se debe ganar en los colegios con clases de alta calidad, no con carteles en las calles. Las evaluaciones son necesarias.

- Sus propuestas son valiosas, pero para llevarlas a la realidad es necesario dejar de lado peticiones abstractas como la del “plebiscito de respaldo a la educación pública” o la de “recursos para los encuentros nacionales deportivos y culturales para los docentes”. Estas actividades de apoyo a la educación y la recreación son importantes, ¿pero en este momento no hay otras prioridades?

- Sus preocupaciones son también las de todos nosotros. Sin embargo, este paro ya está afectando a otros sectores económicos y vale la pena pensar si, más que expandir el debate, está generando rechazo por parte de la gente. En vez de bloquear calles, hay que aprovechar este momento para enseñarle a la sociedad el inmenso valor de la educación.

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA