Archivo

Nueva York, ejemplo de concertación

Los sistemas de transporte en las grandes ciudades pasan de héroes a villanos en un abrir y cerrar de ojos. Por ejemplo, en sus inicios TransMilenio se tomó como la panacea en movilidad, mientras que hoy ya no es así; en la actualidad se piensa más en un sistema 'multimodal' que reúna diferentes medios, como trenes, buses articulados y líneas de metro, que un único sistema basado en buses con motor Diesel.

16 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La ciudad de Nueva York, E.U., no es ajena a este fenómeno y les está sucediendo algo similar pero con los taxis, todo un ícono de la ciudad, que hace 100 años se convirtió en la solución ideal del transporte metropolitano, pero que un siglo después los 13 mil amarillos en Manhattan representan todo un caos para la movilidad y un peligro para la calidad del aire.

Por tal razón, en una serie de talleres organizados por la Design Trust for Public Space (la fundación para el diseño del espacio público), un grupo que tiene como objetivo mejorar el espacio público y privado de la ciudad, en conjunto con la institución educativa Parsons School of Design, se detectaron los problemas que generan los taxis y se propusieron soluciones.

Parte de la solución está en la diseñar un tipo de taxi completamente nuevo, que la fundación quiere tener listo para el día en que se celebra el centenario de los taxis de esa ciudad.

Para llegar a una decisión final, participan 60 entes diferentes, entre personas e instituciones.

Una iniciativa de este tipo contrasta con lo que se quiere hacer con el sistema TransMilenio por la carrera Séptima y por la Avenida Eldorado, moción en la que no se ha visto la participación ciudadana, del gobierno y de la empresa privada como conjunto, para decidir qué es importante para la ciudad y no cuáles son los compromisos políticos de quienes deciden sobre el particular.

Reinventar el taxi Hay que tener en cuenta que para esta decisión las autoridades en ningún momento propusieron abolir los taxis, pues respetan la tradición que han tenido y tampoco quieren dejar de lado un negocio que factura 1.400 millones de dólares al año.

Lo que más le interesa a la ciudadanía es que el taxi siga prestando un servicio personalizado, pero que contemple mejoras para los usuarios, como mayor confort, la posibilidad de que una persona con discapacidad física los pueda usar, funciones de conectividad, que tengan buena capacidad de carga y que reduzca las emisiones o no contamine, si es posible.

Quieren encontrar, en otras palabras, un taxi que sirva para todas las rutas y distancias, y para todos los perfiles de usuario.

Otra visión de quienes rigen los destinos de la movilidad en la ciudad es que los taxis hacen parte de un sistema y como sistema debe utilizar el espacio público; es por ello que es de vital importancia para la ciudadanía.

Además del diseño del vehículo se tiene que pensar en la forma en que los usuarios piden el servicio.

Para lograrlo, hay ideas de paraderos especiales para taxis, llamado especial e inmediato por celular, ordenamiento y administración del flujo de unidades disponibles y toda aquella medida que les dé el carácter de sistema organizado.

Los taxis de la ‘Gran manzana’ cumplen un siglo este año.

Para celebrar, se organizó un concurso para diseñar el taxi de .

Soluciones futuras.

El problema del tráfico no es exclusivo de nuestras ciudades.

En el mundo hay preocupación por la movilidad y las emisiones que se botan a la atmósfera y por tal razón hay proyectos muy interesantes en pleno desarrollo.

Por ejemplo, en Dubai están implementando un monorriel completamente automatizado, mientras que los londinenses disfrutarán dentro de poco de carros sobre rieles para cuatro personas que comenzarán a operar en el aeropuerto de Heathrow en el 2008.

Los californianos, por su parte, ya tienen rodando buses experimentales que funcionan con celdas de hidrógeno.

Los trenes de altísima velocidad son otra tendencia de los países.