Archivo

Colombiana a ritmo de flamenco en España

Pasó del currulao al flamenco. De la salvaje velocidad de Bogotá a la paquidérmica lentitud andaluza, al sur de España. De tocar la batería con los brazos a golpear el suelo con las piernas.

23 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Y ahora por las venas de María Karolina Martínez González parece que corriera vino tinto español, como lo acaba de demostrar en la prueba de baile flamenco que superó y que le permite participar en la final del XIX Concurso de Arte Flamenco Ciudad de Ubrique. El 7 de julio se presentará, con las otras dos finalistas, luego de haberles ganado a otros 24 concursantes.

El año pasado estuvo en el mismo concurso. Llevó con las palmas el compás a José Manuel Ramos, ‘El Oruco’, que mereció el tercer lugar. No solo es bailaor; es, además, el esposo de esta bogotana, que ahora vive, late y respira flamenco, la esencia del arte español. Es Karolina ‘La Negra’, como se le conoce en el mundo del baile español.

Por una tendinitis Nació en Bogotá hace 30 años y de la mano de Rafael Barrera aprendió a bailar bambuco, cumbias, currulaos y pasillos.

Y es que la música ha marcado el compás de la vida de Karolina. Además de ser hija de Pedro Nel Martínez, (reconocido tiplero), estudió percusión en la Universidad Nacional y formó el Grupo Picao, con el que interpretaba canciones de flamenco. Ella se encargaba de la percusión.

Una tendinitis cambió el ritmo de su vida. Después de visitar médicos de todo tipo, se resignó a seguir sus instrucciones: dejar la percusión para mejorarse.

Entonces vio a Manuel Soler –figura fundamental del flamenco, que trabajó con Paco de Lucía– y pensó que podía seguir con la percusión, pero de otra manera: en lugar de producir sonidos con los brazos e instrumentos, era posible hacerlo con los pies contra el suelo.

Lo buscó en España y lo encontró en Sevilla. Su madre cumplía en aquel momento 25 años de docencia y recibió un reconocimiento económico, que se convirtió en la beca que le permitió a Karolina viajar a Andalucía.

“Soler decidió iniciarme en este arte sin complejos –dice la bailaora–. Hay gente grande y hay maestros; él reúne las dos condiciones”.

Al principio le costó trabajo por la diferencia de velocidades. Es la misma que percibe en la vida diaria: en Bogotá todo transcurre de una manera trepidante, mientras en Sevilla todo es más lento. “Aprendí a moverme a ese ritmo”, asegura Karolina.

Lo ha absorbido tanto, que la gente solo se da cuenta de que no es española cuando su acento la delata. Si se guía por la manera de bailar, pasaría como la más andaluza de las españolas.

“Con trabajo y esfuerzo se logra lo que uno quiere –dice la bailaora–. No tengo estigmas culturales y no creo que para bailar flamenco tengas que haber nacido en España”.

Amor gitano Al año siguiente de haber llegado a este país se celebraba la bienal de flamenco. Ella reemplazó a Soler en algunos ensayos de un montaje de época sobre los gitanos. Al final le dieron un papel propio. Así conoció a El Oruco, con quien tiene un niño que va a cumplir 4 años.

Al principio hubo problemas con su familia, porque a los gitanos les cuesta trabajo aceptar que un miembro de su raza se case con una paya (no gitana).

“Yo no solo era paya, sino ‘de por ahí’, como les dicen a los que no han nacido en el mismo sitio. Al final, con amor se supera todo”.

Ahora están bien y viven tranquilos. Ella incluso ha tomado clase con gente cercana a su esposo, personas de la talla de la Farruca y la Faraona, verdaderas maestras del flamenco.

De la mano de Karolina, su esposo ha conocido la música colombiana y, además, le gusta oír las interpretaciones de su suegro. Los otros gitanos también escuchan ritmos distintos al flamenco, pero ese es el único que viven de verdad.

Los padres de Karolina la apoyan totalmente. “No tienen prejuicios respecto a mi esposo. Ha sido un pilar fundamental para mi carrera artística y para el proyecto de vida que hemos emprendido juntos”, señala esta bogotana con alma de gitana. .

DE CONCURSO.

Karolina La Negra ha participado en espectáculos como Flamenco de raza, Diquela y Galvánicas.

Todos conservan un aroma a pescaíto frito y paella, lejano ya al del sancocho y el ajiaco.

Se alista para la final del Concurso de Arte Flamenco Ciudad de Ubrique, un evento que apoya desde 1989 a las nuevas generaciones que ponen un pie en este terreno y que ha visto a figuras como Niña Pastori, Domingo Ortega y Rafael Carmen.

Está en los primeros puestos de actos en torno al flamenco que se celebran en España. “Voy a hacer una seguidilla y las alegrías, que es como decir una cumbia y bullerengue.

Mi esposo me va a llevar el compás con las palmas, Jordi será el guitarrista y habrá dos cantaores: Jesús Flórez y el Tañé”.

Aunque aspira a llevarse el primer lugar, siente que ha ganado porque tiene la satisfacción de ser una colombiana apreciada en un género de pura cepa española. .

‘‘Los gitanos vieron que los payos (no gitanos) no somos malos. Yo, además, era ‘de por ahí’, como les dicen a los que no han nacido en el mismo sitio”.

María Karolina Martínez, bailaora de flamenco.