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Brasil, ‘el hijo del mariachi’

México, con una obra maestra de Nery Castillo y un Guillermo Ochoa gigante en el arco, le arruinó ayer el debut de Dunga en su primer torneo oficial como entrenador al derrotar 2-0 a Brasil en la Copa América.

28 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Castillo abrió el marcador con un gol de marca a los 23 minutos y Ramón Morales hizo el segundo de tiro libre a los 29.

Ochoa, portero del América que se perfila para tomar el puesto de Oswaldo Sánchez, le ahogó el grito de gol a los brasileños al taparles varios remates a lo largo del complemento.

México quedó trepado en el primer lugar del Grupo B con Chile, que en el primer partido remontó para vencer 3-2 a Ecuador.

Fue una recuperación anímica fenomenal de México, ya que llegó a Venezuela dolido por haber perdido la final de la Copa de Oro ante Estados Unidos.

Hugo Sánchez salió con una alineación que sorprendió a muchos, al poner desde el vamos a varios jugadores que no habían salido de titulares, aunque forman parte del proceso del estratega, como el defensor Fausto Pinto, el volante Jaime Correa y el delantero Juan Carlos Cacho. Este último remplazó a Francisco Fonseca que tras la Copa de Oro optó por no viajar a Venezuela.

Pero la apuesta de Sánchez le dio dividendos, ya que Cacho dio la asistencia para el golazo de Castillo.

El equipo mexicano se notó fresco y suelto. Castillo fue un dolor de cabeza, mientras que Ochoa una muralla, aunque el delantero del Olympiakos griego erró dos goles cantados, incluyendo uno con el arco vacío en el último minuto del partido.

El primer cuarto de hora fue para Brasil y cuando daba la impresión que estaba más cerca de remecer las redes, llegó la genialidad de Castillo. El ariete tomó un pase medido de Cacho cerca del área chica, humilló a Maicon con un sombrero e infló la malla rival.

Cuando Brasil aún no se había repuesto de ese gol, vino el segundo mexicano en un tiro libre desde unos 20 metros lanzado por Morales que dejó pasmado a Doni, quien no hizo el mínimo intento ante un disparo sobre la barrera que parecía detenible.

Dunga buscó mayor ofensiva desde el arranque del complemento metiendo a otro delantero, Afonso. Las emociones de gol crecieron y se agigantó el golero mexicano, quien durante cuatro oportunidades impidió el descuento de un Brasil al que anoche también le ganó el desespero.

UN TRIUNFO DE LA FE Y LA TERQUEDAD ''A un equipo como Brasil se le respeta atacándolo y proponiéndole un juego ofensivo. Así lo planifiqué y los muchachos lo entendieron bien”.

Hugo Sánchez, director técnico de México