Archivo

Alejandría, el gran tesoro de Egipto

Cuando estuve en Egipto solo quería ir a dos ciudades, El Cairo y Luxor. Nunca me pasó por la mente llegar hasta la ciudad que Cleopatra convirtió en centro de su reinado, pero finalmente lo hice y ahora ubico a Alejandría en la lista de localidades de visita obligada en el país de los faraones.

14 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Desde El Cairo, un cómodo tren transporta al visitante, en más o menos dos horas, a esta ciudad, fundada por Alejandro Magno.

Al llegar, lo primero que sorprende es la mezcla arquitectónica única que combina el más puro estilo egipcio con los toques romanos y griegos que, en épocas distintas, ejercieron sus influencias en el bajo Nilo.

Para disfrutar a plenitud de Alejandría solo se necesita algo que resulta, además, muy barato: ganas de caminar.

Hacerlo por el malecón que bordea la costa es una experiencia única. De un lado está la vista de ensueño del azulísimo mar Mediterráneo; al voltear la cabeza se ven sus calles antiguas, los miles de vendedores ambulantes, transeúntes apresurados, conductores atolondrados, el tranvía que atraviesa las avenidas y los locales donde la shisha (pipa egipcia) manda en todo momento.

Ya en la playa, uno de los aspectos más interesantes es ver cómo a la hora del rezo musulmán los hombres extienden sus mantas sobre la arena del mar y rinden culto a Alá. También resulta curioso observar que las mujeres se bañan prácticamente vestidas. Alejandría es mar, sol y relajación, con el toque conservador de estas latitudes.

Es infaltable la visita a la celebérrima Biblioteca de Alejandría, que convierte a esta ciudad árabe en capital mundial del saber.

Sinceramente, no importa que el turista no sea tan culto y sufra de alergia por los libros. Solo admirar su estructura es alucinante.

El nuevo edificio de la biblioteca está exactamente donde se ubicaba el anterior, que fue devorado por un incendio. La biblioteca actual constituye un espectáculo visual, con un lago artificial frente a su fachada y, al otro extremo, una gigantesca pared de granito gris donde hay talladas palabras en todos los idiomas.

Con su gran techo inclinado de vidrio, el edificio de la nueva Biblioteca de Alejandría visto desde el aire representa el sol de los jeroglíficos egipcios.

Al otro extremo del malecón está el fuerte Qaitbey, una obra usada en el pasado por los gobernantes para proteger a la ciudad. Para su construcción se utilizaron varios fragmentos del famoso faro de Alejandría, una de las 7 maravillas del mundo antiguo.

Precisamente, Qaitbey se erige en el mismo lugar donde estaba ubicado el faro, que fue destruido por varios terremotos. De hecho, la mayoría de los monumentos históricos de la ciudad desaparecieron, incluido el gran palacio de Cleopatra. Poco visitada por turistas foráneos, pero centro de vacaciones preferido de los locales, bien vale la pena conocer Alejandría. Es uno de esos rincones de Egipto que, sin pirámides ni grandes templos religiosos, tienen una magia envolvente que hay que vivir.

Para participar en Viajeros envíe su crónica, de unos 3.000 caracteres, a la Avenida El Dorado N° 59-70 (Bogotá) o a viajar@eltiempo.com.co. Adjunte una foto suya, de un mega de resolución, en alguno de los sitios que visitó.