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‘El marciano de los ovnis’

William sintió un zumbido en el oído izquierdo. Se sacudió fuerte la oreja con la mano, pero el ruido no desapareció. Era algo parecido al sonido de las abejas. De pronto escuchó una voz que le decía: –Te estamos esperando. Sal y asómate a la terraza.

24 de junio 2007 , 12:00 a.m.

William, de 13 años, detuvo la tarea de religión que estaba haciendo para el colegio y fue detrás de esa voz “metálica” que lo convocaba. Salió y los vio por primera vez: dice que vio a seres extraterrestres.

Más de treinta años después, William Chávez recuerda este episodio y reconoce que todavía lo inquieta. “Fue algo espectacular. Los tenía ahí, a solo 10 metros”. Hoy está entregado a Contacto Ovni, organización que se dedica a reunir información sobre vida fuera del planeta Tierra. “Desde niño supe que no estamos solos en el universo”, cuenta mientras le da inicio al décimo congreso de ufólogos en Bogotá, reunido para el ‘Día Mundial Ovni’ que se celebra hoy 24 de junio.

Acepta que aquella primera experiencia, en su casa del sector de Los Héroes, cambió su vida por completo. Y también le trajo inconvenientes. “Aunque mi familia los vio, no creyó en nada de eso. En el colegio, los padres lasallistas se quejaban de que yo hablara solo de ovnis, y los compañeros me trataban de loco”.

William debió acostumbrarse a que le dijeran (y aún le dicen) “el marciano” o “el loco de los ovnis”. Antes le molestaba, hoy pasa por encima de eso para cumplir la que considera que es su tarea: promover en Colombia información sobre los extraterrestres.

A partir de ese primer avistamiento (encuentros cercanos con “Ellos”, que van del primer al quinto tipo, comenta Chávez), siguieron otros y otros, hasta el punto que dice que se le ha vuelto cotidiano.

El encuentro del primer tipo se da cuando se ve un objeto, que puede incluso no ser extraterrestre –explica–. En el segundo se encuentran huellas de su presencia. En el tercero, ‘Ellos’ bajan de la nave. En el cuarto, el humano sube. En el quinto, se lo llevan.

William cuenta que ha llegado hasta encuentros del cuarto tipo. Recuerda su experiencia en la peña de Huaika, a pocos kilómetros de Tabio, en 1994. “No estaba solo –dice, al ver los ojos de escepticismo de sus interlocutores y reconocer que es una historia difícil de creer–. Éramos 15 personas y todas vimos lo mismo”. Esa vez una nave color naranja llegó y de ella bajó un ser. “Tenía botas, escafandra, pelo platinado y medía 2,30 metros. Levitaba a unos treinta centímetros del suelo. Se movía torpe, o así lo vi. Nos hablaba telepáticamente”.

–¿Y qué les dijo? –Primero que nos calmáramos. Imagínese: ¡tenerlo a un metro de distancia! Yo estaba en pánico. Me dijo que había intentado contactarme hacía mucho tiempo (tiempo nuestro; ellos se mueven en otro) Anunció la crisis económica que iba a vivir el país y dijo que el coloso del Norte iba a ver caer sus estatuas como naipes un 11 de septiembre.

¿Cómo así? ¿Anunciaron la caída de las Torres Gemelas? William siente la duda y se apresura: “Yo lo tengo todo por escrito. No lo muestro porque van a decir que es un invento, que es solo para hacer negocio”.

Chávez salta de un tema a otro. Repite que tiene pruebas, comenta del cambio climático, pasa a los perjuicios del TLC (anunciados por ‘Ellos’), nombra la medicina extraterrestre.

“Ellos han dado la cura para el cáncer, el sida, todas las enfermedades. Los gobiernos de los países poderosos lo saben, pero tienen esa información escondida”, asegura.

‘Hay infiltrados’ Sabe que muchos no creen en sus palabras. Pero “si no tuviera fundamento, ¿por qué las grandes potencias gastan millones de dólares en investigaciones?” –¿De dónde vienen los extraterrestres que ve? –De las Pléyades, de Orión,del Alfa Centauro (estrella), de la constelación del Can Mayor. Existen 183 formas, no es solo la humanoide. Y viajan en más de quinientos tipos de naves.

–¿A qué vienen? –Muchos a investigar, sin intervenir en la raza humana. Entran a los mares.

Tienen bases en Brasil, en Perú. Otros, a hacer copias genéticas de los humanos. Hay infiltrados.

A regañadientes, William cuenta que ha subido a una nave extraterrestre. “Es algo muy personal, porque eso cambió mis conceptos sobre Dios, la familia, la razón por la que estoy en la Tierra. Estar con ellos es la felicidad total. Uno no quisiera devolverse aquí, a sufrir, a pagar deudas, a enfermarse”.

En alguna ocasión pensó en dejar a un lado el tema y concentrarse en su trabajo en sistemas. Pero resultó que ‘Ellos’ le recordaron su compromiso.

“Dicen que no lo puedo abandonar.

Hasta me invitan a que haga tal evento y me dan las condiciones para hacerlo. No puedo contar más”.

No se considera “un elegido”. Es una persona del común, “con la diferencia que tengo bases para decir que ellos existen”. No está casado. No tiene hijos. En realidad no se le ve cómodo cuando le llegan preguntas sobre temas personales. Vive con su mamá y , con 45 años, su vida se centra en los ovnis. Su habitación está atiborrada de videos, revistas, afiches, fotos, libros sobre el tema y cuenta que a la terraza del edificio van a visitarlo con frecuencia. “Todos los han visto”.

De los últimos meses, William habla de avistamientos en Nobsa (Boyacá) y asegura que ‘Ellos’ tuvieron que ver con en el apagón que sufrió el país el pasado 24 de abril. “Ese día se vio un gran ovni en varias zonas”, dice.

Cuenta Chávez que Colombia está dentro de los intereses de estudio de los extraterrestres. Incluso sus naves han sobrevolado la Torre Colpatria, en Bogotá, y han aterrizado. “De eso hay videos”.

–¿Quisiera irse con ellos? –Sí. Y de hecho ellos me lo han planteado: ven a tal sitio y te llevamos.

Pero tengo algo que hacer por la Tierra. Enseñar que no estamos solos.

Creer o no creer. Esa también es la cuestión.

pauort@eltiempo.com.co.

"Los extraterrestres me han dicho que me vaya con ellos. Me citan en un sitio para recogerme. Pero me ha dado miedo”.

Chávez, de 45 años.

EL COMIENZO DE LA ‘ERA MODERNA OVNI’.

Hace sesenta años, el 24 de junio de 1947, empezó la llamada “era moderna del fenómeno ovni”. Ese día, el piloto civil estadounidense Kenneth Arnold sobrevolaba el cielo de Washington. Cuando su avión recorría el monte Rainier, contó que vio una serie de objetos que volaban a gran velocidad.

¿Qué eran? Pensó que podían tratarse de naves enemigas, pues pocos años habían pasado del final de la Segunda Guerra Mundial. Una mirada más atenta lo hizo caer en la cuenta de la extrañeza de los objetos: tenían forma de boomerang, sin alas; aunque eran nueve naves separadas, se veían como conectadas entre sí, y soltaban destellos. Arnold intentó seguirlos. Pero dijo que le fue imposible.

Al aterrizar comentó lo visto y de inmediato se convirtió en noticia.

“Volaban como platos que saltan sobre la superficie del agua”, explicó el piloto. Ese fue el germen de un término que ya es famoso en el mundo: platillos voladores.