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'A qué lugar tan lindo me has traído': Obama

15 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Juan Carlos Díaz Corresponsal de EL TIEMPO Cartagena. La limusina Cadillac, en aluminio, acero y titanio, que transportaba al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, irrumpió cerca del castillo de San Felipe a eso de las 9 de la noche del viernes pasado. El mandatario, que viajó solo, se bajó de 'la bestia' y, vestido de negro, a paso firme subió la rampa hasta llegar a donde lo esperaba el presidente Juan Manuel Santos. Alcanzó a devolver los saludos que le hacían los pocos que tenían acceso al lugar detrás de las vallas.

La tensión, por tener la ciudad militarizada, se rompió con su sonrisa enorme.

"Amigo, a qué lugar tan lindo me has traído", dijo en voz alta Obama al estrechar la mano de Santos y antes de saludar con efusividad a la esposa del Presidente, María Clemencia Rodríguez, y a la canciller María Ángela Holguín.

Luego, durante la cena ofrecida por el anfitrión a todos sus honorables invitados -estaciones con ceviches, ensaladas, fritos y dulces cartageneros-, Obama estuvo allí por espacio de una hora, en la cual saludó y dialogó graciosamente con los asistentes.

Su primer encuentro con Cartagena había sido con la avenida Santander, que brevemente se llenó de curiosos al paso de su caravana.

Al llegar a El Laguito, de camino al Hotel Hilton -donde se hospedó dos noches- , ondeaban banderas de Estados Unidos en tres edificios que le daban la bienvenida y un aviso que decía: 'Obama, salva a Colombia. País fallido', mientras Olga Jaramillo sostenía en sus manos un retrato de Obama con una lágrima que quería obsequiarle.

Al hotel nunca ingresó por la entrada principal; se dice que lo hizo por la cocina.

Nunca lo vieron Tales fueron las medidas de seguridad que ni María Margota Bermúdez, vecina del hotel que compró unos binoculares para poder observarlo, ni el botones del Hilton Dionisio Mendoza, que quería tomarse una foto con él, ni Silvio Carrasquilla, el hombre del burrito Demo, pudieron verlo. Solo este último, en una esquina de Bocagrande, vio cómo Obama le sonrió y agitó su mano. Quedó feliz.