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CUANDO LA COCA SE TOMA

Las mujeres paeces tienen la tarea de conservar el fuego. Son ellas la compañía y la fertilidad. Y tienen tanto valor para su cultura como la hoja de coca. En realidad, ellas son para los hombres también una planta sagrada. Con los chumbes, tejidos que simbolizan la vida, envuelven a sus pequeños hijos y se los amarran en la espalda. Luego, tejen.

11 de febrero de 2001, 05:00 am

Las mujeres paeces tienen la tarea de conservar el fuego. Son ellas la compañía y la fertilidad. Y tienen tanto valor para su cultura como la hoja de coca. En realidad, ellas son para los hombres también una planta sagrada. Con los chumbes, tejidos que simbolizan la vida, envuelven a sus pequeños hijos y se los amarran en la espalda. Luego, tejen.

Los hombres paeces trabajan la tierra. Su tarea es sembrar. Llevan en el hombro una mochila hecha por sus mujeres, se llama cuetandera y en ella guardan la hoja de coca.

Fabiola Piñacué nació en esta cultura, en el Paez, en el resguardo de Calderas, Cauca. Allí aprendió que hay que masticar coca para protegerse del arco iris que persigue a las mujeres. Los The Walas, médicos tradicionales, también la mastican para presentir los terremotos y ver venir la lluvia.

No al narcotráfico.

Hace seis años, un día antes de la avalancha del Río Paez, Fabiola concibió a su hijo y junto a él, se gestó esta historia.

Los indígenas paeces lo perdieron todo. Decían que su padre, Juan Tama, salió de las aguas frías de la laguna para castigarlos. En esos momentos, Fabiola decidió tomar las riendas de la Alcaldía del Paez y embarazada, como primera autoridad, comenzó un camino que la trajo después hasta Bogotá.

Llegó con su hijo Juan, con su compañero y con la hoja de coca a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Javeriana.

"En un debate en clase, mis compañeros dijeron que la coca era la culpable de la situación del país", cuenta Fabiola. "Me levanté y les dije que coca y cocaína no eran lo mismo. Les expliqué que para los indios la coca era sagrada. La coca era femenina. La coca era mujer", dice.

"En esa clase aprendí que tenía que defender la hoja, porque en Tierradentro era normal masticarla pero aquí no. Al otro día llevé aromática de coca a la clase", recuerda.

Y como para los paeces la coca es un símbolo sagrado que les da protección, Fabiola, quien mambea desde los ocho años, se impuso la tarea de contar qué era la hoja para los indios. "Hablaban de coca y era como si se refirieran a mí. Por eso empecé a cerrar bolsitas con vela y a venderlas a 200 pesos, no sin antes explicar que los indígenas no estábamos de acuerdo con el narcotráfico, y que la hoja de coca nos ha alimentado por siglos", dice.

Pago sagrado.

Según la leyenda indígena, un viejo sabio y adivino, Khana Chuyma, escondió los tesoros que pretendían robarles los españoles a los Incas.

Como recompensa el dios Sol le dejó una planta de hojas verdes, que llamó "bálsamo para el sufrimiento".

Los indígenas masticaban la hoja de la planta verde con el fin de aguantar el hambre y el cansancio que les provocaban las tareas impuestas por los conquistadores. Para estos, los indios no eran hombres sino mulas de carga.

Escalaban montañas con el adormecimiento que les proporcionaba la hoja de coca, pero con resentimiento por el frío, por el hambre y por el uso.

Desde esa época, recuerda la historia que los indígenas mambeaban la coca.

Hace solo unos años, los paeces, al igual que otras culturas indígenas andinas, continuaron el uso tradicional y sagrado de la hoja porque esta se convirtió en moneda y pago de los terratenientes.

Los 34.000 indígenas paeces que habitan el Cauca hoy producen cientos de matas de hoja de coca. Parte de esta la usaban en sus rituales y el resto era sido comprada por narcotraficantes, que poco a poco han ido perdiendo el mercado.

En estos momentos, 150 familias de los resguardos paeces le venden la coca a un proyecto comunitario: la aromática de la hoja de la vida, en lengua paezEshi s nasai .

Fabiola Piñacué logró empacar la hoja seca de la coca producida por su comunidad en bolsas, que posteriormente pasaron a cajas de cartón con símbolos de montañas y cabello de mujer.

"Decidí que estando en Bogotá me iba a dedicar a decirle a cada persona que conociera que la aromática de coca era una bebida saludable, que quita el mal de altura, los cólicos y a veces el mal de amores, y que no produce adicción", relata.

Para esto Fabiola se estacionó cada día desde hace cuatro años, en los corredores y las cafeterías de la Javeriana.

Hace un poco más de un mes, su comunidad paez le ofreció al primer gobernador indígena elegido en Colombia, el guambiano Floro Tunubalá, el brindis de su posesión. Con coctel de coca, las autoridades blancas de este departamento, junto a Tunubalá y a los indios, bebieron la planta de los aborígenes.

"El indio que no come coca es otra persona. No tiene los mismos sentimientos con la naturaleza y no respeta a la comunidad. La coca nos ha permitido mantenernos con vida pero además les ayuda a nuestros médicos y nos protege a nosotros de las enfermedades", dice Fabiola.

Ella y su comunidad han logrado comprar la hoja de coca en el Cauca a un precio similar que el que ofrecen los narcotraficantes.

"Nosotros pudimos convertir a mucha gente. Los suelos del Cauca son pobres y la hoja que se produce no es de la mejor calidad, por eso los narcotraficantes no la pagan más cara, mientras que nosotros vendiendo aromáticas sí lo hacemos ", dice.

En Perú y Bolivia el té y la aromática de coca se comercializan hace años. En Colombia, este es el primer intento por hacerlo. Las aguas que parieron a la cultura paez combinadas con la hoja de coca, buscan el milagro.

Fotos: Gerardo Chaves.

1.La indígena Fabiola Piñacué hace cuatro años promociona la aromática de hoja de coca en corredores de universidades, reuniones sociales y cocteles. De esta manera, defiende el proyecto productivo de su comunidad.

2.

Esh s nasa es el nombre con el que los paeces llaman la aromática de hoja de coca.