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Adolescentes precoces, un coctel de químicos, obesidad y evolución

Vilma* tiene solo 6 años, pero en su uniforme de colegio ya se marcan dos pequeños senos que empezaron a crecerle en febrero. Lo peor no es que hayan venido aumentando de tamaño, sino que le duelen.

24 de junio 2007 , 12:00 a.m.

En marzo, su mamá notó que al incipiente busto se le había sumado vello púbico, y recurrió a un endocrinólogo. Lo primero que él vio fue que su paciente tenía la estatura de una niña de 9 años. Tras varios exámenes de laboratorio, le diagnosticó pubertad precoz de causa desconocida.

Nada sorprendente si se tiene en cuenta que solo 3 de cada 10 casos de pequeñas con desarrollo prematuro tienen explicación: un tumor, problemas neurológicos o retardo mental, generalmente. En las varones, en cambio, el origen del desarreglo puede identificarse en la mitad de los casos.

Para solucionar su problema, Vilma se someterá a un tratamiento de 4 ó 5 años, durante los cuales tomará fármacos que inhibirán sus hormonas femeninas.

Casos como este, que hace 15 ó 20 años ni siquiera se consultaban, hoy son cotidianos para muchos médicos. Uno de ellos es Mauricio Coll, pionero de la endocrinología pediátrica, que atiende entre 20 y 30 pacientes con pubertad precoz cada mes.

“Hablamos de precocidad cuando los caracteres sexuales secundarios (vellos, senos y genitales más grandes) aparecen antes de los 8 años en el caso de las niñas y de los 9 en el de los niños –aclara–. En ellas es más frecuente, no se sabe por qué”. Lo que sí se sabe, dice, es que la pubertad se ha venido adelantado, en parte por la alimentación.

“Además de las hormonas que les dan a algunos animales para el consumo humano, ciertos pesticidas con los que se fumigan vegetales comestibles contienen compuestos similares a los estrógenos (hormonas que hacen desarrollar los caracteres sexuales secundarios). Lo mismo pasa con objetos como las bolsas plásticas”, afirma Coll, cofundador de la Asociación Colombiana de Endocrinología Pediátrica.

Carlos Herrera, presidente de la Asociación de Veterinarios y Zootecnistas, reconoce que en su gremio hay una corriente que busca eliminar las hormonas de la actividad pecuaria, pues considera que causan efectos negativos en los seres humanos.

“Sin embargo –anota–, enfermedades como la de las ‘vacas locas’ y la gripe aviar han llevado a la industria a regular el uso de todos sus insumos y a implementar las ‘buenas prácticas ganaderas’, cuyo principal objetivo es que el producto final sea inocuo”.

En Profamilia también han detectado el fenómeno del adelanto en el desarrollo. “Estos casos no constituyen el grueso de nuestra consulta –advierte el ginecólogo Juan Carlos Ramírez–, pero sí se ve cierta tendencia”.

Según él, aunque está previsto que la edad en que comienza el desarrollo sexual se reduzca 6 meses cada 100 años, como consecuencia del proceso evolutivo, la tendencia es más notoria de lo esperado. La explicación, piensa Ramírez, podría estar en otro fenómeno actual: la obesidad.

“Ciertas hormonas, como los estrógenos y la progesterona, se metabolizan más rápido cuando hay más tejido adiposo. La presencia de grasa aumenta la posibilidad de estimular y desprender el endometrio, es decir, de menstruaciones tempranas”, explica.

En otras palabras, las largas jornadas frente al computador o la consola de juegos, unidas a la falta de ejercicio y al consumo voraz de carbohidratos y grasas, no solo estarían provocando sobrepeso, sino conduciendo a los pequeños a una pubertad precoz.

El genetista Emilio Yunis también reconoce que “el cuerpo está madurando en un tiempo menor de lo que veíamos antes”, pero le da más importancia a la evolución.

De acuerdo con su análisis, el continuo mejoramiento en todos los campos del saber y su impacto positivo sobre las condiciones de vida han hecho que los seres humanos puedan acercarse cada vez más a lo que dictan sus programas genéticos.

La vida se abre paso “Desde el punto de vista cultural, nos escandaliza que una niña de 11 años quede embarazada –dice–. Pero desde la perspectiva científica, lo cierto es que la evolución ha hecho y hará lo necesario para que la reproducción sea temprana. A los genes no ‘les importa’ lo que pase con la madre, que para ellos es apenas un vehículo de la vida; si el ambiente es favorable, harán lo que tienen que hacer en el menor tiempo posible”.

De hecho, las estadísticas refuerzan la tesis de que el mejoramiento de la calidad de vida modifica el cuerpo en el largo plazo. Por ejemplo, Adolfo Meisel, estudioso de la antropometría histórica, estableció que la estatura promedio de los colombianos aumentó entre 8 y 9 centímetros durante los últimos 95 años.

¿Eso quiere decir que la iniciación sexual cada vez más temprana, detectada por sondeos como la Encuesta de Demografía y Salud, hace parte de una tendencia evolutiva? “Con el desarrollo, el cuerpo sí empieza a buscar la manera de fecundar o de ser fecundado. Pero los estudios sobre el tema demuestran que el adelantamiento de la primera relación tiene que ver más con factores como la influencia de los medios y la presión de grupo”, responde Ramírez, el ginecólogo de Profamilia.

* LOS PADRES DE ESTA PACIENTE DEL DOCTOR COLL PREFIRIERON NO DAR SU NOMBRE REAL.

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‘‘Si no tenemos una estadística clara sobre el papiloma humano, que causa cáncer de cuello uterino, mucho menos va a haber cifras sobre la pubertad precoz, que no mata a nadie”.

Juan Carlos Ramírez, miembro del equipo de ginecólogos de Profamilia.

¿Y LOS BEBÉS GIGANTES?.

Otra faceta del ‘superdesarrollo’ es la de los bebés gigantes, como Salomé Jiménez, la niña de Manizales que nació con un peso de 4.790 gramos y 64 centímetros de longitud hace menos de tres semanas.

No obstante, los médicos son enfáticos en afirmar que, a diferencia de la pubertad precoz, estos casos no constituyen una tendencia. Si ahora son más notorios, dicen, no es porque haya una oleada de ‘superbebés’, sino por el despliegue que les dan los medios de comunicación.

Los factores que más se asocian con el nacimiento de neonatos macrosómicos, como los llaman los especialistas, son la diabetes y el sobrepeso de la madre, así como la elevada talla de uno o de ambos padres.

En el caso de Salomé, el papá es profesor de educación física y mide un metro con 80 centímetros, mientras que la madre, de 1,69 y con tendencia a la obesidad, subió demasiado de peso durante la gestación.

El récord de los bebés gigantes lo ostenta desde 1955 un nativo de Aversa (Italia), que figura en el Libro Guinness con 10,2 kilos de peso en el momento del nacimiento. CON REPORTERÍA DE FERNANDO UMAÑA