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El difícil camino de Mitt Romney

15 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Sergio Gómez Maseri Corresponsal de EL TIEMPO Washington. Por fuera Rick Santorum de la contienda por la nominación republicana, el camino quedó despejado para la coronación de Mitt Romney como el gallo que enfrentará a Barack Obama en las presidenciales de noviembre.

Para Romney, sin embargo, el camino a la Casa Blanca no se ve tan despejado.

De hecho, y al menos de momento, el exgobernador de Massachusetts se ve como un candidato débil cuya única fortaleza parece ser la debilidad del actual Presidente. Sobre el papel, Romney tiene cuatro problemas centrales que son de difícil solución en los siete meses que le restan a la contienda. El primero, y quizá el más grave, es que sigue sin generar entusiasmo en la base más conservadora del partido, que lo ve como un republicano moderado, casi liberal, que no representa sus valores fundamentales.

Y sin sus votos le será muy difícil derrotar a un Presidente en ejercicio que arranca con ventaja (en la historia reciente solo dos presidentes de EE. UU.

no ha sido reelectos: Bush padre y Jimmy Carter).

A eso se suma su imagen de político distante de la clase media del país, que es la que más ha sufrido con la recesión y que no se identifica con la vida de este multimillonario. Romney, para rematar, no pinta bien ante dos grupos de votantes que serán fundamentales en las elecciones: las mujeres y los latinos.

En gran parte, las mujeres se han alejado de Romney no por su culpa sino por las posiciones de los republicanos frente a temas que les son sensibles. Entre ellos, el rechazo a una ley que promueven los demócratas y que garantiza el pago equitativo de salarios a ambos géneros.

Con los latinos también tiene grandes problemas. En su esfuerzo por conquistar a los conservadores, Romney adoptó durante las campañas posturas muy antipáticas frente a este electorado, como construir un muro que los separe de México y el no rotundo a cualquier forma de amnistía para indocumentados.

Pero aún faltan 7 meses para las presidenciales y eso, en política, es una eternidad.

Romney, y eso lo sabe, enfrentará a un Obama que también cojea y cuyos índices de popularidad están atascados en el 48 por ciento. Y aquí la historia también puede pesar. Salvo por George W. Bush, que se hizo reelegir con una popularidad de apenas el 48 por ciento al momento de los comicios, ningún presidente en los últimos 70 años (los que llevan este tipo de mediciones) ha logrado retener la Casa Blanca con menos del 50 por ciento de aprobación.

Nadie sabe qué pueda pasar en estos meses que le restan al año electoral.

Romney podría tener un as bajo la manga para contrarrestar su problema hispano, pues se especula que podría nombrar al senador Marco Rubio, de origen cubano, como fórmula para la vicepresidencia. Cómo sumen y resten todas esas variables solo se sabrá cuando los estadounidenses acudan a las urnas el 6 de noviembre.

Mitt Romney y su esposa, Ann, en Tampa, Florida, un estado en el que solo cuenta con el apoyo del 22 por ciento de los latinos. AFP