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Comenzó la campaña para el 2014

No se sabe qué fue lo que echó todo a rodar. ¿Saber que la derecha está organizada regionalmente para hacerle la oposición al Gobierno y que están pensando en serio en la candidatura de Uribe a la Vicepresidencia, o la encuesta de Semana que registró una significativa caída en la popularidad del Presidente y del expresidente Uribe? Pero a la candidatura de Santos para la reelección no le hace falta sino que la anuncien oficialmente.

27 de abril 2012 , 12:00 a.m.

El ofrecimiento de cien mil viviendas gratuitas para los más pobres, el traslado de Vargas Lleras a la cartera de Vivienda, la declaración que él dio de que cuando aceptó el cargo "colateralmente" renuncia a ser candidato en el 2014, y el nombramiento de Federico Renjifo en el Ministerio del Interior son señales inequívocas de que la campaña presidencial del 2014 acaba de comenzar.

El candidato oficial va a ser Juan Manuel Santos, su candidato al primer puesto en la fila india para el 2018 es Germán Vargas, y el Presidente ha puesto a la persona que mejor le guarda la espalda en la cartera de la política para coadyuvar en esa tarea. Que se tengan los de 'la U' y los conservadores que les han venido sirviendo a dos señores.

El ofrecimiento de las cien mil viviendas es otro paso de Santos hacia la izquierda. El Ministro de Hacienda explicó en la W que es una idea para combatir la pobreza extrema que le había dado Lula (la otra, que ojalá no la estén pensando, es subir el salario mínimo para aumentar el consumo de los pobres y la demanda interna).

Echeverry no le dio importancia al impacto fiscal de la medida y dijo que tenía cómo financiarlo, porque iba a pagarles a los constructores por esas casas a plazos. Habló como hablan los políticos. En un gobierno en el que el Ministerio de Hacienda pospone obras indispensables de menor valor por "el efecto fiscal", si el ministro del ramo dice públicamente que un gasto adicional de dos mil millones de dólares no le hace ni cosquillas, es por orden superior.

El efecto fiscal de la medida anunciada no es insignificante. Pero me atrevo a creer que si las cien mil casas se materializan y se adjudican entre los más pobres, y en el proceso no se roban la plata ni se la dan a contratistas amigos para que se la ferien, se va a dar un paso importante en reducción de la pobreza y se establece una tradición populista pero justa. Darles vivienda y propiedad a cien mil familias es sacarlas de la pobreza extrema.

Por otra parte, el programa va a tener un efecto expansivo en la economía regional y en la economía nacional, pues se trata de una demanda de vivienda adicional. Pero hago énfasis en la condición de que el éxito de esta idea está sujeto a que las casas sean de buena calidad, en terrenos aptos, y a que el proceso de construcción, financiación y adjudicación sea impecable. Si no lo es, y se lo entregan a corruptos o se conduce para promover clientelismo, a las cien mil familias que se beneficiarían les pondrían conejo y el desprestigio del programa traería consecuencias políticas insospechables, porque está en juego la confianza en este gobierno de sectores populares.

Quizás lo más importante de la medida es que era urgente que el Gobierno hiciera algo claro y definitivo a favor de la población de los estratos uno y dos, como lo hizo saber la encuesta de Napoleón Franco que publicó Semana.

No tiene sentido dejarles a los de la extrema derecha los votos de los estratos más bajos sin dar la pelea por la favorabilidad de esos votantes. La oportunidad de la medida y del mensaje que trae consigo es indiscutible, y por eso mismo es tan importante que se lleve a cabo sin provocar suspicacia