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El Heleno de Salcedo

A finales de los años 70 y principios de los 80, miles de colombianos y latinoamericanos fuimos hechizados por su voz: "¿de dónde será ese tipo que lo dice todo tan sabroso, que narra tan elegante el fútbol y que pronuncia tan bien el alemán?".

23 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Pronto, de alguna u otra manera, los de aquí y los de allá lo descubrimos: Andrés Salcedo era uno de los nuestros. Resultó ser un barranquillero espléndido que había conquistado los micrófonos del mundo, primero como locutor de la Cadena Ser, en España; y luego como la voz oficial de la Transtel, en Alemania, con la que nos dibujó los partidos de la Bundesliga y un inolvidable programa de concurso que le dio la vuelta al mundo: Telematch.

Hasta que un día la tierra jaló. Entonces volvió, primero a Bogotá, y luego a la Arenosa, donde hoy vive de bermudas y sandalias, frente a su mar.

En 1998, repleto de historias, lanzó Las otras caras del fútbol, un compendio de crónicas que resume su humana visión la pelota; y en el 2008, lleno de nostalgias, Barrio Abajo, el libro del cual Gabriel García Márquez dijo: "Me llevó de la mano por mi infancia".

Pero había más. Acaba de lanzar El día en que el fútbol murió (Ediciones B), una novela radiante que gira en torno a la figura del jugador brasileño Heleno de Freitas, la increíble celebridad que vistió la camiseta del Junior de Barranquilla, en la también increíble era de El Dorado.

¿Por qué una novela sobre fútbol? Porque estaba faltando. Desde que Borges anatemizó el fútbol, no está bien visto tocarlo. Algunos escritores publican libros de fútbol, pero son reflexiones, ensayos, a lo sumo cuentos o anécdotas. Pero nadie se atreve con una novela.

¿Y por qué Heleno de Freitas? No estoy solo en esta obsesión. García Márquez escribió, en menos de un año, dos columnas sobre Heleno. El mismo Gabo, Germán Vargas y Cepeda Samudio le dedicaron la portada del primer número de su mítica revista Crónica.

En Brasil, obviamente, ese culto va más lejos. Allá se han publicado dos biografías, una obra de teatro y miles de artículos y se acaba de estrenar una película sobre él.

¿Quién era aquel Heleno, 'el atleta más bello de Brasil'? El protagonista de una de las más sobrecogedoras tragedias de nuestro tiempo: el jovencito provinciano de buena familia, blanco, rico, culto, bien parecido e inteligente, que juega al fútbol como los dioses y se convierte en ídolo del Botafogo y personaje de la bohemia intelectual de Río, termina en un hospital para enfermos mentales, destruido por la sífilis cerebral. Fue el primer ejemplar de superestrella mediática que produjo el fútbol mundial.

¿Qué tanto de verdad y qué tanto de ficción hay en torno al personaje? Cuando empecé a investigar sobre Heleno para mi novela, me encontré con hechos que incluso han sido dados por ciertos. Se dice, por ejemplo, que fue amante de Eva Perón el año en que jugó para el Boca Juniors. Y un columnista brasileño muy respetado da como un hecho que en Barranquilla le levantaron una estatua. Lo del romance con Eva Perón no lo tomé muy en serio. En cuanto a la estatua, me pareció una imagen tan divertida que la incorporé al relato.

Miche, el otro gran personaje de su novela, es un púber barranquillero que sueña con ser locutor, ¿acaso será usted? Sin duda tiene mucho de mí, sobre todo esa condición de náufrago social que, aunque no lo parezca, es mi rasgo más acentuado. En medio de la gente, tanto Miche como yo nos sentimos perdidos. Lo que pasa es que yo lo disimulo y lo capoteo bastante bien haciéndome el gracioso y él, en cambio, además de ser gago, se toma la vida demasiado en serio. Su excesivo dramatismo es la razón de que, en la novela, termine siendo un perdedor.

Su novela está llena de narraciones futbolísticas de la vieja escuela, como las que hacía usted. ¿Ya no hay de eso? En Colombia ha habido, hay y habrá toda la vida grandes narradores radiales de fútbol, incluyendo a los Vinasco, los Fernández y todos los que narran partidos por televisión. Pero mentalmente, guturalmente, en la entonación, en la velocidad del relato y hasta en las metáforas que emplean, ellos nunca han sido narradores de televisión, siguen anclados en el lenguaje radial y eso les da buenos dividendos porque el oído de los colombianos también se atrofió y sólo se emociona cuando le cuentan, con esa vociferante verbosidad tan propia de la radio, lo que sus ojos están viendo.

Los hinchas de mi generación añoramos sus narraciones de la Bundesliga y su enorme capacidad para ponerles apodos a las estrellas del momento. ¿Cuáles fueron esos motes que quedaron para siempre? Un periodista uruguayo que, como usted, era un niño cuando yo narraba los partidos de la Bundesliga, me envió hace poco una lista con todos mis 'bautizos' de la época. El hombre elaboró una especie de ranking: 1.

'Migajita' Littbarski 2. 'Mateíto' Matthaeus 3. 'Porompompero' Wohlers 4. El 'Leñador' Brieggel 5. 'El espía que vino del frío' Norbert Nachweih (futbolista de la Alemania comunista).

¿Escribir de fútbol es tan divertido como narrarlo? Cuando narraba fútbol me divertía, durante y después de los partidos. Era una fantástica terapia neurolingüística. En cambio, cuando lo escribo, me divierto, claro, pero también sufro cuando la cosa no fluye como yo quiero.

Esa, creo yo, es la misma diferencia con que sienten el fútbol el jugador y el director técnico.

Narre, por favor, la jugada del partido que quisiera que pasara a la historia.

"Temperatura polar en El Campín, la tribuna calla viendo jugar a un Junior convertido en implacable tromba tropical. Ahí va Giovanni con toda su corte.

Tres a cero el marcador, pero 'tu papá' quiere más. El toque por la derecha, Vladimir destapa el tarro de las esencias, pared corta con Sherman, el santandereano pone una pica en Flandes, le hace un ocho a Ochoa y un túnel a Ithurralde, la pone con tiralíneas en el retrovisor de Ruiz, que se eleva para el remate de chalaca, Nelson Ramos intuye el desastre, se arroja a la derecha, la pelota pega en el travesaño, rebota en sus glúteos... ¡gooooool! ¡Gooool de Júnior, tu papáaaaaa!". Bueno, usted perdonará.

Lamento informarle que eso, por simples estadísticas, difícilmente sucederá...

¿Alguna más factible? Tiene razón, una victoria del Junior contra Millos en Bogotá es, desde los años cincuenta, simple utopía. Mejor esta: "Colombia enfrenta a Argentina en el Monumental... Sesenta mil personas deliran en las gradas. Aquí va James con el correo, toca en corto con Zúñiga, que recorre la banda como una exhalación, acompaña Guarín, los argentinos retroceden, Messi es un niño regañado, arremete en diagonal Pabón, centro-shoot..., Falcao se cuela entre los dos centrales, mete el frentazo, ¡goooooooool! de Colombia. De pie, por favor, estamos otra vez en el Mundial". ¿Más o menos utópica que la anterior?