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BRÚJULA

29 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Crimen abominable Para un país que ha ido dejando atrás sus épocas más oscuras, el abominable asesinato de 11 de los 12 diputados del Valle del Cauca secuestrados por las Farc hace cinco años en Cali, es una dura manera de constatar todo lo que le falta a Colombia para recorrer los caminos de la paz y la concordia. Tal como ha ocurrido con otros episodios trágicos que lamentablemente abundan en la historia nacional, en esta oportunidad las Farc volvieron a demostrar no solo su crueldad sino su cinismo sin límites, tratando de capitalizar un hecho del cual son los únicos culpables.

Con el frío comunicado emitido en la madrugada de ayer por el grupo guerrillero quedaron truncadas las esperanzas de un puñado de familias que, a lo largo de un lustro, nunca cesaron en el empeño de volver a ver a sus seres queridos. El valor civil que mostraron, así como su dignidad ante la tragedia que los enluta, son un ejemplo, no solo para el país, sino para el puñado de cobardes que causaron la muerte de sus familiares y trataron de lavarse las manos ante lo sucedido.

Tal como pasa en las horas aciagas, el deber de los ciudadanos de bien es rodear a las instituciones. Como pocas naciones del mundo, Colombia ha enfrentado desafíos que habrían derrotado a otros pueblos y ha aprendido que ante la sangre vilmente derramada, el proceder correcto es responder con la legitimidad que dan la Constitución y las leyes. Por tal razón, además del dolor que embarga a todos, hay que procurar por mantener el rumbo para que el Estado ocupe el terreno que hoy tienen los violentos, cuyo destino no puede ser otro que el de la desaparición definitiva.