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Jorge Mendes: el dueño de la pelota de plata

A Jorge Paulo Agostinho Mendes, o simplemente Jorge Mendes, no le gusta aparecer frente a las cámaras y suele mantener un perfil muy bajo, pero puede ser hoy en día uno de los hombres más importantes del fútbol mundial. Es el representante de figuras como Cristiano Ronaldo, Radamel Falcao García y hasta de José Mourinho, que, de su mano, pasó por el Porto, fue al Chelsea, triunfó en el Inter, está ahora en el Real Madrid y, si los rumores se confirman, todos ellos podrían llegar en la próxima temporada al Manchester City. Mendes, un hombre nacido hace 47 años en Lisboa, es hoy por hoy el representante de futbolistas más importante del mundo (véase gráfico), con más de cien jugadores a cargo de su empresa, Gestifute. Los teléfonos de los presidentes de los principales clubes están en su agenda. Puede desayunar en Londres, almorzar en Madrid y comer en Milán el mismo día, viajando en su avión privado. Pero no siempre fue así.

01 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Antes de convertirse en licenciado en Ciencias Económicas, Mendes quiso ser futbolista. Era mediocampista zurdo, pero el juego no le dio para llegar a ser profesional, a pesar de haber tenido en su momento una oferta del Benfica. Le alcanzó para llegar a un club de la división de ascenso, el Vianense, donde comenzó a desarrollar su visión para los negocios, al pedirles que le permitieran comercializar las vallas publicitarias. Con los primeros billetes en su bolsillo, se metió en otro campo, el de las videotiendas. En medio de casetes de Beta y VHS, fue juntando una pequeña fortuna, en una firma llamada Samui Video. Y luego montó una discoteca, en la que relanzó su vínculo con el fútbol, casi por accidente. Una noche, Nuno, portero en ese entonces del Vitoria Guimaraes, llegó a divertirse y conoció a Mendes. Después de charlar un rato, se convirtió en su empresario y al poco tiempo, en 1997, logró convencer al presidente del Deportivo La Coruña, Augusto César Lendoiro, de contratarlo. A Mendes le tocó aprender a moverse en un mercado difícil. Primero, tenía que recortarles terreno a los dos líderes del mercado portugués, José Veiga (el agente de Luis Figo) y Palio Barbosa. Con Veiga, incluso, llegó a irse a los golpes en un aeropuerto, y a Veloso, poco a poco, le sacó lo mejor de su portafolio. También apeló a su buen ojo: comenzó a recorrer su país en un carro de gama media para buscar talentos. También aprendió una de las premisas básicas de cualquier negocio: comprar barato para vender caro. Así logró meterse en Suramérica, utilizando a Portugal como vitrina. El principal ejemplo de esta forma de trabajar fue Ángel Di María, al que Benfica compró a Rosario Central en dos cuotas y luego lo vendió al Real Madrid en 25 millones, más otros 11 que dependían de su rendimiento.

Otra de las fórmulas de su éxito fue vender jugadores en bloque. Porto fue el equipo sensación de Europa en 2003, cuando ganó la Copa Uefa, y 2004, cuando se coronó en la Liga de Campeones. Poco después, Mourinho, DT de ese equipo, se fue al Chelsea con todo su cuerpo técnico, además de Ricardo Carvalho y Paulo Ferreira. Su fama fue creciendo y logró llevar a Mourinho, Pepe y Cristiano Ronaldo al Real Madrid. Lejos quedaron los recorridos en carro (entre la gama media y el avión privado hubo una escala: alguna vez tuvo que recoger en un aeropuerto a Florentino Pérez, entonces candidato a la presidencia del Madrid, en un Porsche: los escoltas de Pérez lo tuvieron que seguir en taxi. Cada verano europeo mueve más de 200 millones de euros. El año pasado firmó con Falcao. Y ahora, podría armar un combo explosivo en el Manchester City