Archivo

Más que nervios, humo y propaganda

Algunos creerán que la salutación que el Presidente les dio a los candidatos de Cambio Radical fue una torpeza causada por el fracaso del viaje a USA. Ya los gringos le habían dicho que estaban aburridos con las visitas de Uribe. Había recibido el mensaje claro de no volver por el TLC hasta tanto no se preocupara por los derechos humanos, los sindicalistas y las condiciones laborales. Pero se fue guiado por sus dichos: “Al que no quiere caldo...”, y ya les anunció otra taza para julio.

13 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Aunque el poder implica paranoia, Uribe sabe lo que hace. Antes de partir dio muestras de ser un estratega que va más allá de las cortinas de humo.

Liberar a Granda y a más de 100 presos, entre guerrilleros, desertores y camuflados, le ha dado el inocuo apoyo del G-8, bajo el liderazgo de Sarkozy, quien cree que las Farc atienden razones humanitarias. Uribe sabe que no. Sabía que la respuesta que iba a recibir, y que en efecto recibe, solo refuerza su lógica guerrera y le da carta blanca para seguir con su estrategia de sangre y fuego.

Tampoco metió la pata cuando, para cumplir con sus aliados, lanzó la intempestiva y temeraria propaganda en favor de algunos candidatos, mientras el avión cruzaba las fronteras de la Patria. Algunos quedamos atónitos con el gesto que confirma que el Presidente ve la Constitución como un sartal de artículos escritos con tinta deleble en un papel apolillado. Los menos osados de sus amigos corrieron asustados a los micrófonos para decir que no había intervención en política. El Ministro del Interior, en cambio, como despertando de un sueño, nos explicó que ya era hora de que el país fuera cambiando sus costumbres políticas.

Todo indica que esto no es solo un gesto mediático dirigido a la galería que tan ciegamente lo sigue. Este abuso de la posición presidencial hace parte de la estrategia pensada y planeada por el uribismo de estos días. Los apoyos del Presidente a los candidatos a alcaldes y gobernadores obedecen a la necesidad de retomar el control de ciudades y provincias en las que no lo tiene, y a asegurar el predominio en donde está a punto de perderlo.

El proceso contra la ‘parapolítica’ tiene el efecto demoledor, e inesperado para el Gobierno, de debilitar el control local, volviéndolo presa de grupos menos afectos. El margen de control político de la provincia se reduce con los jefes en la cárcel. No es lo mismo circular libremente por los campos, con la protección y complicidad de quienes sabemos, que dar las órdenes por medio de un celular. Una parte ha quedado libre de los procesos y sigue matando e imponiendo la matonería. Las ‘Águilas negras’, o como se llamen, han empezado a asesinar a candidatos que se les oponen o que se resisten al abuso de los asesinos. Pero esto no cubre el mismo territorio previo a la parafernalia de la paz simulada por los ‘paras’. El proceso es contradictorio; nadie sabe a quién servirán estas reconversiones paramilitares ni el costo internacional que puedan tener.

Tampoco, en época de elecciones, serán suficientes los favores que el Gobierno ha dado a los que tan bien le han servido. Los estómagos de políticos crecen a medida que están más llenos. Habrá que seguirles dando.

No es irreflexión ni puro humo ni falta de goticas. El Presidente, recursivo e imaginativo para la comunicación, dueño de la sorpresa que produce el conejo cuando sale del sombrero de copa, sabe que no necesita decir: “Vote por fulano”. Eso sería muy evidente, muy torpe y podría tener un efecto bumerán. Para violar la Constitución no se necesita el lenguaje directo.

Basta un simple y simbólico abrazo a los candidatos.

Hemos entrado en la batalla sin cuartel en la que la oposición y el Gobierno pelean, palmo a palmo, el poder territorial. De quién lo gane dependerá el futuro de Colombia: una re-re-elección presidencial o el cambio necesario.