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Uribe II: ¿un grave error?

Y dijo el bachiller Sansón Carrasco: “Nunca segundas partes fueron buenas” (Don Quijote, II, Cap. IV).

13 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Pocos relatos tan patéticos como el de Edulfo Peña en EL TIEMPO del domingo acerca del último viaje del presidente Álvaro Uribe a Washington. Queda la sensación de que varios congresistas lo trataron con humillante soberbia, como quien regaña a un secretario, y que, por mor de insistente, el Jefe del Estado de Colombia adquirió (perdóneme, señor Presidente: lo digo con pesar de patria y solidaridad personal) visos lagarteriles en las oficinas del Capitolio. La imagen que ofrece la crónica no es la del hombre convencido e iluminado que llega solitario a conquistar un ambiente hostil con su coraje y la fuerza de sus argumentos, sino la del humillado representante de una república bananera a quien despachan con impaciencia en los pasillos. Los posteriores saraos con el condecorado Clinton no compensan las horas de rodilla doblada, así como la modestísima mención a Colombia en la cumbre del G-8 (un asterisco de pocas palabras entre 26 declaraciones de variada importancia) no justifica las venias ciegas al presidente francés.

¿Qué le está pasando a Uribe? ¿Quién lo aconseja? ¿Cuántos millones de pesos pagamos los colombianos a estos asesores gringos de imagen que permiten semejante irrespeto? A tan triste episodio hay que sumar otros muy inquietantes. La excarcelación de ‘Rodrigo Granda’ como cortesía al señor Sarkozy, en plena campaña electoral francesa, sin siquiera averiguar el porqué de la petición (“Preferí la confianza sobre la curiosidad” es la asombrosa explicación de Uribe); la liberación gratuita de cientos de guerrilleros; el silencio sobre los insólitos pinchazos telefónicos clandestinos; la intervención en una convención política; la sustitución de una excelente ministra de Cultura por una joven ingeniera de color para rendir homenaje a los congresistas gringos que luego lo regañaron; el nombramiento en la Cancillería de compatriotas sin la menor experiencia diplomática (van tres); los bandazos en la política contra las Farc; el paquete chileno del famoso 7 de junio… Unos pocos analistas piensan que detrás de todo esto hay jugadas geniales.

Pero los demás no logran verlas. Ni siquiera algunos que han sido irreductibles amigos del Gobierno. Temo que estamos en presencia del síndrome descrito en El Quijote por Sansón Carrasco. Es algo que estudia la ciencia política. Gobernantes que disfrutaron de una exitosa administración inicial y se lanzan a la segunda montados solo en la inercia de la primera, acaban sumidos en un pantano de desvaríos, contradicciones, corrupción y desprestigio. Así pasó con Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Fujimori en el Perú, Menem en Argentina… Este mal suele agudizarse cuando el reelegido, al carecer de un programa renovado, improvisa al vaivén de los acontecimientos. Por eso nuestro Gobierno se aferra al adefesio del TLC con patológico empecinamiento: es lo único que tiene claro para su segundo cuatrienio. Hace apenas 11 meses empezó Uribe II. Faltan tres cuartas partes del mandato. Si el Presidente no se sosiega y busca consejeros mejores y rumbos nuevos, podrían ser tres años infernales. Y hay quien afirma que, en su recóndita intimidad, aún alberga la esperanza de un Uribe III.

ESQUIRLAS. El artículo 91 del Decreto Ley 274 de 2000, regulador del servicio exterior, dice que el funcionario que se retire del cargo por voluntad propia antes de un año de ejercicio no tendrá derecho a pasajes de retorno, viáticos, prima de instalación ni transporte de menaje doméstico.

Devolver la plata es lo menos que debe exigírsele al fugaz embajador Carlos Moreno de Caro: que se burle de los surafricanos, pero que no se burle de nosotros.

cambalache@mail.ddnet.es