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Gerenciar o llevar la contraria

17 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Bien lo decía por estos días un taxista, el problema con Petro es que sólo sabe llevar la contraria. Y es cierto, y eso lo hacía bien y le funcionaba en el Senado, pero en un cargo ejecutivo es un peso en contra donde el único contrapeso que había (Navarro Wolff) renunció a su cargo. La izquierda, y particularmente la nuestra, con excepción del nariñense mencionado, ha fracasado en el ejercicio de los cargos en el Ejecutivo. Los 4 años de Lucho, sumados a los de la corrupta e inepta administración del Polo bajo Samuelito, fueron no solo un fracaso sino que representaron una tragedia para la capital.

Vivimos en una ciudad destruida y saqueada y la mayoría de los bogotanos o, mejor dicho, de quienes vivimos en Bogotá vivimos (valga la redundancia) con la piedra afuera. Durante los periodos Castro, Mockus, Peñalosa, Mockus sentimos en esos 16 años una ciudad que crecía para bien de sur a norte, de oriente a occidente. Pero bastaron 8 años de Polo Democrático para regresarnos al paleolítico. Y es por ello que no me parece injusto, aunque solo lleve cien días, que estemos encima y con ojo avizor en el día a día de la administración Petro. Solo tenemos que hacer lo que él siempre ha hecho: criticar, joder y montársela; pues esta ciudad no se puede dar el lujo de otros cuatro años desmadrada.

Como quedó demostrado en los últimos años, la corrupción se da por igual en la derecha y la izquierda. No tiene ideología. La corrupción permitida bajo el régimen de la ideología obduliana es similar a la conocida en Bogotá bajo el Polo samueliano. Ahora bien, no creo que Petro tenga ni un ápice de corrupto, su problema es de otra índole: no conoce la ciudad, no sabe dirigir y de lejos no tiene ni idea de administrar y ejecutar. Dicho de otra manera, como decía el taxista: sólo sabe llevar la contraria. Y así no se puede. O se gerencia o se lleva la contraria.

Hay otro factor que no juega a favor de la izquierda en cargos ejecutivos: la arrogancia, el narcisismo, la desmesurada egolatría de sus líderes. Para la muestra, además de Petro, dos botones más: el senador Robledo y el excandidato Carlos Gaviria. Y así no se puede. Debido a su ensimismamiento no oyen críticas, no aceptan haber cometido errores. No oyen sino el aplauso y las palmaditas en la espalda. Le deseo lo mejor al alcalde Petro y ojalá logre hacer algo para sacar la ciudad de la desolación y el desastre en que la dejaron sus dos antecesores.

Pero oiga, Alcalde, no basta con llevar la contraria y es bueno oír de vez en cuando