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12 horas de agonía de los familiares

Fabiola Perdomo se apartó de la nube de periodistas que cubrían en vivo y en directo desde la sala de su casa las reacciones de los familiares de los ex diputados muertos y, por unos instantes, se dejó caer, abatida, en un sofá de la salita de música.

29 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Era la 1 y 15 minutos de la tarde de ayer. Habían pasado 12 horas desde que una voz nerviosa la sacó del sueño para darle la peor noticia de su vida. Le contó que su esposo, Juan Carlos Narváez, y otros 10 de los 12 ex diputados secuestrados por las Farc en abril del 2002 habrían muerto durante combates ocurridos en las montañas del suroccidente del país.

Su interlocutor, un periodista, le dijo que la información provenía de la página de Internet de la agencia Anncol, que distribuye información de ese grupo subversivo.

Fabiola Perdomo llamó enseguida a Patricia Nieto, la esposa de Sigifredo López, el único diputado que, según el comunicado, había sobrevivido por no hallarse en el campamento.

Minutos después, la casa de Fabiola Perdomo se empezó a llenar de gente cercana a los políticos secuestrados y, sobre todo, de periodistas, fotógrafos y camarógrafos que no le dieron tregua.

En la salita de música, Fabiola Perdomo lloró por varios minutos junto a Luz Marina Reyes, la madre del ex diputado Narváez, que permanecía inconsolable.

Una mano le alcanzó un teléfono celular: “Es el gobernador de Antioquia”, le anunciaron.

Fabiola Perdomo recobró la fortaleza con la que ha liderado durante más de cinco años la propuesta de un intercambio humanitario para recobrar a sus familiares.

“Nos sentimos impotentes –dijo–. ¿Qué vamos a hacer?, ¿Cuándo vamos a recuperar los cadáveres?”.

Poco después se enfrentó de nuevo a las cámaras y micrófonos. A esa hora la sala y la terraza de la casa se encontraban relativamente tranquilas, salvo por la actividad febril de los periodistas.

El momento más dramático transcurrió hacia las 9:40 de la mañana. A esa hora alguien le subió el volumen a un equipo de sonido para que todos escucharan un boletín radial. Según este, las Farc acababan de confirmar la muerte de los 11 ex diputados.

El llanto estalló por todos los rincones de la casa. Por unos instantes, el lugar se volvió caótico, las cámaras y micrófonos se encendieron y algunos corrieron a abrazarse.

Alejandro Orozco, un hijo de Nacianceno Orozco, estalló en medio de sollozos: “Mi papá no merecía morir así… no merecía que lo mataran como a un perro”, dijo.

Muy cerca de él, su madre, Ruby Jaramillo, repetía: “Me lo mataron… Me lo mataron”.

Una joven, hija del ex diputado Carlos Alberto Charry, se desmayó en la terraza y tuvieron que llevarla al médico.

Fabiola Perdomo también se sentó a llorar por unos instantes. En ese momento arreciaron las críticas de los familiares al presidente Uribe. Algunos de ellos, incluida Fabiola Perdomo, lo acusaron de ser culpable de la muerte de los ex diputados por no negociar un acuerdo con las Farc.

De pie, silenciosa junto a un muro, permanecía Blanca Leonor Ortega, la esposa del ex diputado Rufino Varela. Hasta ahora, guardaba la ilusión de verlo regresar para leerle las cosas que escribía todos los días en agendas y cuadernos. En estos le contaba cosas cotidianas, como los dolores de cabeza que había pasado por cuenta de la remodelación de la casa.

Pero ahora, Blanca Leonor Quintero, al igual que Fabiola Perdomo, solo tienen un último y triste clamor para los guerrilleros de las Farc: “que les permitan recuperar los cadáveres para poder velarlos y enterrarlos como se merecen”.

Anoche, Uribe les dio la cara a las viudas y los huerfanos.

Escoltado por dos vallunos, el gobernador Angelino Garzón y el ministro del Interior, Carlos Holguín, llegó anoche el presidente Álvaro Uribe, hasta el sector de Ciudad Jardín, en el sur de Cali, donde lo esperaban los familiares de los 11 diputados asesinados.

