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La alegría que se va y el orgullo que queda

Viene de la pág. 3-6

29 de abril 2012 , 12:00 a.m.

El luto de un culé.

La decena del 17 al 27 de abril -que casi coincide con el centenario del hundimiento del Titanic...- será recordada como la más nefasta en la historia del Barça. (Cuando leo estas líneas, me sale una voz sombría y enlutada: "perdonen la tristeza", como decía el cholo Vallejo.) Lo peor no fue haber disparado 16 veces al arco del Chelsea en su campo y no haber podido meter un solo gol que nos acercara a la final de la Copa de Campeones de Europa.

Tampoco fue lo peor que en ese mismo partido el Chelsea perpetrara un solo ataque y anotara el tanto que le permitió liquidar el juego con la mínima e injusta ventaja del 1-0. Lo peor tampoco fue que en el plazo de los siguientes cuatro días tuviera que jugarse sus posibilidades de ganar el campeonato de España (la Liga) contra el Real Madrid y la revancha contra el Chelsea. Lo peor no fue que, en el partido en casa contra el Madrid, el Barça jugara mejor y disparara más, pero perdiera por 1-2 y, con ello, liquidara las esperanzas de ganar su cuarta Liga.

Ni fue lo peor que, 72 horas más tarde, tuviera que enfrentarse a un Chelsea descansado, y cuando se puso el Barça 2-0, Messi, el mejor jugador del mundo, desperdiciara el penalti que era la garantía de ir a la final de la Champions. Ni que el equipo culé hiciera 19 disparos al arco y solo consiguiera anotar dos goles.

Ni que el Chelsea, en tres ataques, anotara igual número de tantos y evaporara así las ilusiones de conseguir la tercera Champions en cuatro años.

Lo peor no fue que en menos de una semana nos hubieran apeado de dos de las copas que estaban casi en el bolsillo. Lo peor fue que el viernes anunció Pep Guardiola que no seguirá como director técnico del Barça. Llevaba cuatro años, había conseguido 13 de 16 títulos disputados y había creado el mejor equipo del mundo y, dicen, el mejor de la historia. Guardiola anunció que se va porque está desgastado, porque cuatro años son una eternidad. Pero se va satisfecho y orgulloso. Sus jugadores recibieron la noticia cabizbajos. La fe de ganadores que exhiben nace de la fe de Pep, que se crió en las divisiones inferiores del equipo barcelonés, y han llegado a conquistar la Copa Mundo con la camiseta española. Pep se va. Faltan palabras suficientes para agradecerle cada minuto de ese maravilloso fútbol que sedujo incluso a los adversarios. Ese GRACIAS, PEP es tan grande como el Camp Nou. Nos quedan su escuela y un grupo que juega mejor que ningún otro equipo en el planeta. Pero hay que seguir. El Barça tornará y vencerá