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Los honorables navegantes

Y luego querrán que los respetemos. Patalean y pelean como adolescentes inmaduros ante las cámaras, toman decisiones por puro capricho, los mueven más que nada sus intereses particulares, que no su conciencia ni la ideología de su bancada, y asisten a su trabajo a las horas y en los días que les provoca porque ellos son muy libres y muy suyos. Pero eso sí, tenemos que llamarlos honorables y pagarles salario de petroleros. ¡No j...!

24 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El martes, sus majestades los senadores y congresistas protagonizaron la última escena circense del finiquitado curso legislativo. La estrella estelar fue Carlos García, exótico presidente de ese conglomerado con ánimo de lucro que bautizaron como el partido de la U.

A la hora de conciliar decenas de leyes a pupitrazo limpio antes de sus merecidísimas vacaciones, algunos miembros de la formación uribista decidieron sacar su libretita de agravios personales y cobrarlos, según explicó de manera diáfana e instructiva en La W el señor García.

Adujo el estrambótico jefe de la U que habían tumbado la ley que garantiza a las parejas homosexuales las pensiones y otros beneficios sociales que tienen las conformadas por hombre y mujer, porque el senador Armando Benedetti ha sido remalo con los compañeritos de salón. Figúrense que los llamó retrógrados y luego pretende que sean buenos con él y apoyen su ley, afirmó molesto el señor García. Peor aún, es que ni siquiera es su ley, nos reveló subiendo el tono de su indignación, sino que el muy aventajado se la apropió y entonces ellos no pueden permitir tamaña desfachatez y votaron en contra de lo que antes habían votado a favor.

Tampoco le fueron bien las cosas a Benedetti –siguió García, escogiendo para la ocasión un tono displicente– porque carece de liderazgo, todo lo contrario a él, un aplicado senador que sí sacó adelante “sus” leyes porque él sí es muy líder, muy gerifalte.

Nos informó después que al senador Vargas Lleras lo suspendieron en varias asignaturas. No porque sus proyectos legislativos fuesen inconvenientes, sino que como está de pelea con los liberales por su doble salto mortal en la moción de censura al ministro Santos, pues terminó pagando. A ver si se va a creer el sobradito jefe de Cambio Radical que las volteadas son gratis, vino a decir el funesto personaje.

Es decir, los senadores y congresistas no votan las leyes por necesarias o convenientes, sino porque son las de los amigos que los consienten y los aclaman. Este año nos demostraron, además, que se saltan la ley de bancadas a cada rato alegando mentiras que nada tienen que ver con problemas de conciencia; que modifican los proyectos que llegan a sus manos hasta volverlos tan irreconocibles que resultan ineficaces, a fin de complacer a sus incontables aliados personales; que intentan colar micos descarados, y que son capaces de tumbar hasta 20 veces una ley como la que protege a los menores del cigarrillo, por razones tan peregrinas como que terminará perjudicando la industria tabacalera nacional, Polo Democrático dixit.

No significa que los 267 honorables sean igual de incompetentes e interesados y que no los haya honestos y preparados, o que debamos meter en el mismo bulto al desastre de la U con el resto de formaciones políticas, porque alguna que otra se salva, pero actitudes como la mantenida por el senador García y sus pupilos acaban llevándose por delante la escasa credibilidad del poder legislativo. Navegan en un océano lóbrego plagado de politiquería, mediocridad, voracidad e individualismo, que no han sabido sortear.

Tienen aún tres años por delante para demostrar que merecen los votos que les entregamos y el respeto que exigen sin hacer gran cosa por ganárselo.