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Los koguis siguen solos

En reciente edición de Lecturas Fin de Semana de EL TIEMPO se publica la réplica a mi crónica sobre los indígenas koguis o kággabas, enviada por Rogelio Miranda, líder de los arhuacos, y David Gil, líder wiwa, donde rechazan varias de mis afirmaciones.

17 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La primera es que digo que los koguis son los únicos descendientes de los taironas cuando, según ellos, las cuatro etnias que hoy viven en la Sierra Nevada descienden de ellos. Desconocen toda una etapa de cien años de investigaciones hechas por antropólogos, arqueólogos y académicos. Carlos Uribe, en la Etnografía de la Sierra Nevada, dice que “el término tairona fue usado por los españoles para denominar una “provincia indígena” entre los ríos Buriticá, Guachaca y Don Diego” y que “los arhuacos fueron considerados una tribu o nación diferente de la de los taironas”. La etnia arhuaca está ubicada, desde tiempos de la Conquista, en la parte sur de la Sierra Nevada, en las provincias de Atánquez y Pueblo Bello. La profesora Ana María Groot señala, en Los taironas, antiguos pobladores de la Sierra Nevada, que el investigador Reichel Dolmatoff, después de estudiar muchos elementos observables en los vestigios de los taironas, encuentra semejanzas (...) con los koguis, quienes son considerados sus descendientes”.

La segunda aseveración que hacen es que ignoro los sufrimientos de otros grupos indígenas. Tienen razón; la Sierra es muy grande y yo sólo mantengo contacto con los koguis que están en el Magdalena, Taminaka y Mamarongo, que son solo el 20 por ciento de los koguis.

El tercer punto que me critica el líder arhuaco es que yo desconozco el trabajo de la Organización Gonawindua Tayrona, creada hace 20 años por los mamos de las cuatro etnias. Pero resulta que en marzo del 2004, cuando grupos armados arremetieron contra los indígenas koguis de la cuenca del Palomino y ellos bajaron en desbandada, yo los envié a la Casa Indígena, para que recibieran su apoyo; estaban desolados, sucios, con sus pies sangrando, hambrientos, enfermos… asustados. Pero la respuesta fue tajante: “Ustedes no tienen que hacer nada aquí, váyanse a La Guajira, regresen a Taminaka”. A mi pequeña finca del río Don Diego, donde les di refugio a más de 60 indígenas por muchos meses, nunca llegó ningún Cabildo Gobernador ni líder de Gonawindua a ofrecer ayuda.

El gobernador Trino Luna, que visitó el refugio de los koguis, les prometió una tierra a orillas del Don Diego, donde no tuvieran que andar tres días de camino para llegar a ella: un asentamiento con viviendas, escuela y puesto de salud; el Incoder entregaría las tierras. Han pasado más de dos años y la promesa no se cumplió. En cambio, la Gobernación y el presidente Uribe acaban de entregar a los arhuacos el pueblo Gumaku, con una inversión de 1.300 millones de pesos; y la Gobernadora encargada, otras 115 hectáreas.

Los koguis de Palomino y Don Diego no se sienten representados en Gonawindua, empezando porque no hablan el mismo idioma. De manera que para que haya transparencia y claridad, nos permitimos sugerir que, para la adjudicación de tierras a estos grupos, se establezca una comisión formada por antropólogos, sociólogos expertos en esa zona, y de la Fundación Pro Sierra Nevada, que logren equidad en la entrega de esos terrenos que conservan los vestigios de una cultura maravillosa, como fueron los taironas.

La población arhuaca se ha duplicado en los últimos 50 años, mientras la kogui ha disminuido a la mitad. El resguardo arhuaco en el Cesar les quedó pequeño para su población. El resguardo indígena entre el Don Diego y el Palomino les quedó grande a los koguis. No nos parece mal que vengan los arhuacos. Lo que pretendemos es que el Gobierno no ponga a los ratones a repartir el queso.