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Wallace, el hombre de las preguntas difíciles

En el corazón de la ciudad universitaria de Ann Arbor (Michigan) hay un santuario dedicado a Mike Wallace, el ícono del periodismo estadounidense que falleció el sábado pasado, a los 93 años.

10 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Es una confortable casa de tres pisos a donde concurren veteranos periodistas de todo el mundo, participantes del programa Knight-Wallace Fellowship, una de las tres becas de periodismo más codiciadas de Estados Unidos. Las fotos en las paredes y la extensa biblioteca atestiguan que es la casa que perteneció al incisivo reportero y conductor de 60 minutos, y que representa uno de sus aportes a la depuración de su oficio: todas las semanas se realizan seminarios y debates periodísticos en la llamada 'Wallace House'.

Sin embargo, su donación a la beca fue simbólica comparada con el aporte al periodismo en general que significaron sus entrevistas y reportajes especiales, sobre los que alguna vez dijo: "No hay nada como una pregunta indiscreta".

Y su carrera sí que estuvo llena de indiscreciones: en 1979, cuando entrevistó al ayatola Khomeini, de Irán, le leyó las palabras del Jefe de Estado egipcio que lo describían como "una desgracia para el islam y un lunático". El traductor vaciló en transmitir la pregunta a uno de los hombres más poderosos del mundo y terminó cediendo ante la insistencia de Wallace.

Tres años antes, había conversado con el hombre al que luego depuso Khomeini, el Sha Reza Pahlevi, de Irán, y le citó el perfil psicológico que le había hecho la CIA, y que lo describía como un "brillante, pero peligroso megalomaniaco".

En 1998, comenzó su célebre reportaje sobre Jack Kevorkian, el médico que ayudó a morir a numerosos enfermos terminales, preguntándole de frente sobre uno de sus casos: "¿Usted lo mató?".

Y en su última entrevista para 60 minutos, en el 2008, hizo jurar en cámara al beisbolista Roger Clemens que nunca había tomado esteroides.

Con la misma estudiada teatralidad que adquirió como actor de radionovelas y musicales de Broadway, Wallace cuestionó a Yasser Arafat e hizo llorar a Barbra Streissand; entrevistó a activistas sociales como Malcolm X, creadores como Salvador Dalí e ídolos musicales como Janis Joplin, a todos los presidentes estadounidenses desde Kennedy y al fundador de Playboy, Hugh Hefner.

Bueno, una salvedad: George W. Bush declinó en varias oportunidades la invitación de Wallace, por lo cual este solía bromear: "Bush es el único presidente que me ha rechazado desde Abraham Lincoln".

El periodista Tim Weiner escribió en The New York Times que "con frecuencia, su éxito radicaba en las preguntas que hacía, no en las respuestas que recibía".

Una vida de preguntas Su estilo frentero se forjó primero en el espacio Night Beat, creado en 1953, en el que durante media hora abordaba temas y personajes de actualidad. La cadena ABC lo promocionaba entonces como "el terrible Torquemada de la Inquisición de televisión".

Pero fue en 1968 cuando su vida cambió, al emprender la aventura periodística de 60 minutos, en el que fue conductor hasta el año 2006. Algunos de sus reportajes más comentados llegaron incluso al cine, como sucedió en 1999 con El informante (The Insider), protagonizada por Al Pacino y Russell Crowe. Cuenta la historia detrás de un reporte sobre la industria tabacalera que estuvo a punto de derivar en una multimillonaria demanda contra la cadena CBS en 1996.

El episodio, por el cual admitió públicamente las presiones a 60 minutos para no sacar al aire el reportaje, deterioró sus relaciones con la cadena y le recordó un episodio de 1982, cuando participó en un documental que sostenía que el Ejército estadounidense había conspirado para tergiversar el poderío enemigo durante la guerra de Vietnam.

En este caso, la amenaza de demanda, por 120 millones de dólares, fue abortada, pero Wallace cayó en una depresión profunda e intentó suicidarse con una sobredosis de medicamentos, en 1984. Su esposa, Mary, salvó su vida.

La recuperación de su salud fue un período de gran actividad y años después lo describiría como uno de los más productivos de su carrera.

De hecho, las adversidades solían estimularlo, pues en numerosas ocasiones afirmó que se había decidido a crear 60 minutos para hacer algo que hiciera sentir orgulloso a su hijo Peter, quien murió en un accidente de escalada, en 1962. Tuvo, además, otros dos hijos, Pauline y Chris, quien también se hizo periodista de televisión.

Su carrera oficial con 60 minutos terminó en el 2006, a los 88 años, pero continuó haciendo informes especiales, como cuando entrevistó, al año siguiente, al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, con la misma contundencia del pasado y con similares resultados: el trabajo le mereció el premio Emmy en televisión, galardón que ganó en 21 oportunidades.

Justamente, por su autoridad periodística, participó en la creación de los premios Livingstone, que distinguen a los reporteros de menos de 35 años en medios de Estados Unidos.

Autoridades de todo el mundo lamentaron el deceso de Wallace, ocurrido en un centro para la tercera edad en New Canaan (Connecticut). La cadena CBS prepara un especial sobre su trabajo periodístico, que saldrá al aire el próximo domingo, 15 de abril. Además, publicó en Internet extractos de sus mejores entrevistas, en las que se ve el paso del tiempo en su rostro surcado por las arrugas.

Entre las más célebres está la primera que le hizo a Ronald Reagan, por entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, en 1976. Como si se lo preguntara a sí mismo, Wallace indaga a Reagan en su hacienda de Santa Bárbara: "Estamos en uno de los más hermosos lugares de California... Tiene sus caballos, su familia, su dinero... ¿Qué cosa en el mundo pudo persuadirlo de meterse en esto?"