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De pronto, un camino nuevo

La primera opinión que tuve hace ocho años, cuando se planteó por primera vez el canje, fue negativa. Me parecía un ejercicio destinado a fortalecer, con cuadros de mando frescos, a las Farc. Pero tres años después, al confrontar la primera lista de los guerrilleros que quería el grupo armado que fueran liberados, se vio que el 90 por ciento de ellos habían salido libres, o por pena cumplida o por fuga. Mientras que los guerrilleros salen solos de la cárcel, los secuestrados solo saldrán por un acuerdo gobierno-Farc, o mediante un golpe de suerte como el del subintendente Pinchao. Por eso cambié de idea y ahora defiendo el acuerdo humanitario por una razón: es la única manera de que los secuestrados vuelvan a sus familias.

28 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La excarcelación unilateral refuerza esta cruda realidad: los guerrilleros salen solos de las cárceles mientras los secuestrados, que llevan diez, ocho, cinco años sin sus familias, siguen con cadenas.

Sigo manteniendo dudas serias sobre la excarcelación de guerrilleros. No es bueno para la sociedad, ni para la paz, soltar así porque sí, sin contraprestación alguna, a decenas de delincuentes. No parece, según dicen las Farc, que esto contribuya a acercar la libertad de los secuestrados.

Sin embargo, tengo que reconocer que la liberación de Granda, a diferencia de la de los otros ciento y pico, sí me parece que ahora va abriendo un camino, hasta ahora inédito, en las relaciones Gobierno-Farc. Me explico.

El Comisionado de Paz reconoció hace pocos días por radio que el Gobierno, en cinco años, no ha tenido contacto personal, ni por correo electrónico, ni por radio, ni por nada, con las Farc para hablar de acuerdo humanitario. De otro lado, las Farc han expresado que Granda cumpliría el papel de verificador de un eventual despeje de Florida y Pradera. Esto es algo totalmente nuevo en los cinco años sin contacto ninguno del gobierno con esa guerrilla. Es algo nuevo que, si se da un paso adicional, podría ser positivo para el tema del acuerdo humanitario.

El Presidente ha dicho una y otra vez que no va a despejar ni un centímetro.

No obstante, el Gobierno aceptó de tiempo atrás la propuesta de Francia, España y Suiza de desmilitarizar parte de Florida y Pradera por tiempo limitado. Es conocida como la propuesta de Bolo Azul, por el nombre de la vereda. Además se mantuvo por más de dos años la desmilitarización de Ralito, que cumplió un propósito útil para el Gobierno al albergar los diálogos con las Auc y cuya área (368 kilómetros cuadrados) es similar a la zona de Pradera y Florida que piden las Farc.

Me pregunto, entonces: en vez de insistir en soltar gente unilateralmente, que nada aporta a una salida a este problema, ¿por qué no realiza el Gobierno unilateralmente lo que ha dicho que está dispuesto a hacer, es decir, desmilitarizar en los términos ya aceptados la zona de Florida y Pradera? Y una vez hecho este acto, ¿por qué no se dispone que Granda sea el canal para la verificación de parte del grupo armado? Ya hay una propuesta, que es la de Bolo Azul. ¿Por qué no ejecutarla? Ya hay un canal, que es Granda. ¿Por qué no usarlo? Eso tiene sentido ahora y no lo tenía antes.

Si hay controversias sobre la zona, pues ya está el señor Granda autorizado para poder tramitar diferencias. Así se pasaría de tener discusiones bizantinas a través de comunicados, a construir sobre algo real. Y si esto no funciona, pues se echa para atrás, se remilitariza la zona, como se hizo con Ralito, y no pasó nada. En todo caso, esos sesenta días costarían a la sociedad mucho menos que soltar guerrilleros gratis, que es irreversible.

Ah, y, en un foro organizado por Semana, con asistencia del ex presidente Samper y de los doctores Álvaro Leyva y Alfredo Rangel, José Obdulio aceptó esta idea públicamente.