Archivo

Suicidio de un estudiante

20 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Aburrido de la vida, la frase que dejó como explicación el estudiante que se lanzó al vacío desde un edificio de la Universidad de los Andes quedó ahí.

Como tantas noticias que conmueven un día, pero son olvidadas al siguiente, como si algo más importante que la vida determinara nuestra pulsión colectiva.

El suicidio de este estudiante no es un caso aislado, sino un fenómeno creciente entre jóvenes y adolescentes, que debería concitar la reflexión de los mayores sobre lo que les estamos ofreciendo como futuro. Y sobre qué tanto hemos perdido capacidad, como sociedad, para atraer a los jóvenes a la lucha por la vida. Esa expresión conmovedora y brutal: aburrido de la vida, tampoco resulta extraña para nosotros, pues no solo la hemos escuchado más de una vez en quienes supondríamos deberían estar felices de la vida, sino que la hemos visto reflejada en los rostros de quienes efectivamente no solo no están felices, sino que lucen cansados, derrotados sin haber empezado la tarea, desesperanzados y sin el arsenal de poesía, sueños e ilusiones que tuvimos en otros tiempos, y que nos permitieron crecer, construir, disfrutar y amar, comprometiendo el corazón y las vísceras en cada uno de nuestros actos.

¿Por qué muchos de nuestros jóvenes no comprometen el corazón y las vísceras? ¿Por qué están aburridos? ¿Por qué prefieren acomodarse a las prácticas más decadentes y pueriles de esta sociedad que les vamos legando como despojo? Me temo que está aquí el ovillo de la tragedia: les estamos heredando una sociedad descuadernada, deshilachada, medrosa. ¿Qué les espera cuando terminen sus carreras? ¿Un call center?, ¿un taxi?, ¿una sociedad que ignora las cifras de suicidio juvenil y se niega a discutir este problema y muchos otros? No creo que podamos ser 'positivos' si nuestros jóvenes se tiran de los edificios, se envenenan, se lanzan a los viaductos porque están aburridos. Más nos valdría preguntarnos si es que acaso no tienen hoy más de cien razones para ello, que es nuestra responsabilidad analizar y resolver. Dije poesía. Déjenme terminar con una, escrita para los muchachos que han pensado en suicidarse y que acaso lean esta columna, habida cuenta de que la estadística de Colombia dice que pueden ser dos cada mañana. La escribió Joaquín Sabina y se llama Más de cien mentiras: http://www.youtube.com/watch? v=yf2WGBTpDxk. Si esta canción logra disuadirlos de su propósito de partir, entonces la poesía habrá cumplido su milagrosa misión de sostener la vida, y entre todos podremos empezar de nuevo. guzmanhennessey@yahoo.com.ar