Aunque algunos asesores le aconsejaron no ir, Uribe se empeñó en darles la cara a las familias de las víctimas y a las 7:30 arribó al conjunto residencial donde vive Fabiola Perdomo, esposa de Juan Carlos Narváez, uno de los políticos muerto.

Tan pronto el Presidente descendió del vehículo que lo transportó, decenas de moradores de la zona salieron a las ventanas de sus apartamentos para aplaudirlo y avivarlo.

Al fondo de la urbanización, en un espacio abierto (una especie de calle ciega), unas 40 personas, familiares de los diputados, esperaban sentadas al mandatario. Algunas vestían camisetas negras en señal de duelo.

Cuando Uribe se aproximó para saludarlos, dándoles la mano, varios reporteros cargados de luces y micrófonos se precipitaron sobre el grupo, generando confusión.

Algunos periodistas terminaron subidos en las sillas para captar las imágenes, lo cual obligó a la Policía a crear un cordón de seguridad que impidió conocer detalles del saludo y la conversación del mandatario con sus anfitriones.

Convocatoria matutina Uribe había comenzado la jornada desde muy temprano (a eso de las 2 de la madrugada de ayer) cuando fue enterado de la situación.

Cuando amaneció, el Presidente ya había convocado Consejo de Ministros en Palacio y había hablado con jefes de varias guarniciones militares en busca de información.

Aunque los miembros del gabinete acudieron a Palacio un poco después de las 6 de la mañana, Consejo de Ministros, como tal, no hubo. Uribe se encerró en su despacho con los ministros de Defensa, Juan Manuel Santos, y del Interior, Carlos Holguín, y los miembros de la cúpula militar desde las 7:30 de la mañana, para evaluar la situación, mientras los demás lo esperaban en otra sala de Palacio.

La principal conclusión Después de escuchar a los altos mandos militares y repasar los operativos realizados las últimas semanas, día por día, Uribe llegó a la principal conclusión: el Gobierno no asume ninguna responsabilidad por los hechos en que los dirigentes políticos fueron asesinados y toda la culpa es de las Farc.

Tras llegar a esa conclusión Uribe se sentó frente al computador y redactó, él mismo, el comunicado de 18 puntos que luego leyó durante una alocución radiotelevisada desde la Casa de Nariño.

A las 11:30 de la mañana, cuando iba a leer la comunicación, el Presidente reclamó que la transmisión se hiciera por todos los canales de televisión. Y aunque ya estaba en el atril y los reporteros apuntaban sus luces, se devolvió. Uribe modificó su decisión y les hizo saber a los periodistas que lo haría a las 12:30, justo cuando los noticieros de televisión meridianos inician sus emisiones.

El Presidente retomó su agenda después del mediodía, atendió un almuerzo con sindicalistas, habló con sus embajadores en Washington, Carolina Barco, y en París, Fernando Cepeda Ulloa, a quienes les pidió explicar la posición de su Gobierno.

‘‘ El Gobierno acusa al grupo terrorista de las Farc del asesinato de los diputados vallecaucanos, cuya muerte ha sido reportada por la misma organización criminal”.

El presidente Álvaro Uribe, tras dejar toda la responsabili- dad en poder de las Farc.

La solitaria protesta de madres de los secuestrados.

A las 4 de la mañana, el pecho se le estrujó ayer a doña Virginia, la madre del cabo Luis Alfonso Beltrán, que lleva 9 años en manos de las Farc, cuando comenzó a escuchar las noticias en el radio.

“Me levanté a ver si le podía mandar un mensaje a mi hijo por Antena 2 cuando me enteré que habían matado a los diputados. Me dio mucho dolor por esas familias, tanto tiempo esperando y levantarse con una noticia de esas”.

Al rato, la llamaron y le dijeron que había reunión en la Plaza de Bolívar.

Se puso la camiseta blanca, con la foto de su hijo, se subió a un bus y salió de Sierra Morena, en el sur de Bogotá.

Llegó a las 8 de la mañana a la plaza. Allí, Virginia, que fue hasta el Caguán a hablar con las Farc, se encontró con Marleny Orjuela, la presidenta de Asfamipaz, y con familiares de otros militares y policías que siguen secuestrados, entre los que se encontraban los del capitán Guevara, que ya no piden su libertad sino sus huesos.

