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'¡Témpano a estribor!'

(En la entrega anterior: El Titanic cumple el quinto viaje de su travesía inaugural.Es el mayor buque de la historia y lleva 1.320 personas a bordo. De pronto, ese 14 de abril a las 11:40 p.m., un marinero avista un témpano de hielo, pero no puede evitar que choque el trasatlántico contra el enorme iceberg.) *****

16 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Después de un incidente con un buque pequeño al que estuvo a punto de volcar con sus hélices cuando zarpaba, el viaje inaugural del Titanic había sido perfecto: mar en calma y cielos despejados, aunque la temperatura -10 grados durante el día, 8 al atardecer, menos de cero en la noche- resultaba bastante fría. Lawrence Beesley Beesley, pasajero sobreviviente que escribió más tarde un libro sobre su experiencia, recuerda así estos días: "Todos aquellos que habían cruzado el Atlántico varias veces afirmaban unánimemente que el Titanic era el buque más confortable en el que habían viajado... Los pasajeros de tercera clase disfrutaban cada minuto de la travesía: practicaban ruidosos juegos mientras que un escocés daba vueltas por la cubierta tocando gaita".

El domingo 14, después de la cena, más de cien pasajeros se dirigieron, por invitación de un sacerdote, al gran salón, donde interpretaron himnos religiosos acompañados al piano hasta las diez de la noche. A esa hora, las camareras pasaron galletas y café y al poco rato los viajeros empezaron a retirarse a los camarotes. Beesley se encontraba leyendo en el suyo a las 11: 40 cuando sintió una mínima vibración. Algunos pasajeros que se hallaban en los corredores de estribor no solo sintieron el leve sacudón, sino que vieron cómo el buque se deslizaba rozando la masa helada. Trozos del témpano cayeron en cubierta y no faltaron unos pocos entusiastas que, a pesar del frío, jugaron a arrojarse los pedazos de hielo. Nadie pensaba que podría tratarse de un asunto serio y la gran mayoría de los ocupantes del gigantesco buque ni siquiera habían sentido el choque con el iceberg.

Pero el capitán Smith sí se dio cuenta de que algo raro sucedía cuando sintió mecerse en forma mínima su camarote. Salió de inmediato al puente de mando y preguntó al primer oficial, William M. Mudoch, qué ocurría.

-Un iceberg, señor -respondió este-. Hice un giro a estribor, eché reverso a los motores e iba a hacer un viraje a babor para esquivarlo, pero estaba ya demasiado cerca. No pude hacer más.

-¡Cierren las compuertas de emergencia! -Ya están cerradas.

La maniobra de Murdoch, lejos de disminuir el impacto del choque, contribuyó a aumentarlo, como expertos marinos lo demostraron después. Fue uno de los muchos factores que se reunieron para que ocurriera lo que ocurrió.

Como resultado de la colisión con el témpano de hielo, el buque registraba una perforación longitudinal por la que hacía agua rápidamente. Una de las aristas sumergidas del iceberg había desgarrado la lámina de acero de dos centímetros en un trayecto de 100 metros entre la punta del barco y el mástil mayor. Los compartimientos inferiores del Titanic, donde se hallaban las calderas, los depósitos de carbón y los cuartos de correo, empezaban a inundarse.

Smith mandó a llamar a Bruce Ismay, gerente de la empresa propietaria del buque, y a Thomas Andrews, su diseñador y constructor.

-¿Usted cree que el buque está seriamente averiado? -preguntó Ismay. -Me temo que sí -contestó el capitán.

Sin embargo, aún en ese instante no se pensaba en la posibilidad del naufragio. Esta solo apareció como una evidencia increíble después de que el constructor Andrews practicó una rápida visita de reconocimiento al sector averiado y se reunió con el capitán y los primeros oficiales. El inventario era más inquietante. En menos de quince minutos el agua había inundado cinco compartimientos y alcanzaba una altura de más de cuatro metros. Los 16 compartimientos estaban diseñados de manera que podían independizarse mediante compuertas en los primeros niveles. Pero si el agua superaba cierta altura, los espacios estaban comunicados por arriba y el torrente anegaría uno tras otro.

Los oficiales y el gerente Ismay, congregados en torno a la mesa, pidieron a Andrews su opinión. Este explicó la situación con fría tranquilidad.

-El Titanic puede mantenerse a flote con dos compartimientos inundados. Puede aguantar incluso con tres de los cinco primeros compartimientos llenos de agua. Hay posibilidades de que logre defenderse aun con cuatro compartimientos inundados. Pero no importa cómo lo planteen, es imposible que sobreviva haciendo agua en los cinco primeros compartimientos. El buque está irremediablemente condenado a hundirse en cuestión de un par de horas.

Durante algunos segundos el estupor impidió hablar a los conductores del buque que ni Dios podría hundir. Pero en seguida vinieron órdenes tajantes del capitán Smith. A las 12:05 de la madrugada del 15 de abril, 25 minutos después del choque con el iceberg que produjo regocijo en algunos pasajeros, Smith dispuso que se prepararan los botes salvavidas y que los pasajeros fueran conducidos a cubierta para evacuar el barco.

Poco después, el operador telegráfico recibió instrucciones de enviar mensajes de solicitud de auxilio. A las 12:15 de la madrugada, el Titanic emitió su primera llamada de socorro, que hasta esa noche correspondía al código Morse COD. Iba acompañada de los datos sobre la posición del buque y las letras MGY, que identificaban al Titanic. Media hora después, el operador asistente tuvo la idea de lanzar, además de la tradicional COD, una nueva sigla recientemente acordada como señal de peligro. Fue así como, por primera vez en la historia naval, a las 12:45 a.m. del 15 de abril de 1912 un buque emitió repetidamente el SOS...

El barco más cercano al Titanic estaba detenido a escasos 16 kilómetros del sitio donde empezaban a subir escépticos pasajeros a los botes. Era el Californian. Un minuto antes de que el Titanic enviara su primera señal de auxilio, el telegrafista del Californian había apagado el equipo y no llegó a recibir el mensaje. Al cuarto para la una, sin embargo, cuando el Titanic disparó el primer cohete luminoso para alertar a otros barcos sobre su emergencia, un grumete del Californian divisó la luz. Preocupado, el grumete despertó al capitán para informarle sobre la presencia del extraño cohete. El capitán le dijo que tratara de comunicarse en clave Morse con el buque mediante una lámpara. El grumete intentó hacerlo sin éxito. Estallaron nuevos cohetes de peligro. El grumete volvió a despertar al capitán y este se limitó a ordenarle que insistiera en el contacto con la lámpara, pero no dispuso que despertaran al operador del inalámbrico para que tratara de comunicarse por telégrafo con el buque en peligro. De haberlo hecho, seguramente el hundimiento del Titanic solo habría arrojado unas pocas víctimas.

Otro telegrafista, sin embargo, escuchó claramente la señal de emergencia. Era el del buque Carpathia, que se hallaba a 93 kilómetros del Titanic. La reacción del capitán del Carpathia, Arthur Rostron, fue completamente distinta a la de su colega del Californian. Tan pronto como se le notificó la noticia, ordenó que el Carpathia se encaminara a toda marcha en auxilio del buque y que la tripulación preparase todo lo necesario para el rescate. El Carpathia era un buque relativamente lento, capaz de desarrollar apenas 14 nudos; esa noche, con toda su energía concentrada en las máquinas, llegó a avanzar 17 nudos (23 kilómetros por hora)