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BUZÓN

26 de junio 2007 , 12:00 a.m.

MÁS ACCIONES En reciente editorial PORTAFOLIO recalcó el éxito en la colocación de acciones del grupo Aval y en los programas de democratización accionaria de algunas empresas estatales. Parece llegado el momento de la inversión en acciones. Pero...

Hace ya algunos años que hicimos en la Bolsa de Valores de Medellín un simposio para promover las sociedades anónimas abiertas y las acciones como excelente mecanismo para el desarrollo, con la participación masiva de la gente. En el evento participaron economistas de primera línea, como Hernando Gómez Otálora, Carlos Caballero Argáez, Roberto Junguito, Antonio Urdinola, Gabriel Poveda Ramos, Miguel Urrutia; juristas, como Enrique Low Murtra, Jesús Vallejo, Jorge Humberto Botero; empresarios, como Adolfo Carval, Darío Múnera Arango, entre otros. Muchos de ellos llegaron a ocupar después posiciones muy destacadas en el Gobierno Nacional, en la cátedra o en la actividad privada, y la institución de la sociedad anónima abierta empezó a figurar en normas jurídicas y en páginas económicas de la prensa. Carlos Caballero Argáez plasmó el termino ‘capitalismo popular’, y a él ha vuelto a referirse en algunas de sus luminosas columnas.

Pero, desde entonces, la nómina de las empresas inscritas en la Bolsa se ha reducido; la concentración accionaria es más aberrante; se opta por el endeudamiento más bien que por la emisión de acciones, para ‘no perder el control’, no obstante su costo superior al de los dividendos, y su valor es tan exiguo que no es atractivo para pequeños y medianos rentistas; el mercado de poco tamaño es fácilmente manipulable, en favor de los grandes intereses; no hay transparencia: ni la Bolsa de Valores ni los accionistas reciben la información necesaria para que puedan cumplir adecuadamente su misión; solo la Superintendencia Financiera puede escarbar más o menos profundamente en las cifras y prácticas internas, pero esta labor no trasciende al mercado; la Bolsa no recibe más que los balances, no suficientemente elocuentes; operaciones de fondo, como fusiones y absorciones, los planes de expansión o diversificación, los planes más trascendentales se conocen generalmente a posteriori, por noticias de prensa o por rumores, y ¿cuán- tas veces resultan en descalabros para los pequeños accionistas? Sin embargo, la etapa de apertura va a ser tremendamente exigente en la calidad y cuantía de los recursos que las empresas nuevas o actuales requerirán, en una situación de despiadada competencia. Muchas de ellas surgieron y prosperaron gracias a un sistema generosamente proteccionista, y con tecnología obsoleta, como los textiles, los transportes, la agricultura que requerirán enormes recursos para su actualización. Si decidieran hacerlo democráticamente, encontrarán una gran acogida para sus emisiones, siempre que se corrijan a tiempo las falencias del mercado.

¿Será mucho pedir a los expositores de aquel simposio mencionado, que se hagan oír nuevamente? Hernando Fernández Franco, ex presidente de la Bolsa de Valores de Medellín.