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Unos viajan, otros quedan

Se fue el Nobel García Márquez y dejó por el suelo el mito antipático que por años le montaron. Se portó como una reina de belleza. Asistió a 87 almuerzos y cenas en los 99 días de visita. Fue hasta Aracataca y con 80 años repartió abrazos y firmó autógrafos 6 horas a 40 grados de calor. Don Gabo posó para 4.787 fotos con amigos, lectores y colegas. Lo vi a 30 metros de distancia y me dejó la imagen de un abuelo feliz con las multitudes. No regaló su casa de Cartagena para el Museo Macondo que propuse, pero su amigo Salvatore Basile me dijo que se viene gran sorpresa. Se fue García Márquez y sus amigos lo lamentan.

20 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Se fue para Cuba el señor Granda y me alegro mucho porque estaba muy larga su visita. Lo vi dichoso insultando a Uribe, a su gobierno y a todos los que no le creyeron su cuento dizque humanitario cuando la realidad es que los secuestrados por las Farc están muriendo lentamente.

Somos un país tropical. Granda y monsieur Sarkozy fueron vedettes de nuestra televisión hasta opacar escándalos financieros por más de ochocientos mil millones ‘raponiados’ a ustedes los pagaimpuesto. Afirmo ésto porque EL TIEMPO, el domingo 10 de junio, nos dio un panorama doloroso sobre los asaltos económicos a Dragacol, Commsa, Foncolpuertos y otras empresas y, motivo Granda y Sarkozy, eso le resbaló al público.

Y sigue la ranchera del robo al dinero público. Lo de Cali, donde firmaron contratos multimillonarios mientras el saliente alcalde invidente se despedía, es tragicómico y da para burlarse de la Contraloría.

Lo del Acueducto de Bogotá es un raponazo vulgar con extravagantes jubilaciones. Allí algunos concejales se han tapado los ojitos para no ver, porque pierden la chanfa de sus protegidos. Tengo en mi escritorio un libro de 987 páginas, de lujo, titulado La historia del agua en Bogotá. Es un buen ejemplo del despilfarro que allí reina y que siempre han tapado las asesorías de imagen.

Saqueos en el Acueducto de Bogotá. Ayer corría la gente a pagar impuestos para que los concejales nunca pierdan su camioneta último modelo, su buen sueldo, sus asesores y gabelas. Ser concejal de Bogotá produce erotismo. Por eso el que fuera editor político de EL TIEMPO, Carlos Fernando Galán, decidió ser concejal capitalino, como su tío Antonio.

Si el joven Galán se toma el trabajo de investigar y hacer público lo tramposo del Acueducto, le doy mi voto. Si no lo hace, lo llamaré ‘precoz oportunista’.

Voy a mi peluquería, donde una amiga financiera me va a contar algo que quiero saber: ¿cuántos miles de millones ha costado la campaña de publicidad titulada ‘Bogotá sin indiferencia’? Ojalá me lo dijeran Samuel Moreno, María Emma Mejía o Enrique Peñalosa, que deberían saberlo.