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Las elecciones mandan en la cama

Los resultados de uno de los más recientes sondeos hechos en Francia a propósito de las elecciones presidenciales, cuya primera ronda se disputa hoy, llamaron la atención hasta de los más apáticos votantes.

22 de abril 2012 , 12:00 a.m.

No es para menos: además de preguntarles a 1.400 ciudadanos por sus preferencias políticas, el Instituto Francés de Opinión Pública decidió indagar también por su vida sexual, con el propósito de establecer qué tan satisfechos están en este aspecto.

Y, ¡oh, sorpresa! Resultó que los menos contentos con su actividad bajo las sábanas tienden a votar por candidatos con un discurso de protesta, ya sea de la izquierda o de la derecha.

De acuerdo con la encuesta, el 35 por ciento de los franceses que dicen estar insatisfechos en la cama le daría su voto a Jean-Luc Mélenchon (de la extrema izquierda), mientras que el 31 por ciento se inclinaría por la completamente opuesta ultraderecha, representada en Marine Le Pen. Y eso que, según el mismo sondeo, los seguidores de esta candidata tienen más encuentros sexuales (ocho en promedio al mes) que los partidarios de la izquierda (7,7 veces) o del presidente, Nicolás Sarkozy (6,7 veces).

¿No les parecen curiosos los resultados? Si los genios detrás de las campañas políticas, que creen sabérselas todas, tuvieran en cuenta esta valiosa información, no recomendarían a sus asesorados repartir, de pueblo en pueblo, mercados, licor, comida, materiales de construcción ni subsidios para 'cautivar' votantes; nada de eso.

Dependiendo de la corriente política, bien podrían entregarles el Kamasutra, que propone formas bastante creativas de disfrutar en la cama con la pareja, o dedicarse a dictar esas aburridas charlas en las que se invita a la gente a normar el aquello y a confinarlo a los viernes cada 15 días, a los aniversarios y a los cumpleaños. ¡Y no hagan esa cara, que para todo hay público! El campo de análisis político que se abre no solo es apasionante, también es infinitamente menos aburrido. ¿Qué se podría pensar, por ejemplo, de los franceses en la eventualidad de que la izquierda o la derecha extrema gane por abrumadora mayoría? ¿Quiere eso decir que a sus ciudadanos, investidos históricamente con el ropaje del sexo y el romance, les están faltando polvos de calidad? No digo que, si los hubiera, disminuiría el desempleo, mejoraría la economía o se mantendrían intactos los beneficios sociales que más de un mandatario ha buscado recortar afanosamente. Pero sí que los ciudadanos estarían menos amargados, preocupados y estresados y que quizá serían un poco más creativos, libertarios y románticos. Mejor dicho: más franceses. ¡Au revoir!