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Así viven los nuevos ricos en Estados Unidos

Imagínese un país donde los ciudadanos más pobres son millonarios. Está lleno de aviones privados y de yates tan grandes que albergan canchas de básquetbol. Un lugar donde las casas en la playa, los relojes Rolex y el caviar se dan por sentados. Y donde independientemente de cuántas mansiones se tengan, sus habitantes se sienten inseguros desde el punto de vista financiero. Todos piensan que necesitan ser el doble de ricos.

22 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Bienvenidos a Richistan, el nombre del país virtual creado por Robert Frank y en donde ‘vive’ el 1 por ciento de los estadounidenses que controla más del 33 por ciento de la riqueza de todo el país.

Frank publicó el libro Richistan: A Journey Through the American Wealth Boom and the Lives of the New Rich (Richistan: Un viaje a través del auge de riqueza americana y de las vidas de los nuevos ricos).

Frank también escribe de este mundo en una columna sobre los ricos en el Wall Street Journal.

Explica que en Richistan se encuentra la gente que poseen una fortuna 10 millones de dólares o más, que pueden darse el lujo de forrar la tapa del retrete de su jet privado con piel cocodrilo, piscinas de agua salada flanqueadas por columnas egipcias y una pista de patinaje sobre hielo de 624 metros cuadrados (todo eso pertenece en realidad al gestor de fondos de cobertura Steven Cohen).

Los ‘richistaníes’ no son personas que han heredado son fortuna, sino que proceden de la clase media y hoy son mucho más ricos que los burgueses tradicionales.

“Tienen una personalidad dual, con valores de clase media y estilos de vida de clase alta”, explica Frank.

IDEAS DE NEGOCIOS Muchos se hicieron ricos con extraños productos, como Sydell Miller, quien administraba una peluquería con su marido, inventó los champús Matrix Essentials y vendió la fórmula al laboratorio Bristol-Myers Squibb por 1.000 millones de dólares.

Algo similar le pasó a Ed Bazinet, un tranquilo católico de la Minnesota rural, quien ganó un montón de dinero vendiendo pueblecitos de cerámica en miniatura y ahora ostenta una fortuna superior a los 100 millones de dólares.

Otro es el caso de Tim Blixseth, a quien Frank califica como “un empresario en serie”, pues ha ganado, perdido, y vuelto a ganar muchos millones. Hijo de un predicador pobre, Blixseth es un representante de los ricos adictos al trabajo, alguien que acumuló una gran fortuna en el negocio de la madera, se retiró a los 40 y después empezó a construir instalaciones de ocio para otros millonarios.

La filantropía también es común en los nuevos ricos, auque todos no la practican igual. Philip Berber, un judío irlandés que vendió el broker online CyBerCorp a Charles Schwab Corp. por más de 450 millones de dólares en el 2000, dona millones para combatir la pobreza en Etiopía, pero no le da el dinero a grupos internacionales de ayuda, pues le interesa cerciorarse de que la donación sea bien utilizada.

Claro que los ricos también tienen problemas, pues según los cálculos de Frank, la inflación en Richistan supera a la nacional porque los millonarios compiten en colegios privados, niñeras y obras de arte.

Así mismo, para los ricos las cosas más simples se hacen complicadas: un magnate inmobiliario y dueño de un rancho cuenta el día en que se necesitaron cinco personas para atrapar un ratón. Bloomberg