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Ellos llegan a otro mundo

Por muy duras que sean las condiciones del secuestro, esta experiencia constituye un estado de normalidad para los liberados. No es para menos: sus cuerpos y sus mentes acaban adaptándose a la adversidad para sobrevivir.

04 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Es esperable que el regreso a sus casas, a sus familias y a su entorno represente para ellos un choque físico y emocional. Será necesario que desarrollen, junto con sus seres queridos, un proceso de readaptación a la vida. El apoyo familiar, social y laboral es tan vital como el acompañamiento médico y psiquiátrico.

Todos requieren procesos de adaptación inmediatos y a mediano plazo, que involucran funciones complejas relacionadas con las emociones. Los inmediatos hacen referencia al reconocimiento de las personas con las que van a vivir, de los nuevos hábitos y de la tecnología.

A mediano plazo hay que abordar adaptaciones sobre las expectativas de vida, que incluyen atenuar lo que genéricamente se conoce como estrés postraumático, que puede tener síntomas como la depresión, la psicosis y el manejo empírico de la ansiedad, que puede desencadenar el uso de sustancias (el seguimiento depende de cada caso). El chequeo físico inicial indica si están afectados por dolencias crónicas o adquiridas en cautiverio, y permitirá trazar la ruta de su reacondicionamiento