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Entre Penélopes y Ulises contemporáneos

“Mi intención al escribir Pasiones griegas era hablar de la forma como se vive hoy en día el amor, y comprendí que de Penélope y Ulises, que son la pareja paradigmática por excelencia, todavía quedan algunos vestigios”, comenta el escritor chileno Roberto Ampuero.

30 de junio 2007 , 12:00 a.m.

En Pasiones griegas, a diferencia de La Odisea, es la mujer quien sale de su casa y de su tierra para encontrar la verdad de un pasado confuso y doloroso que no la abandona y la agobia.

“Necesito tiempo y distancia para encontrarme a mí misma y disponer de mi vida. No es una decisión en contra tuya, sino a favor mío. Por favor, no me llames ni me busques”, ese es el mensaje que Fabiana le deja a su esposo Bruno en el correo electrónico cuando lo abandona.

La pasividad de Penélope, que espera, teje y desteje, contrasta con la desesperación de Bruno al verse abandonado, pues él decide salir en busca de Fabiana y es solamente cuando emprende este viaje que se da cuenta de que no sabe cómo ni dónde puede hallarla porque “pese a los años de matrimonio, era poco lo que sabía de su mujer”.

Bruno no sabe cómo entender la desaparición de Fabiana, pero concluye rápidamente, así se lee en las líneas de la novela, que “esa era su forma de exigir ser vista e interpretada, y por ello necesitaba rescatar de su memoria la historia personal de ella, una historia que Fabiana le había contado fragmentadamente, pero a la cual él jamás le había prestado atención, como si fuese a disponer para siempre de su mujer a su lado”.

Curiosamente, Bruno empieza a buscarla y termina siendo él quien se pierde y enreda en los hilos de su propia historia y de lo que más lo ha separado de su esposa: la infidelidad y el sexo. En ese sentido Ampuero explica: “En el hombre la infidelidad está determinada por la oportunidad que se le presenta de tener una aventura; en la mujer es la forma de cortar definitivamente con los vínculos que quedan”.

“Bruno se dijo que no entendía a Fabiana, porque él sí podía, como Ulises en el mar Egeo, separar la carne del amor y seguir navegando en busca de Penélope”.

Sin embargo, dos mujeres jovenes con las que Bruno protagoniza nuevos episodios de infidelidad desconciertan a Bruno y lo hacen replantearse su relación con Fabiana.

“Ellas lo tratan y lo enfrentan a él de la misma forma como él lo ha hecho con sus anteriores amantes; es decir, no se involucran afectivamente con él, solo sexualmente. Eso significa, entre otras cosas, que la independencia económica de la que gozan las mujeres actualmente les permite también divertirse a nivel sexual sin compromisos o aceptar y mantener un matrimonio fundamentalmente por amor, no por la presión social ni la tradición”, dice el escritor.

Al llegar al final de Pasiones griegas se abren un sinnúmero de interrogantes acerca de la posibilidad que tienen hombres y mujeres de escoger si escriben su vida como Penélopes y Ulises o si reescriben y actualizan su propia historia.

John W. Vizcaino / EL TIEMPO.

‘‘Bruno era como Ulises: a lo largo de la vida podía gozar el placer que le deparaban otras mujeres, aunque sin dejar de amar a su propia Penélope” Fragmento de la novela ‘Pasiones griegas’.