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Maratón de ‘milagros’ en el parque Simón Bolívar

“El señor me sanó con su poder”, dice Tulia Rangel mientras con un pañuelo blanco seca las lágrimas que recorren su rostro surcado por los 84 años que lleva a cuestas.

18 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La mujer, madre de cinco hijos y abuela de 15 nietos, se levantó de la silla de ruedas en la que quedó postrada hace un año cuando, según ella, se “metió un porrazo” que le dejó la columna chueca y la rodilla derecha desportillada. Desde ese entonces no había podido poner sus pies en tierra.

Pero ayer sus piernas “se despertaron” y caminó, como cuando Jesús le pidió a Lázaro que se levantara. En esta ocasión fue el pastor Ricardo Rodríguez, precursor de la iglesia del Avivamiento en Colombia, quien condujo el aparente milagro de Tulia.

No solo el de ella. También el de dos mil de las cerca de 200 mil personas que se congregaron en el parque Simón Bolívar en el Congreso Mundial de Avivamiento, en la jornada denominada ‘servicio de milagros’.

Testimonios de cánceres que desaparecieron de súbito, de tumores en la cabeza y el estómago que ya no existen, de señoras que se deshicieron de la artritis que les tulló las manos y hasta curados de sida, hicieron parte de esta ‘maratón’ milagrosa.

Tulia Rangel se ubicó en el costado izquierdo del parque Simón Bolívar, zona donde otras 50 personas, también en sillas de ruedas, esperaban una bendición que les permitiera volver a caminar. Pero solo ella lo logró.

No se les hizo el milagro Eliun Moncada, de 41 años y Ángel María Zaraza, de 48, sintieron un cosquilleo en las piernas, pero no más. Los dos, que coincidencialmente perdieron la movilidad en sus cuerpos al recibir un disparo, no pierden la fe. Afirman que más adelante podrán decirle adiós a la odiosa silla de ruedas. “Todo sucederá en el tiempo de Dios”, comenta Eliun, quien trabaja en una empresa de seguridad.

La jornada arrancó a las 10 de la mañana de ayer. Dentro de los espectadores había fieles de todo el mundo. De acuerdo con la organización del certamen, 15 mil personas de 54 países –incluidos 7 mil pastores– vinieron a Bogotá a participar en el evento. Ayer asistieron 200 mil almas al parque Simón Bolívar, pero en los tres días fueron 600 mil.

A las 11 de la mañana, en el momento del Aleluya, en la multitud decenas de asistentes empezaron a desplomarse. “Era el momento de la santa unción, era la presencia de Dios”, comenta el pastor Ricardo Rodríguez.

Cuando los devotos se caían al piso, un ‘ejército’ de hombres –parte de las cinco mil personas que trabajaron en la organización del encuentro religioso– se encargaba de levantarlos y de juntarlos con el grupo de desmayados que poco a poco y en medio de aparentes convulsiones recobraban el conocimiento.

Varios de estos, unas tres docenas, subieron al escenario a testificar el milagro que, según ellos, habían recibido en sus vidas. Ya no estaban enfermos. En la misma tarima se derrumbaban como castillos de naipes, una vez más, cuando el pastor Rodríguez imponía su mano derecha en sus frentes.

Entre ellos estaba un brasileño llamado Vilela Da Costa, quien afirma haber sido sanado de una penosa enfermedad en sus riñones. También Diego Rojas, de 21 años y estudiante de medicina. El joven asegura que los dolores que le generaba un cáncer en el páncreas desaparecieron de sus entrañas y que está convencido de que su cura es un hecho.

Por su parte Lilia Garzón, de 69 años, cuenta que se libró de la artritis que padeció durante 11 años.

Hilda Camargo, estilista de profesión, sacó dos millones de pesos prestados y viajó desde Montelíbano (Córdoba) para sanarse de osteoporosis. Según la mujer, así sucedió. Además, el año pasado, en el congreso anterior, asevera que se curó de un cáncer de seno.

‘Manipulación de la emoción’ “Con estos eventos religiosos sucede lo mismo que en un concierto de Shakira o Michael Jackson. Es un comportamiento colectivo, una manipulación de la emoción”.

El testimonio es de Fabián Sanabria, antropólogo y doctor en sociología, quien dirige el Grupo de estudios de las subjetividades y creencias contemporáneas de la Universidad Nacional.

Para este especialista lo que sucedió con este certamen es la respuesta a la necesidad de fe muchas personas. “La emoción colectiva puede hacer que sucedan aparentes milagros”, agrega Sanabria.

400 millones de pesos fue la cantidad invertida en la organización. El dinero se recogió a través de ofrendas.

600 mil personas, en total, asistieron al encuentro que duró tres días. Venían de diversas regiones colombianas y de 54 países.

20 camiones cargados con equipos fueron necesarios para la logística y el montaje del Congreso de Avivamiento.

5.000 personas trabajaron en la organización. La mayoría fueron voluntarios de esta corriente religiosa.