El pequeño grupo caminó hacia la sede del Ministerio del Interior, en la Avenida Jiménez, donde se detuvo y gritó consignas de ‘No al rescate militar’. Pero sus voces se ahogaron con los pitos de los carros. “Estamos por el acuerdo humanitario y no al rescate a sangre y fuego”, dijo Orjuela.

Protestaron una hora y se disolvieron entre la multitud, que las miraba a lo lejos.

Virginia, de 67 años, caminó unas cuadras y se sentó en una cafetería, donde venden buñuelos y empanadas, cerca del Palacio de Nariño, para ver en un televisor las noticias. Mientras se comía una empanada, recordó como ha pasado todo este tiempo sin su hijo, como su esposo se fue de la casa un tiempo, como se quedó sin trabajo, como le empezó a doler el corazón. “Pero tengo que vivir para recibirlo cuando salga de allá”.

Mientras tanto, arriba, en la Plaza de Bolívar, varios miembros de ONG pedían a gritos que se realizara el despeje y el acuerdo humanitario.

En la cafetería a Virginia le dio el mediodía y por el televisor escuchó lo que dijo el Presidente Uribe, a pocas cuadras. “No lo conozco, en todo este tiempo no hemos hablado con él”. Cuando terminó la alocución, solo dijo con tristeza: “¿Será que todos van a regresar a casa como los diputados?”. Y se fue a tomar el bus a su casa.

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Persisten dudas por supervivencia del diputado sigifredo López.

Más preguntas que respuestas sobre la suerte de Sigifredo López rondan en la cabeza de su esposa, Patricia Nieto.

El comunicado de las Farc que confirma que el diputado fue el único sobreviviente de la tragedia que enluta a once familias vallecaucanas, no la llena de optimismo.

“¿Realmente está vivo?¿Está enfermo?¿Será que no puede caminar?”, son algunas de las preguntas que se hace con sus hijos Lucas y Sergio, con quienes comparte sentimientos de alegría y dolor por las familias de los compañeros de cautiverio.

Ella, que guarda la esperanza de celebrar los 21 años de casados el próximo 21 de agosto, no está tranquila. No entiende por qué los demás diputados estaban en un grupo, cuando a través de las pruebas de supervivencia se sabía que estaban distribuidos de a tres.

“Lamentablemente quisiéramos que esto no fuera cierto y que en otro comunicado de las Farc dijeran que todos están vivos y reunidos”, dice la señora Nieto.

Para Nelly Tobón, la madre de López, no son menos las preguntas. “¿Quién nos confirma cómo está, dónde está y quién lo tiene?”, repite en medio lágrimas.

Temor en Florida y Pradera Las circunstancias en que se encuentra el diputado no solo inquietan a su familia.

Las Farc han insistido en el despeje de Florida y Pradera, este último tierra natal de López, para materializar el acuerdo humanitario.

La respuesta a la solicitud del grupo insurgente fue la militarización de los dos municipios que terminó por dividir a los pobladores, temerosos de ser estigmatizados.

Por eso, en la plaza principal de Pradera ya no se celebran misas ni hay multitudinarias marchas en las calles.

La supervivencia de quien fue su alcalde en 1992 se ha convertido en una coincidencia que llama la atención de sus paisanos.

Ellos están acostumbrados a escuchar las voces de respaldo por una solución concertada de los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Ernesto Samper y han visto pasar, fugaz, por su tierra al ex ministro Álvaro Leyva en búsqueda del acuerdo humanitario.

Cierto o no, la única esperanza de vida que tiene hoy el Valle corre por cuenta de Sigifredo López, quien ha dedicado años a trabajar por su comunidad.

‘‘ Mi papá no merecía morir así… no merecía que lo mataran como a un perro, tirado allá en el monte”.

Alejandro Orozco, un hijo de Nacianceno Orozco.

‘‘ Si Sigifredo está vivo es por su esperanza en Dios. Y aunque se ha sentido abandona- do por el Gobierno creo que aún espera que se haga algo por todos los cautivos”.

Patricia Nieto, esposa del diputado Sigifredo López.