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Tras un año, la vida vuelve al Parque de los Nevados

Donde hubo fuego cenizas quedan, reza el dicho. Pero en las 2.400 hectáreas del Parque de los Nevados, arrasadas hace casi un año por un incendio, el refrán puede ser: donde hubo cenizas el verde renace. La recuperación ha sido rápida y los valles y laderas que rodean la Laguna del Otún, que quedaron convertidos en un inmenso tizón, ya recobraron su color natural.

26 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Lo mismo sucede en el cañón de Bagaseca, en el valle de La Alsacia, en laguna La Leona y, en general, en la cuenca alta del río Otún, en Risaralda.

Pese a su magnitud, el incendio no tocó tierras del parque en Caldas, Quindío y Tolima. Comprometió el 4,1 por ciento de sus 58.300 hectáreas.

“En un metro cuadrado están creciendo 15 frailejones de 10 centímetros cada uno”, cuenta emocionado Milton Arias, que lloró viendo como el fuego acababa con la tierra que cuida desde hace 12 años.

El incendio afectó los 5 primeros centímetros de capa biológica del suelo, 229 hectáreas de lagunas, 15 de roca, 1.730 de vegetación de páramo (pajonales, frailejonales y arbustales) y 375 de pantanos, turberas y humedales. Hoy, el ingreso a estas es restringido.

Jorge Lotero, jefe de programa del parque, explica que el suelo ya cicatrizó y el renacimiento de la vegetación de páramo ha facilitado la formación de una extensa cobertura verde.

Pero, aún les falta a unas especies vegetales y las animales, que fueron desplazadas –mamíferos y herbívoros–, no han regresado. “La recuperación total se dará cuando tengamos la vegetación original y se restablezcan la función del ecosistema. Esto puede demorar”, señala Lotero.

Para rescatar el parque se diseñó un plan a cinco años, con un costo de 3.200 millones de pesos que financiarán el Gobierno Nacional, la Embajada de Holanda y el proyecto Gef Andes.

Por una parte se resembrarán especies vegetales que no han rebrotado y con ese fin se construyó un vivero a 3.850 metros en la vereda Potosí, de Villamaría (Caldas). Ya hay 5.100 plántulas de Pino de Páramo, Sanalotodo y Romero Blanco, entre otras.

De allí saldrán los 30 mil árboles que serán sembrados desde septiembre, cuando empiece la segunda temporada de lluvias.

Además, se busca convertir a los campesinos que habitan dentro del parque en aliados, pues lo peor que puede pasar es que en el verano que se avecina haya un nuevo incendio.

La razón es que el anterior desastre, al parecer, lo produjo una quema para ampliar fronteras agrícolas. Ahora, ellos se comprometerán a no hacerlas en áreas protegidas, a cuidar el agua y a dar buen manejo a las basuras.

CENSO DE ANIMALES.

Entre las especie más afectada por el incendio están los conejos de páramo.

Estos pequeños mamíferos hacen madrigueras dentro de los pajonales y como estos apenas se están recuperando son muy pocos los que hoy se ven.

Se espera que el regreso de los conejos atraiga a otros pequeños mamíferos y felinos que están dentro de la cadena alimenticia de estos animales.

Con respecto a las aves acuáticas, que habitan las lagunas y humedales adyacentes, se están haciendo conteos y se están comparando con los datos existentes de estudios realizados por el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé).

A mediano plazo se estudiará el impacto del incendio en pequeñas poblaciones de mamíferos y aves. El objetivo es que estas especies encuentren un hábitat similar al que existía antes del fuego.