Archivo

Bogotá, de 2 estudiantes y 1 comerciante

Esta semana se conocieron los nombres de las 13 personas que relatarán historias de los ciudadanos del común, de esos que habitan Bogotá.

23 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Ellos fueron seleccionados por diez personajes de la cultura nacional (Felipe Aljure, Mauricio Miranda, Omar Rincón, Mario Mendoza, Gustavo Bolívar, Yolanda Reyes, José Navia, Marta Ruiz, María Elvira Molano, Carlos Alberto Casas, que los ayudarán a elaborar su relatos.

Unos y otros participan en el proyecto ‘La ciudad jamás contada’, de la Dirección de Responsabilidad Social de EL TIEMPO. Ómar Rincón, uno de los acompañantes, cuenta por qué eligió a dos estudiantes y una comerciante para guiar. Su texto está con dos historias de las 1.333 que participaron en la convocatoria.

‘Participo de los sentimientos’ Acompañar, según el diccionario, es “juntar o agregar algo”, “existir junto a otro” y “participar en los sentimientos de alguien”. Yo voy acompañar a Fraklin, Eucaris, Luisa y Luz Marina para que cuenten sus historias. Ellos cuentan y yo leo, mejor, ‘participo de sus sentimientos’, anota Rincón.

“Todos tenemos mucho que contar” afirma Franklin, estudiante universitario, que cree que la única salida del tedio es “contando historias, sumercé”.

Luisa, con tres años en Bogotá, cree que hay historias que sólo pasan aquí, porque esta ciudad tiene su carácter propio: se le ama o se le odia, en todo caso se le goza.

Luz Marina tiene 51 años pero conversa como si fuera un joven de los que van “guerriando la vida, parce”.

Eucaris cree que sin pasar la prueba del señor de Monserrate no se puede estar segura de que el amado es el indicado. De eso van mis historias.

‘Participo de los sentimientos’ de Fraklin, que quiere contar las aventuras del vivir en Bogotá, esas de coger buseta, marchar la calle, enamorar a la amiga, inventar una sonrisa para el tedio.

Soy el que lee a Eucaris, la que cree que el amor es posible en Bogotá sólo y si se sigue el melodrama que uno sueña.

‘Existo junto a’ Luisa que cada día tiene una historia nueva para contar, “que la vez que estaba desesperada y me fui de iglesia en iglesia buscando a Dios en Bogotá, que la vez que fui al psiquiatra pero se me olvidó la orden médica y pensaban que estaba loca, que la vez que mi mamá se enfermó y cogimos buseta y casi se nos muere…” Soy acompañante de Luz Marina, la que alguna vez vivió en un paraíso llamado Sierra Morena y ahora vive en Ciudad Bolívar; la que vive historias como la de Laura, la bella que no necesita ni tetas de silicona, ni lipo de bisturí para ser tan buena; o la del ‘Tunejo’, ese “parce que cosieron a puñaladas”.

¿Por qué cuatro? Porque creo que la ciudad es productora de historias mínimas, que vivir la ciudad es habitar el fragmento, que los relatos cortos son los que hacen que Bogotá se cuente en medio de la velocidad que la habita.

Porque a más historias, más ciudad, más encanto. ¿Y si yo contara una historia?, Bueno, esa sería la de mi amor por Carito… por ahora soy el que ‘participa de los sentimientos’ de esta ciudad que será contada y estoy alucinado con lo que la gente cuenta. .

Alberto Sierra Restrepo.

LA HISTORIA DE ‘LOS VIKINGOS POR LA PAZ’.

Deseo contar la historia de ‘los vikingos por la paz’, un grupo de hinchas del fútbol que hacia el segundo semestre del año 1999 tuvieron la idea de unirse en un grupo (hinchas de Millonarios y Santa Fe) para erradicar la violencia que azotaba al Estadio El Campín por aquella época, como una campaña educativa dirigida hacia las barras bravas. La campaña tuvo tal acogida que se reunieron en este grupo 320 personas de diversos sectores de la ciudad, diferentes edades y niveles de cultura...