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Uribe habló poco y escuchó mucho

De pie, en una sala desocupada expresamente para la reunión, el presidente Álvaro Uribe dialogó durante hora y media el jueves pasado con unos 30 familiares de los ex disputados muertos en un campamento de las Farc.

30 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El Presidente arribó con la cúpula militar, el Gobernador del Valle y algunos de sus funcionarios más cercanos a la unidad residencial donde vive Fabiola Perdomo, la viuda de Juan Carlos Narváez, uno de los ex diputados muertos.

Uribe descendió del carro y recibió gritos de apoyo desde tres balcones de la urbanización. Los familiares de las víctimas permanecieron en silencio, sentados en sillas alineadas en una calle interior.

El Presidente comenzó el diálogo con la ratificación del contenido del comunicado emitido horas antes desde Palacio. Con llanto, los familiares de los ex diputados insistieron en que el acuerdo humanitario es la única opción de vida para los otros secuestrados.

Ratificó que no podía hacer el despeje de Florida y Pradera, como piden las Farc, y menos ahora, con la muerte de los ex políticos.

Los familiares ofrecieron respaldar al Presidente para que despeje esos municipios por 45 días y que, en caso de que la guerrilla no facilite el acuerdo, ellos mismos denunciarían esa situación.

El mandatario no cedió. En cambio, aceptó la conformación de una comisión, de la que hará parte el Alto Comisionado de Paz, para buscar la entrega de los cadáveres.

También acordaron buscar mecanismos para que las familias de los diputados muertos no queden desamparadas.

“El Presidente nos escuchó con tranquilidad…”, dijo Diego Quintero, quien había manifestado que el Gobierno tenía parte de la culpa en la muerte de su hermano, el diputado Alberto Quintero, por no concretar un intercambio.

Al terminar la reunión, el Presidente dio una improvisada rueda de prensa en la que señaló a las Farc, su principal enemigo, con los peores calificativos.

Los periodistas que cubren Palacio dijeron que ese día Uribe se notaba muy consternado. Se le veía una excesiva rigidez en sus movimientos. El rostro adusto y la voz recia delataban su estado de ánimo.

''El Presidente nos escuchó con tranquilidad..., esperó a que nos desahogáramos, a que le dijéramos lo que sentimos... eso lo desarma a uno”.

Diego Quintero, hermano de uno de los muertos en poder de las Farc