Archivo

La ‘globalización’ de las Farc

Aun para los más radicales uribistas, es difícil no pensar que a Uribe le metieron gato por liebre en relación con la petición de Sarkozy de excarcelar a más de un centenar de guerrilleros, comenzando por el peligroso Rodrigo Granda.

17 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Al fin de cuentas el actual mandatario llegó dos veces al poder predicando –y en lo posible aplicando– la Política de Seguridad Democrática, que no es otra cosa que represión contra el delito común disfrazado de delito político.

Sin embargo, lo cierto es que en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos hay desconcierto con la liberación de tales guerrilleros, en especial la de Granda. Allí poco entienden y lo ven como un error estratégico, para no mencionar la inconformidad de los demócratas con eso y otras cosas.

Ello, por un lado. Por el otro, es evidente que semejante acto no resuelve el problema de fondo, que es el regreso a casa de los secuestrados. Todavía más: conociendo el talante de las Farc, posiblemente no respondan con ningún gesto; ni siquiera entregando al niñito de Clara Rojas, que tanto pide Salud Hernández que hagan cual signo elemental de gesto humanitario, y cuya gestación y nacimiento sirvieron para que el periodista Jorge Enrique Botero escribiera un polémico libro-novela. Además, no creo que ‘haiga’ –según diría ‘Tirofijo’– ningún acuerdo por debajo de la mesa entre las Farc y Francia.

En todo caso, no deja de sorprender que el Jefe del Estado haya sido tan benévolo –por no decir que generoso– con las caprichosas solicitudes del nuevo presidente francés. Estamos, pues, en labios de Sarkozy, que, pese a ser de derechas, no es propiamente un modelo de ortodoxia conservadora.

Labios que gusta mojar sin mayores reatos, como pudimos observarlo en algún recreo de la reunión del G-8, empujándose sus ‘lamparazos’ con Putin y otros jefes.

Lo que no puede discutirse es que, a propósito de la reunión de gobernantes de los ocho países más industrializados y poderosos del mundo, las Farc (o “la Far”; ¿o las Fart?) están en su salsa. Las han puesto en el centro de la escena política internacional, al nivel de los grandes problemas del planeta. No las comprometen porque ellas no hacen lo que les diga nadie, sino lo que a sus miembros les sale de sus santos cojones. Pero no es improbable que ‘Manuel Marulanda’ esté en el balcón de su finquita muerto de la risa, al saberse en boca de Sarkozy, Putin, Bush, la Merkel y compañía limitada. ¿Quién en Colombia había logrado semejante proeza? Mas si eso sucedió en la reunión de Heiligendamm con semejante portento de protagonistas, ni para qué hablar de lo que ocurre en Washington con el proceso contra ‘Sonia’ y ‘Simón Trinidad’. Sí: con fama –y no gratuita– de ser uno de los grupos más temibles del mundo, las Farc persisten en no hacer ningún gesto político de buena voluntad. Y muy raro sería pensar, así sea con el deseo, que van a devolver espontáneamente a Íngrid Betancourt, cuando ella constituye su máxima carta para mantener este duelo de titanes que se confunde con el chantaje.

Es desconcertante que Álvaro Uribe se la haya jugado tan de buenas a primeras –por no decir que osadamente– frente a un enemigo que le ha manifestado su odio en todos los tonos. Que considera, porque así ya lo han dicho los comunicados de las Farc, que el Presidente suelta guerrilleros como estrategia para neutralizar los efectos presentes y futuros de la ‘parapolítica’. Que cuando se les vuela un intendente como Pinchao, de inmediato capturan al comandante del municipio de la Florida, capitán Guillermo Javier Solórzano, para compensar esa pérdida.

Que quede claro: a lo único que aspiran las Farc, sin especificar tampoco cuál sería el resarcimiento para la Sociedad, es al despeje de Pradera y Florida. ¿Por qué? Porque es ahí, en el ámbito de tal espacio territorial entre Tolima y Valle, donde se encuentran las más grandes guacas y caletas repletas de armas y dólares. Que, aunque devaluados, ¡dólares son! ¿Y, mientras tanto, los demás qué?