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Una buena sobre espías

20 de abril 2012 , 12:00 a.m.

¿Qué resulta de la combinación de tres figuras de la talla del actor Gary Oldman, el director Tomas Alfredson y el novelista John Le Carré? Un buen filme que satisfará a los amantes del cine clásico de espías, donde las claves del enigma se encuentran en los personajes más que en pistas ocultas u operaciones estridentes. Aquellos que prefieran la acción y las persecuciones de carros, mejor abstenerse. Tomas Alfredson, director de la memorable cinta de vampiros Déjame entrar, convierte Tinker, Tailor, Soldier, Spy, una de las novelas de Le Carré, en un espléndido acertijo cinematográfico, que llegó a la cartelera nacional como El topo. La investigación del legendario detective George Smiley sobre una infiltración en el servicio secreto británico adquiere en manos del cineasta sueco matices claustrofóbicos que alcanzan su clímax en la única secuencia de la cinta rodada a pleno sol. La exquisita obsolescencia de la Europa central y la pátina de las oficinas públicas británicas conforman un salón de los espejos que es escenario ideal para el lucimiento de Oldman, nominado a un premio Óscar por este trabajo, pero también de estrellas de la estatura de John Hurt y Toby Jones. El aspecto más polémico de la cinta es el guion. Aunque la trama es sencilla, la adaptación es compleja y la sinuosa narración cinematográfica de Alfredson la oscurece aún más. Esta manera de contar las cosas es consistente con el espíritu de una historia que desnuda poco a poco el alma de sus personajes, pero puede despistar a quien no esté concentrado. Claro que, en el peor de los casos, uno puede volver a ver la cinta para acabar de armar el rompecabezas. Un placer cinematográfico como este merece repetición