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En busca del tiempo perdido

Por razones que no pregunté, fui invitado por la editorial La Carreta Social para comentar el libro Todo tiempo pasado fue peor, de Álvaro Delgado, que fue miembro activo del Partido Comunista hasta el comienzo de los 90 y perteneció al Comité Central de ese partido durante varios años, y ahora es un investigador del Cinep. Es una autobiografía en el formato de una entrevista, que le hace Juan Carlos Celis, otro investigador que adelanta estudios sobre las dimensiones territoriales de la acción sindical en Colombia.

15 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El libro es muy interesante, especialmente para quienes no han seguido de cerca las actividades del PC en nuestro país, y porque en la izquierda se desdeñan los testimonios y las experiencias personales. Debe ser lectura obligada para los analistas políticos y para quienes están interesados en entender a las Farc, sus relaciones con el PC y otros partidos, y la manera de pensar de quienes han participado en la protesta popular, todo lo cual es de suma importancia para el análisis de la coyuntura política y de seguridad actual, y de las posibilidades de la paz. Como Delgado estuvo en una situación privilegiada para observar cómo se gestó y se construyó entre el partido y la guerrilla la estrategia que se vino a conocer como de “todas las formas de lucha”, y cómo en el tiempo fue ganando preeminencia la guerrilla y se fue desvaneciendo la influencia del partido sobre las Farc.

Los primeros capítulos del libro describen la infancia y la juventud de Delgado en Popayán, y el desarrollo de su interés por la política que surge paralelo con el gusto por la literatura durante el bachillerato. En otros capítulos, Delgado hace una memoria a vuelo de pájaro y desde muy alto de cómo fue la vida de un miembro profesional del partido. El lector echa de menos conocer mejor las actividades de un organizador sindical y cómo operaba el poder dentro del partido. Esta omisión es particularmente notoria porque Delgado conoce los detalles de la regionalización del conflicto laboral, proceso que quizás contenga claves para comprender por qué Colombia ha sido el país donde ocurrieron más de la mitad de los asesinatos de líderes sindicales del mundo en años pasados, y para controlar estos crímenes.

Tal vez los mejores capítulos del libro son los políticos. Es original el juicio de Delgado sobre las oportunidades perdidas y la influencia que ha tenido la guerrilla como agente inhibidor o supresor de alternativas políticas interesantes que se le brindaron al Partido Comunista en las épocas doradas, cuando pudo intervenir en política, cuando pudo hacer alianzas y cuando tuvo contacto con la gente y buscó arraigo popular.

La lógica de la guerrilla le fue quitando posibilidades de desarrollo al partido. En sus primeros años, evitó que se pudiera hacer una labor política en zonas que simpatizaban con el comunismo, como Sumapaz y Riochiquito, donde el clamor de la gente y de sus líderes era que se preservara la paz y no fuera perturbada por la guerrilla. Tampoco se pudo preservar la labor política en el Magdalena Medio, por la intervención de la guerrilla. Esta y la guerra fueron adquiriendo cada vez mayor importancia y en el partido predominó el concepto que todavía orienta a la guerrilla de que lo importante es tomarse el poder y hacerlo por la fuerza. Las Farc no están sinceramente interesadas en la paz, o en treguas, negociaciones o acercamientos por motivos humanitarios que no sirvan para alcanzar este fin.

Esto es particularmente oportuno para el análisis de la situación actual.

En Colombia, ahora rehén de guerrilla y paramilitares, no se ha logrado crear una sociedad moderna y justa que no esté dominada por la violencia.

Historias de vida como esta pueden ayudar a entender a los adversarios y a encontrar soluciones.