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Lo que está en juego es la democracia

Se aproximan las elecciones de octubre para elegir alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. Como pocas veces, las elecciones locales serán escenario de una guerra de titanes. El tablero político ha estado movido y la lucha por defender y ampliar las estructuras de poder de cada partido será a muerte. Confiemos que no literalmente. Varias cosas están en juego.

19 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Si el Polo Democrático logra mantener la votación obtenida por Carlos Gaviria. Si el Partido Liberal sale del letargo. La capacidad de los candidatos independientes de sostenerse en un escenario cada vez más polarizado y la reacomodación que pueda darse en los feudos del uribismo dominados por la parapolítica.

Los tres flagelos criminales más amenazantes que tiene nuestra democracia utilizan métodos distintos. La guerrilla sabotea, la mafia financia y los paramilitares se toman el poder y cooptan las instituciones. Todos combinan las formas de lucha. En las zonas donde ha dominado la guerrilla tiende a haber mayor abstención y más número de acciones de terrorismo para sabotear las elecciones. Por cuenta del dinero de la mafia y el robo al erario público las elecciones se han vuelto una danza de millones y compra venta. Y en las zonas donde el paramilitarismo campea se reduce la competencia, se imponen candidaturas y se consolidan triunfos electorales que primero registran como atípicos y luego se van volviendo normales, porque ya no hay cómo ni con quién romper el cerco.

Las últimas elecciones locales fueron coronadas por el paramilitarismo. Así como en las elecciones del 2002 consolidaron su proyecto de expansión política nacional poniendo a sus amigos en el 35 por ciento de las curules del Congreso, en las locales del 2003 consolidaron las estructuras de poder local y regional que venían cosechando desde los 90. Mancuso, para citar solo un ejemplo, ha dejado saber que ponía casi la tercera parte de los alcaldes de Córdoba. Departamentos como César y Magdalena tuvieron en el 2003 candidatos únicos a la gobernación promovidos por el paramilitarismo.

Cientos de concejales y alcaldes fueron elegidos con su respaldo.

En las elecciones de octubre seguramente no habrá candidatos únicos. La estrategia ya está boleteada y no es necesaria. Llevan años ejerciendo el poder, manejando plata, subsidios, repartiendo puestos, se han reorganizado como bancadas partidistas, son parte de la coalición de Gobierno Nacional y reciben su respaldo. Ya tienen legitimidad. No hace falta tanta intimidación, basta con la chequera y la popularidad.

El efecto político de la acción judicial contra la ‘parapolítica’ se medirá, entre otras cosas, por los resultados de los partidos involucrados. Colombia Viva, por ejemplo, un partido que tiene a dos de los cuatro congresistas que eligió presos, tiene una bancada de 27 alcaldes y 444 concejales. Apertura Liberal, el partido del hijo de la ‘Gata’, que tiene a un congresista prófugo (Jorge Caballero) cuenta con 24 alcaldes y 416 concejales. Colombia Democrática, que tiene a otros dos congresistas presos, tiene 35 alcaldes y 396 concejales. El flamante partido de la U ya tiene a dos congresistas presos, está dividido y sin mando. Cómo se reacomodan las fichas de todos esos personajes, es lo que está por verse. Se sabe que desde las cárceles, tanto la Picota como Itagüí, se sigue mandando el tablero, se acuerdan candidatos, se definen alianzas y se buscan patrocinios.

El reacomodamiento está entre si se mantiene la tenaza parapolítica, se reencaucha en nuevas figuras o se producen unas realmente nuevas. Si impedimos que la guerrilla sabotee y deje ejercer libremente el voto, si la izquierda democrática no decae y el liberalismo logra consolidar nuevas figuras que remplacen el viejo cacicazgo y las malas alianzas y la fracción no parapolítica del uribismo crece electoralmente, el reacomodamiento habrá avanzado en sentido positivo. De lo contrario, lo que hemos vivido es poco comparado con lo que nos espera. Lo que está en juego es nuestra democracia, no unas alcaldías y gobernaciones.