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Apía está a punto de hundirse

Las fisuras en las paredes de los colectores subterráneos de aguas negras y lluvias que atraviesan el municipio de Apía, en el noroccidente de Risaralda, tienen en riesgo inminente a 36 viviendas, el coliseo y la plaza de mercado. Los bomberos temen que se pueda presentar una tragedia.

21 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Debido a que ha cedido la estructura de 700 metros, construida hace 50 años, ya hay hundimientos en vías, como en la carrera 10 entre calles 7 y 8, la cual fue cerrada como medida de prevención según informó el secretario de Gobierno, Albeiro Martínez.

Por eso, cuando llueve, sin importar que sea medianoche o madrugada, los 17 bomberos de Apía corren a quitar palos y basuras de los sumideros.

Así buscan evitar que lleguen a los colectores construidos a lo largo del curso de las quebradas El Clavel y Santa Inés, las cuales fueron cubiertas con una loza y tierra con espesor entre 4 y 12 metros.

Encima de ese relleno se construyeron viviendas y edificios públicos. Debajo están los colectores, que tienen entre 0,8 y 1,5 metros de ancho y pueden ser recorridos por un hombre de pie.

El director de la Oficina Departamental de Prevención y Atención de Desastres, Juan Guillermo Ramírez, reconoce la gravedad del riesgo.

El comandante de bomberos, capitán Rubén Darío Restrepo, advierte que los colectores están cediendo en algunos puntos, con peligro para los 17.000 habitantes del municipio, construido en 1883 sobre una pendiente de 30 grados.

Fue lo que pasó recientemente entre la plaza de mercado y el centro de acopio. El andén se hundió y se reventó la columna de una pared de 10 metros de largo por tres de alto. Algo similar ocurre en el coliseo –en el que ya fueron prohibidos los eventos masivos–, el cual tiene averiadas sus columnas.

“Hace un año se hizo un recorrido y en las bóvedas que sostienen el relleno se detectaron fisuras de 13 centímetros a lo largo de 21 metros”, dice Elías Correa, quien lleva la mitad de sus 50 años auscultando las entrañas de los colectores.

Incluso, está fresco en la memoria de muchos que hace 10 años, en el descanso, estudiantes del colegio La Sagrada Familia, escucharon un ruido bajo sus pies y luego se hundió una parte de un patio lateral. Por fortuna los escolares ya se habían retirado.

El ingeniero José Vélez, de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder), dice que se requiere el levantamiento topográfico de los colectores, reubicar las 36 viviendas y reconstruir o adecuar los drenajes.

Se necesitan 5.000 millones de pesos, que aportarían el Municipio, el Departamento, la Nación y la Carder. “Hay que hacerlo”, enfatiza Vélez.

Mientras tanto, los bomberos siguen corriendo cuando llueve para evitar que se represe el agua y ocurra un ‘pequeño Armero’, en referencia a la tragedia de esa localidad del Tolima a la que arrasó una avalancha.

5.000.

millones de pesos cuesta la reubicación de viviendas y la readecuación de colectores. Los darían la Nación, el Municipio, el Departamento y la CAR local.