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Cipayo

La palabra era de uso frecuente en los años 60 y 70. De cipayo salió cipayismo. Es posible que no se encuentre discurso político ni estudio sociopolítico de aquellas décadas que no use ambas palabras. Pertenecían al habla cotidiana. Todavía no existía la posibilidad de “pensar” chapoteando en la superficie. Te ahogabas o no te ahogabas.

14 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Volví a encontrar en Internet, y por casualidad, la dichosa palabreja. Supe entonces que venía del persa y quería decir soldado. Y que ese cipayo era un nativo de la India “reclutado como soldado al servicio del poder europeo.” Entonces supe que el “poder europeo” se extendía hasta los ejércitos coloniales de Francia y Portugal.

La palabra tiene muchas acepciones, pero la de uso corriente se refiere a los latinoamericanos que se “arrodillaban” ante el Imperio. Como en la época no había más que uno, se hablaba de quien se arrodillaba ante el imperio norteamericano. Cipayo y cipayismo se referían a la servidumbre de América Latina ante los norteamericanos.

Existen otras acepciones. Una se refiere a “un secuaz a sueldo”, pero es una deformación de la palabra usada en el siglo XVIII, cuando llegó a Europa con acento portugués. Sipaio incluía a los soldados indios que servían a Francia, Portugal y Gran Bretaña. Eso es lo que dice la página consultada en Internet. Y es lo que siguen diciendo otros sitios: cipayo es aquel que sirve a intereses distintos a los de su patria. Alexis Márquez Rodríguez, crítico literario latinoamericano, habla del “contenido semántico interesante” de la palabra. “La connotación peyorativa de la palabra, al parecer se empezó a usar en Cuba y Puerto Rico, cuando eran colonias españolas, y se empleaba para designar al criollo que se alistaba en el ejército colonial.” De vez en cuando se repiten situaciones que vuelven a darle vida a palabras como cipayo y cipayismo. “Cipayo es un vocablo muy vinculado históricamente con el colonialismo y el imperialismo”, repite Rodríguez Márquez. Y aunque preferiríamos taparnos los oídos para no escuchar estas reflexiones, nos dice que la palabra es sinónimo de mercenario.

Yo no sería tan radical. Hay cipayos que cobran (mercenarios) y cipayos que trabajan gratis. Que, cuando deberían exigir, prefieren suplicar. Mejor dicho, actúan como “soldados indios al servicio de una potencia europea”.

Actúan para servir a cualquier potencia. Ustedes lo saben: para los latinoamericanos, la única potencia que interesa a un cipayo es la potencia norteamericana.

Quiero recordar que las palabras en desuso –palabras como cipayo– cobran increíble vigencia gracias a la conducta de los gobernantes. Quiero decir que la palabra en cuestión vuelve a existir cada vez que un gobernante convierte la dignidad de la patria en una súplica de apátrida.