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Los 50 años de las misas folclóricas colombianas

Cartagena. La misa que el pueblo católico celebra hoy con entusiasmo y que cada día contiene más elementos musicales, fue objeto de severas críticas hace 50 años, luego de que el Concilio Vaticano II ordenara que cada región o país celebrara el ritual en la lengua vernácula, y de igual forma, los cánticos que la acompañan.

07 de abril 2012 , 12:00 a.m.

El cambio radical de una misa en latín, con el cura de espaldas a los fieles, a una más cercana a la propia gente, con cantos en ritmos populares, escandalizó a más de uno.

En Colombia una vez que salieron los primeros textos oficiales, para los años 1963-1964, un joven que cursaba estudios teológicos, que además era músico y poeta, se dedicó a componer música para las expresiones: 'Señor ten piedad', 'Gloria al Dios en el cielo', 'Creo en un solo Dios', 'Santo, Santo' y 'Cordero de Dios que quita el pecado del mundo' que, antes del Concilio, eran recitadas en latín.

Este joven, uno de los culpables de la 'satanización' que se le dio a la nueva forma de dar la misa, fue Rubén Darío Vanegas Montoya, en ese entonces estudiante de teología, y autor de la primera Misa Folclórica Colombiana, la cual se ofició en la iglesia de la Porciúncula de Bogotá.

El salto de pasar de cantos gregorianos a cantos vernáculos, las 11 misas y la polifonía eclesiástica, se inició, según lo recuerda el padre Vanegas, en Francia, con los salmos compuestos por un sacerdote de apellido Gelinau. "Toda la música la compusimos con ritmos colombianos como bambucos, pasillos y cumbia, que no eran ritmos tropicales tan intensos como los que lo que se escucha hoy, pero en ese tiempo produjeron un gran escándalo", recuerda.

Este año, cuando se cumple medio siglo de la convocatoria del Concilio Vaticano II hecha por el Papa Juan XXIII en 1962, para propiciar una apertura con el mundo moderno, el sacerdote franciscano que estudió música en Europa, explica cómo fue la transición.

"Aunque los alcances de este proceso que dio vida al Concilio son muy amplios porque abogan por una nueva orientación de la experiencia del Catolicismo en general, posiblemente el aspecto más sobresaliente concentra en la misa, el ritual fundamental y celebrado de manera más estricta del culto católico", señala. Después de la primera misa folclórica, cuando se completó un larga duración con 6 canciones de tipo religioso y algunas de ellas con movimiento rítmico moderno, se produjeron titulares de prensa como uno que decía: 'Los franciscanos de la Porciúncula se mueven al ritmo del twist'.

Y lo más pintoresco, según recuerda fray Rubén Darío, es que en una de las carátulas de los discos grabados aparecía él con una acordeón en el hombro.

"Una de sus canciones dice: Con un acordeón al hombro y una sonrisa en los labios, pase la vida cantando, y todo eso, en la década de los años 60, lo asumía la prensa como algo sensacional", cuenta el sacerdote franciscano.

También sostiene que algunos obispos aceptaron decir la misa en lengua vernácula pero hicieron todo lo posible para que los cantos se siguieran presentando en la forma tradicional. El argumento que utilizaban para demeritar los cánticos en música popular criolla era que la única forma para acercarse a Dios por medio de la música era a través de los cantos gregorianos.

Nota completa en www.eltiempo.com.

Un frayle con vena musical.

El padre Rubén Darío Vanegas Montoya, nació en Envigado (Antioqueño) en 1942. Fue ordenado sacerdote el 22 de 1968, por su Santidad Pablo VI. Se graduó en Filosofía en la Universidad de San Buenaventura, en 1963 y luego estudió teología. Su actividad musical innata la complementó con estudios en la Escuela Superior de Música de Rin, en Colonia (Alemania), entre 1974 y 1976.

Ha publicado diez larga duración (long play) de carácter religioso y tres cd de corales. También es autor de un libro de corte costumbrista 'Del carriel y la guayaba'